inédita investigación

La odisea del canal de Axkorrigan

En el año 1945, una cuadrilla de trabajadores comenzó a construir una central hidroeléctrica en Itzina. El ugaotarra Iñaki Garcia Uribe avanza para DEIA su inédita investigación sobre un proyecto que nunca llegó a funcionar

Un reportaje de Susana Martín - Lunes, 18 de Julio de 2016 - Actualizado a las 06:03h

Los operarios tuvieron que subir en 1948 un camión por piezas y ensamblarlo arriba .

Los operarios tuvieron que subir en 1948 un camión por piezas y ensamblarlo arriba . (Foto: J. Pradera Petrement)

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Los operarios tuvieron que subir en 1948 un camión por piezas y ensamblarlo arriba .Los trabajadores andaluces y aragoneses vivían durante meses aislados en Usabel para ejecutar unas durísimas obras.García Uribe señala la zona donde comienza el canal que se construyó bajo las Atxas de Itzina.

Con solo 18 años, Javi García Rodrigo -cronista de Ugao ya fallecido- se subía todos los sábados por la mañana en su motocicleta, una Lambretta 150, para dirigirse al barrio de Usabel, en la cercana localidad de Orozko. Una vez allí, repartía en mano los sobres con el jornal semanal a un grupo de hombres que, al igual que él, trabajaban para la empresa Pradera Hermanos S.A. Era la cuadrilla de operarios encargados de sacar adelante una ambiciosa obra iniciada en 1945 en la pared del emblemático macizo de Itzina que mira a Urigoiti y que la factoría denominó: “Proyecto de aprovechamiento hidroeléctrico de la cuenca superior del río Ibarra. Arroyos: Aldabide, Sinsieta, Txarritxabaleta, Ubidesasi, Errekagatxo, Pagaluce, Maspilora”.

El objetivo de la actuación era suministrar y autoabastecer de energía las instalaciones que la empresa tenía en Ugao y, para ello, diseñó una compleja obra que, en líneas generales, contemplaba la construcción de una presa, un canal de distribución del agua de unos 9 kilómetros de trazado y una central hidroeléctrica en el barrio de Usabel. Pero nunca llegó a funcionar aunque, más de medio siglo después, aún son visibles los restos de parte de la infraestructura en este bello ámbito del Parque Natural de Gorbeia.

Investigación personalEl ugaotarra afincado en Orozko, Iñaki García Uribe, se ha decidido ahora a dar a conocer y rescatar del olvido la parte más humana del proyecto, la que cuenta la vida, el día a día y las duras condiciones de trabajo de una cuadrilla de hombres formada por los ugaotarras Feliciano Ginea -encargado general- y Koldo del Arco Santa María y otros 10 andaluces y aragoneses. Fueron ellos los elegidos y contratados para ejecutar “unas labores muy arriesgadas y para las que tenían que pasar los meses de verano prácticamente aislados en Itzina”, precisa.

Su interés por el tema surgió desde bien pequeño mientras escuchaba encandilado en boca de su aita, Javi García Rodrigo, numerosos relatos relacionados con Gorbeia, entre ellos algunos centrados en esta ambiciosa infraestructura cuya evolución llegó a conocer de cerca durante su etapa como empleado en las oficinas de Pradera Hermanos.

Las historias que oyó en torno a la obra quedaron tan grabadas en su memoria que, hace quince años, se animó a empezar a tirar del hilo investigador y su primer paso fue contactar con José Pradera Petrement, director de la empresa ugaotarra durante la época en la que se fraguó el proyecto. “Estaba ya muy mayor y vivía en Zaragoza pero logré quedar un día con él en Ugao para preguntarle por el canal de Axkorrigan, como así le bauticé cuando en 1997 edité mi primer mapa sobre el macizo de Itzina”, explica.

El encuentro fue tan fructífero que García Uribe llegó a desplazarse al domicilio zaragozano de su interlocutor para ver in situ diversa y muy interesante documentación inédita. “Me enseñó un álbum con unas 50 fotos de la obra, el proyecto técnico con el presupuesto y el estudio geológico. Dejó que me trajera todo a Ugao donde lo fotocopié antes de devolvérselo por mensajería, pero lo acabé guardando”, reconoce.

Sin embargo, hace unas pocas semanas Iñaki retomó su personal investigación sobre el proyecto a raíz de su relación a través de las redes sociales con “un bloguero de Orozko que es montañero y a quién no conozco personalmente pero que me pidió que le escribiera algo sobre el canal de Axkorrigan”. Fue la chispa “que volvió a encender mi inquietud de indagar”, afirma.

la desconocida parte humana Con la documentación técnica que ya estaba en su poder, tuvo la suerte de poder unir el testimonio directo de uno de los dos empleados ugaotarras que estuvieron vinculados con el proyecto: Koldo Del Arco Santa María. “Tiene ya 84 años pero aún mantiene una memoria prodigiosa. Él llama a la obra el salto del agua. Estuvo allí destinado de 1952 a 1957 y residía, de lunes a sábado, junto a Feliciano Ginea en una posada en el bonito barrio de Aresketa en Orozko”.

En cuanto a los 10 operarios andaluces y aragoneses, García Uribe afirma que “vivían aislados del mundo en Usabel porque con el jornal que ganaban con su trabajo en verano mantenían a sus familias y si bajaban a Ibarra, donde por entonces había 5 bares, corrían el riesgo de gastarse todo el dinero”.

Las dificultades y gran dureza de las tareas que tenían que desempeñar en las faldas de Itzina queda constatada con singulares datos que Iñaki avanza para DEIA. “Llegaron a subir hasta allí una camioneta en trozos que, una vez arriba, ensamblaron. Por un camino muy estrecho y aéreo, transportaban con el vehículo los materiales que necesitaban según la obra iba avanzando”.

Y aunque parezca increíble, también llegaron a lanzar un cable aéreo para unir Usabel con la pared de Itzina. “Era un teleférico en toda regla que dejaría atónitos a los pocos montañeros que entonces ascendían a Austigarbin, Ipergorta, Igiriñao o Gorbeiagana. El ingenio tenía una bolsa, como una mesa con dos ruedas en cada pata, y funcionaba con motor de gasolina. Se montaban sin ningún tipo de seguridad, cogiendo una altura importante, para realizar quince minutos de viaje hasta tocar la pared de Itzina desde Usabel. Una aventura de riesgo pero, por suerte, nunca pasó nada”.

Tanto esfuerzo fue, al final, en balde ya que la central hidroeléctrica nunca llegó a entrar en funcionamiento. De hecho, en 1957, Hermanos Pradera vendió la infraestructura a la empresa Mendizabal, de Durango, que ya tenía otro embalse en la parte opuesta de Gorbeia y querían empalmarlos. “Parece ser que el Gobierno español puso unas condiciones exageradas en los permisos y ahí acabó la historia del canal”.

Pero Iñaki García Uribe aún atesora más información sobre la parte más desconocida del proyecto centrada “en los hombres que allí estuvieron destinados, cómo vivían, que hacían durante las 24 horas del día, cómo se relacionaban...”, acompañada de “material fotográfico inédito”. Poco a poco lo irá desgranando, desvelando y publicando a través de su Facebook “porque me parece importante que se conozca la parte humana de esta historia”.

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