cartas al director

A los trabajadores de la tierra

Daniel Ezpeleta Iruñea - Lunes, 3 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 11:04h

Los labradores, esos hombres míticos del campo, morenos de sol, de aire, de frío y de sudor. Dioses de carne y hueso. Tildados de pobres de la tierra. Del color de la tierra, los blancos;del color del diamante negro, los negros. Los dioses de la Tierra. Los que han alimentado con amor de canto a sus hijos, a la humanidad ingrata. Habrá y hay científicos de alto copete, magnates, ilustres artistas, estadistas, deportistas de élite y astronautas, pero no deben olvidar que todos, absolutamente todos, somos hijos antes o después de trabajadores de la tierra. De allí nacen las sensibilidades del ver atardecer y temblar ante el degüello de las nubes, la brisa, las amapolas en los trigales y el olor a fruta. No te olvides. Cuando veas un labrador, descúbrete, inclínate como lo hace el sacerdote ante el altar, porque el verdadero Dios es ese que tiene las manos duras de cortar la leña para el fuego, labrar y cosechar el trigo que hace el pan;que el sol y el agua doran para todos.


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