FORMULA 1

La excelencia de un equipo

Mercedes responde a la euforia de Ferrari con una obra maestra que remata Hamilton tras exprimir todos los recursos de una escudería

Eduardo Oyarzabal - Lunes, 3 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Lewis Hamilton se da un baño de masas tras ganar en el territorio ferrarista de Monza.

Lewis Hamilton se da un baño de masas tras ganar en el territorio ferrarista de Monza. (EFE)

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Lewis Hamilton se da un baño de masas tras ganar en el territorio ferrarista de Monza.

BILBAO. “Me he inspirado en la negatividad para edificar algo positivo”. Estos días Ferrari sacaba pecho sembrando optimismo, porque estaba justificado, especialmente tras reanudar la competición después del parón veraniego. Pero Mercedes sigue siendo Mercedes y Lewis Hamilton, Lewis Hamilton, e inspirado. Extraordinaria conjunción que se ha elevado a los altares de la Fórmula 1 y que sigue conjugándose en presente.

Mercedes proyectó en el Gran Premio de Italia la máxima expresión de la influencia que pueden tener, combinados con certeza sobre el asfalto, todos los componentes de una escudería. Exprimió los recursos disponibles para ganar, explotó todos los elementos: máquina, piloto, estrategia y filosofía de equipo. Ayer, la carencia de solo uno de estos factores bien podría haber adulterado el resultado. Mercedes los casó con maestría.

El monoplaza alemán, contra pronóstico, fue capaz de plantar competencia a un remozado Ferrari en evidente progresión que además corría espoleado en su feudo, el Autodromo Nazionale de Monza, donde también es cierto que la Scuderia no vence desde 2010, y donde Mercedes venía de conquistar las últimas cuatro victorias;cinco ahora.

Hamilton obró dos adelantamientos exteriores inusuales por la excelencia de los mismos: el primero a Sebastian Vettel, para instalarse segundo;el segundo a Kimi Raikkonen, para copar la carrera.

Mercedes puso el cebo amagando un pit-stop que sí completó Raikkonen cuando lideraba, y decidió retrasar el único cambio de neumáticos de Hamilton, segundo entonces, para diseñar un fulgurante stint final. El inglés devoraría al finlandés con calzos más frescos en las postrimerías, pero habiendo obligado a Raikkonen a desgastar sus gomas para ser víctima del blistering. Precisa lectura.

Por último, pero de crucial repercusión, Valtteri Bottas fue ordenado como cepo para Raikkonen. Mercedes pospuso la parada de Bottas hasta dejarle líder, desde donde frenó a Raikkonen después de la visita al box de este último, lo que permitió a Hamilton colocarse a rueda, a distancia de DRS tras haberse visto a más de 5 segundos del piloto de Ferrari tras cambiar neumáticos. Así fue la arquitectura de recursos. El paradigma del trabajo bien realizado. La excelencia.

La jornada italiana amanecía idílica para Ferrari: Raikkonen despegaba desde la pole secundado por Vettel. El desastre aguardaba también al alba del gran premio, en la Variante della Reggia, el enlace de las curvas 4 y 5, una chicane. Hamilton, tercero, se inventó un adelantamiento como solo los virtuosos crean para ser nombrados genios de la humanidad. Atacó por el exterior de la primera curva para ganar a Vettel el interior del segundo ángulo. El alemán, sin actitud de renuncia, sin voluntad de ceder el espacio ya perdido, cerró la dirección y se tocó lateralmente con Hamilton mientras el inglés gozaba de la posición ganada, ya instalado en la trazada correcta. Resultado: daños, visita al box y 18ª plaza para Vettel;2º puesto para Hamilton, e investigación sin sanción porque no procedía.

Vettel minimizaría con la cuarta plaza definitiva las consecuencias del típico incidente que vale un título. El tiempo dirá. En conclusión, fue la mejor reacción posible para una precaria gestión de la necesidad de sumar puntos a fin de verse con opciones de campeón en los coletazos del Mundial.

Mientras Hamilton absorbía el rebufo del líder Raikkonen, a distancia de DRS -un martirio para Kimi el acoso de Lewis-, Fernando Alonso sumó en la vuelta 10 y por causa mecánica el cuarto abandono del año. Al igual se retiró Ricciardo, tosiendo su motor en el giro 24. En perspectiva general, la agresividad, los lances y las caricias entre ruedas y aletas eran la tónica del escenario de Monza. Una jungla.

Estrategia y orden de equipo

En el vigésimo abrazo al circuito paró Raikkonen. Mercedes simuló la parada de Hamilton y Ferrari exigió al finlandés que exprimiera sus prestaciones para evitar un undercut, lo que a la postre sería su condena. “Momento crítico”, le decían por radio, y Iceman registraba vuelta rápida como prólogo para la aparición de las ampollas en sus gomas. Así, Hamilton paró en la vuelta 28, quedando Bottas líder en pista para detener a Raikkonen.

Cuando Bottas fue a boxes, Raikkonen, que llegó a disponer de 5 segundos de ventaja, tenía pegado a Hamilton, quien, más engomado, remató en el giro 45 de los 53 programados la obra maestra de estrategia y pilotaje. Fue con un adelantamiento creativo y arriesgado, por el exterior, esta vez en la primera chicane, a imagen y semejanza del cobrado ante Vettel. La factura de la excelencia hecha equipo es la ampliación de los 17 puntos de margen en el campeonato hasta los 30. “No vas a poder salir del parque”, radiaban a Hamilton. Tremendo golpe a Ferrari. Se apaga la euforia.

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