El sacacorchos

La Gran Hermandad

Por Jon Mujika - Viernes, 28 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:03h

Columnista Jon Mujika

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UNO lo escribe así, La Gran Hermandad, con mayúsculas, y da la sensación de que habla de un conciliábulo, una de esas reuniones que se organizan en lugares recónditos para tratar asuntos que se quieren mantener ocultos o para urdir conspiraciones, qué se yo. O asuntos más inverosímiles aún. La Hermandad de la Daga Negra, por ejemplo, es una saga literaria de fantasía y erotismo. La Hermandad de los Asesinos, por ejemplo, fue una orden secreta de criminales liderados por un misterioso Viejo de la Montaña, formada en el siglo XI, E incluso cuenta la leyenda que tres hermanos castellanos -Osso, Mastrosso y Carcagnosso- llegaron a las costas italianas, huyendo de la justicia de Toledo que les acusaba de asesinato. Pertenecían a la misteriosa Hermandad de la Garduña y ellos fueron el embrión de la mafia. El relato cuenta que Osso, el mayor de los tres hermanos, permaneció en Sicilia y dio origen a la Cosa Nostra. Mastrosso atravesó el estrecho de Messina y se estableció en Calabria, donde surgió la Ndrangheta, mientras que Carcagnosso, el más ambicioso de los tres, consiguió llegar a Nápoles, para fundar la Camorra.

No quisiera, válgame Dios, incitar a las comparaciones. El nombre viene a mi cabeza al leer cómo cuatro de los grandes templos de esta tierra, los museos Guggenheim y de Bellas Artes de Bilbao, el palacio Euskalduna y el BEC trabajan en una alianza inédita hasta ahora. Les ha llamado a la unión el diputado general, Unai Rementeria, para crear algo así como la Fuerza Unida de Bizkaia, un cuerpo de élite que contribuya al progreso, a la generación de oportunidades (que tantas veces coincide con la generación de riquezas...), a la prosperidad de una tierra que, en cierto modo, está en sus brazos.

Ese estrechar lazos no tiene nada de arcano ni de misterioso ni sospechoso. Dirán, los amantes de las conspiraciones, que sobre el papel son dos parejas en dura competencia los que se alían: dos museo y otros tantos centros de congresos y negocios. No cabe duda alguna. El aire fresco que han traído Andoni Aldekoa y Miguel Zugaza y los buenos números que han puesto sobre la mesa Juan Ignacio Vidarte y Xabier Basañez pueden funcionar como uno de esos cócteles que nacen por casualidad y acaban convirtiéndose, qué se yo, en el inmortal Dry Martini.

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