Eskuinaldea

La generosidad de Nerea no se apaga

Familiares y amigos de la getxotarra fallecida en Senegal en 2015 siguen con su proyecto en el país

Un reportaje de Marta Hernández - Lunes, 11 de Julio de 2016 - Actualizado a las 06:02h

Sobre estas líneas, muchas de las personas que están implicadas en la construcción del centro.

Sobre estas líneas, muchas de las personas que están implicadas en la construcción del centro.

Galería Noticia

Sobre estas líneas, muchas de las personas que están implicadas en la construcción del centro.

EN octubre, cuando estábamos todos reunidos en Bilbao, hicimos un pacto: llevar a cabo el proyecto que Mamadou y mi hermana dibujaron”. Así empieza el segundo capítulo de esta crónica de corazones bondadosos. Habla Ainhoa Pérez-Arrospide, hermana de Nerea, la getxotarra que el 12 de septiembre de 2015 murió en un accidente de moto en Senegal con tan solo 29 años. Esa fue la terrible conclusión del primer episodio de este relato que no es novelado, que es tan real como cruel fue esa despiadada jugada del destino. Pero esta historia, la de la vida de Nerea, tenía un fondo tan hermoso que no podía acabar así. “Tu sonrisa y voluntad nos darán fuerzas para continuar con tus sueños”, rezaba en la esquela de la joven arquitecta. Por eso, aún con el alma hecha trizas, en octubre, sus familiares y amigos sellaron ese pacto: ellos seguirían con el sueño de Nerea y de su amigo Mamadou en Gandiol, Senegal: construir un centro polivalente, algo que fuera más allá de una escuela.

“Cuando llegué a Gandiol sentí de alguna manera que ya conocía el pueblo y a su gente. Es extraño llegar a un lugar donde, sin haber estado antes, hay gente que te reconoce y que te abraza con cariño. Todo ello porque mi hermana dejó aquí a muchísima gente que la quería y la sigue queriendo. Así que llegué y ya tenía una familia y un hogar”, cuenta Ainhoa a este periódico a través de una conexión que, más o menos, le permite acceder a Internet.

Nerea se licenció en Arquitectura y realizó un máster en la rama sostenible de esta carrera con el firme objetivo de poder construir casas y ciudades más dignas para todos, sea cual fuere el lugar del mundo en el que el azar dictaminase nacer. En 2014, Nerea aterrizó en San Luis, a unos 20 kilómetros de Gandiol, para trabajar con la empresa vasca Incoa y comenzar a plasmar en tierra sus oníricos diseños. Un día que amaneció como otro cualquiera, pero que terminaría siendo un punto de inflexión en esta narración biográfica, su amiga Laura y ella conocieron a Mamadou.

Mamadou es de esos senegaleses de valentía suprema. En 2006 recorrió más de 1.700 kilómetros en cayuco casi sin comida, ni agua, ni gasolina... Solo con esperanza y pundonor. Lo pasó mal, muy mal. Fueron ocho días interminables hasta tocar tierra. En La Gomera. Allí, una voluntaria de la Cruz Roja le ofreció una botella de agua y fue así como Mamadou decidió hacerse voluntario. Tras ocho años en España, Mamadou vio que El Dorado era un desierto y, defraudado, regresó a su casa.

La vocación generosa de Nerea y Mamadou hizo que conectaran de inmediato. Juntos decidieron hacer algo grande por los demás, como no podía ser de otra forma, y juntos planificaron un centro multiusos para la educación no formal de los jóvenes de Gandiol y para que fuera un espacio de encuentro que fomentase la participación comunitaria. Nerea diseñó una biblioteca y sus aulas polivalentes.

Un giro atrozPero el fatídico 12 de septiembre del año pasado, la vida de Nerea se apagó injustamente tras un accidente de moto. Un golpe brutal para todos. Ainhoa trabajaba en Bruselas y voló a casa, a Getxo, en cuanto pudo. Fueron momentos de brutal melancolía y dolor de los que brotó un rayito de luz: hacerse cargo del proyecto de Nerea en Senegal. “Cuando decidimos hacer el pacto, no me lo pensé dos veces. Estaba claro que teníamos que hacerlo, mejor dicho, queríamos hacerlo. Así que poco a poco el proyecto fue tomando forma”, comenta Ainhoa, que dejó su vida de Bélgica para hacer realidad el sueño africano de su hermana. “Gracias a ello, he encontrado una razón para seguir caminando… En un momento en el que estaba muy perdida, me dio un motivo para continuar”, admite la getxotarra.

Thaisa, Anita, Roberto, Doudou, Paco, Natxo, Lorena... también están involucrados en la construcción del centro. Y por supuesto, Mamadou. “Es un soñador y una persona muy positiva. No le da muchas vueltas a las cosas y actúa. Aquí, ahora que convivimos todos en terreno, es una de las piezas clave, es el punto de encuentro entre nuestra visión toubab y la realidad senegalesa.

Es el engranaje”, sostiene Ainhoa. También, sus padres están implicados en esta aventura admirable. “Al principio les costó un poco hacerse a la idea de que yo iría a Senegal, pero enseguida me dieron todo su apoyo, pensando antes en mí y en mi hermana que en ellos, como siempre han hecho. Gracias a ellos he venido aquí con más fuerza”, subraya Ainhoa.

Así que en breve, el centro Sunu Xarit Aminata (nuestra amiga Nerea) empezará a crecer. La construcción de dos de los cuatro módulos estará lista para septiembre y la previsión es que para el próximo verano, el local pueda abrir sus puertas. El legado de Nerea, recogido de manera magistral por sus seres queridos, no será nunca olvidado.

COMENTARIOS:Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Deia se reserva el derecho a eliminarlos.

Más sobre Eskuinaldea

ir a Eskuinaldea »

Últimas Noticias Multimedia

  • ©Editorial Iparraguirre, S.A.
  • Camino de Capuchinos, 6, 5ºC Bilbao
  • Tel 944 599 100, Fax 944 599 120