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Poca influencia genética en el desempeño educativo

Por Juan Ignacio Pérez - Domingo, 9 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Columnista Ignacio Perez

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hasta hace unos años, la forma de saber en qué medida dependía un determinado rasgo de su configuración genética y en qué medida del entorno en que se desarrolla el individuo era estudiar cómo difiere ese rasgo entre individuos que siendo gemelos procedentes del mismo óvulo, son criados en familias distintas. Aunque los gemelos univitelinos pueden experimentar condiciones ligeramente diferentes en el seno materno, no se consideran de la suficiente entidad como para propiciar diferencias significativas. Simplificando algo y con algunas salvedades que no vienen al caso, ese procedimiento permite fijar la componente genética, de manera que las diferencias que se observan a lo largo de la vida de los individuos pueden ser atribuidas a los efectos del entorno.

Hoy las cosas son diferentes, porque las técnicas que permiten conocer el orden preciso de las moléculas que conforman la cadena de ADN -la macromolécula que codifica la información que se transmite en herencia a la descendencia- han experimentado un desarrollo espectacular y se han abaratado mucho. Eso hace posible estudiar en detalle las diferencias entre unos individuos y otros, y caracterizar así distintas variantes genéticas. Y puede hacerse, además, para un gran número de individuos. En algunos casos es posible conocer con precisión cuál es el proceso o procesos en los que se encuentra implicado un determinado gen, pero en la mayor parte de los casos, no.

Hace unos meses se han publicado los resultados de un análisis de asociación entre la configuración genética de los individuos de una muestra de gran tamaño y el nivel educativo alcanzado por esos mismos individuos. La muestra estaba formada por más de un millón cien mil personas. Los investigadores identificaron 1.271 variantes -polimorfismos de nucleótido único, en lenguaje técnico- que, en conjunto, mostraron una asociación significativa con el nivel formativo, tal y como queda reflejado en el número de años de permanencia en el sistema educativo.

Gran parte de la variabilidad ligada al desempeño educativo afecta a genes implicados en procesos de desarrollo cerebral y en la comunicación entre las neuronas que se establece mediante las denominadas conexiones sinápticas. Se trata de las uniones que permiten transmitir la información a las neuronas vecinas y se produce mediante el concurso de moléculas que actúan como mensajeras.

Curiosamente, el efecto de las variantes genéticas varía de unos países a otros y aunque los investigadores no pudieron precisar la causa de esos diferentes efectos, muy probablemente tienen que ver con las diferencias que hay entre los sistemas educativos de los países en lo relativo a las competencias o habilidades que se promueven en cada uno de ellos. Es posible que determinadas configuraciones sean más propicias para la resolución de problemas, mientras otras lo son para el aprendizaje memorístico, por ejemplo.

La asociación genética global es de escasa entidad: entre un 11% y un 13% de la variabilidad en el desempeño educativo se asocia a la variabilidad genética. Eso quiere decir que la incidencia de factores ambientales, como las características de la familia, el nivel educativo de los padres o factores ligados al entorno escolar, ejercen un efecto cuantitativamente mayor. Además, en este tipo de caracteres la configuración genética, más que determinar ciertos rasgos, lo que hace es transmitir la predisposición a desarrollarlos, lo que significa que hay amplio margen para que se produzcan diferencias asociadas a la influencia ambiental.

No es una consecuencia menor si tenemos en cuenta que el desempeño educativo ejerce efectos de gran importancia y largo alcance, como son el bienestar económico, el estado de salud en la vida adulta e, incluso, la esperanza de vida.

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