Mick Jagger líder de ‘the rolling stones’

“Paul McCartney está más sexy que nunca”

Una entrevista inventada por Javier Gamboa - Domingo, 9 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Mick Jagger durante un concierto.

Mick Jagger durante un concierto. (EFE)

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Mick Jagger durante un concierto.

BILBAO- El líder de los Rolling Stones sale de San Mamés con gesto satisfecho. “El estadio ha quedado muy bien. Lo incluiremos en nuestra próxima gira por Estados Unidos”, asegura el mito de la contracultura mientras da un trago a su txakoli con 7Up. Los Stones se preparan para salir a la carretera por penúltima vez en 2020 con un tour titulado “Its only sintrom but i like it: the prostatic raid”.

¿Qué tal está la banda?

-Extraordinariamente. Aunque aún nadie sabe si Theresa May aguantará hasta el fin de la legislatura por eso del Brexit. Ya me entiende.

Me refería a los Stones, no al Gobierno de Su Graciosa Majestad.

-Perdone, es que siempre les llamamos “la banda”. Los Stones estamos mejor que nunca. Hechos unos chavales. Charlie Watts, sordo como una tapia, lo que no es problema si tocas la batería. Pero hay que avisarle con gestos cada vez que termina el concierto porque él continúa a baquetazo limpio después del último bis.

¿Y Ron Wood?

-Ronnie y Will Byman siguen igual que siempre. Se ocultan la peluquería a la que va cada uno porque están obsesionados con que uno le copia el corte de pelo al otro y viceversa. Últimamente juegan mucho al dominó y se esconden las pastillas de la tensión mutuamente. Hace poco, Ronnie se las cambió a Bill por unos laxantes y no vea usted las risas que nos echamos en el hotel. Fue como en los buenos tiempos, pero sin LSD.

¿Qué hay de su relación con Keith Richards?

-A ver, el viejo Keith es un cascarrabias. Y ha abusado tanto de su salud que ahora solo puede comer espinacas. Y beber caldo de espinacas. Fuma en el retrete para que no le echemos la bronca;y lo peor es que fuma mentolado ligth. Tenemos que andar con cuidado para que no salga a la calle en calzoncillos: antes lo hacía para provocar, pero lo de estos días es puro despiste y consigue que las fans salgan corriendo despavoridas dejándolo todo perdido de prótesis. Naturalmente, antes de las giras tiene prohibido por contrato subirse a cocoteros, le sienta muy mal caerse. Le quiero mucho. Es como un cuñado para mí.

¿Qué piensa de su némesis en la música pop, los Beatles?

-Unos fenómenos. Tuvimos mucha suerte en nuestras respectivas formaciones. Fíjese, si Ringo Starr hubiera sido nuestro batería y Charlie Watts el de ellos, nada hubiera sido igual.

Explíquese.

-Ringo fue siempre el cachondo marchoso de los Beatles. Y Watts el tipo que trataba de imponer cordura entre nosotros. Ya sabe, el típico que anda repitiendo: “ponte el cinturón de seguridad”, “no te tomes eso”, “piensa que es la mujer de tu hermano” y ese tipo de cosas. Con Ringo entre nosotros, estaríamos todos en el cementerio. Y con Watts, los Beatles serían hoy un cuarteto de jazz, o de música de cámara. O los músicos que acompañan a los monjes de Silos. Por suerte, no fue así.

¿Mantiene alguna relación con Paul McCartney?

-No. Pero me gustaría. Siempre he admirado a Paul como artista. Claro que jamás me ha parecido un hombre atractivo. En su versión actual de señora madura me resulta mucho más sexy. ¿Ha visto sus fotos más recientes? Oiga, y qué quiere que le diga, me excita la idea de mantener una relación. Y que me tarararee “Yesterday”.¿Es cierto que en los años 80 se cambiaban ustedes la sangre por otra limpia para poder mantener el ritmo?

-Eso es un mito. ¿Cree usted que yo soy ese tipo de persona que se haría una transfusión? De sangre limpia, quiero decir. Mire, con la de pasta que nos costaba ponernos finos ¿qué sentido tendría? Hombre, si me dicen que me van a poner la sangre de Lance Armstrong, pues a lo mejor. Pero, de otro modo, desde luego que no. ¿Sangre limpia? ¿A qué fin? Oiga, si lo tiene ¿me puede pasar el número de McCartney?


Michael Philip Jagger, con sus 75 años recién cumplidos en julio, se aleja envuelto en una nube de fotógrafos e iluminado por decenas de flashes. Por error, entra en los colindantes jardines de la Misecordia en lugar de en el Palacio Euskalduna. Una enfermera le toma del brazo y le conduce a una habitación mientra él grita “¡¡Soy Mick Jagger!!”. La enfermera responde que ella es la reina de Inglaterra. El error se solventa cuando aparece Keith Richards en calzoncillos.

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