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Falla la columna vertebral

Dani García no da abasto para paliar la poca solidez de la franja central del equipo, en defensa y en la media

José L. Artetxe - Miércoles, 29 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Eduardo Berizzo da instrucciones a sus jugadores desde la banda durante el partido ante el Huesca.

Eduardo Berizzo da instrucciones a sus jugadores desde la banda durante el partido ante el Huesca. (Borja Guerrero)

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Eduardo Berizzo da instrucciones a sus jugadores desde la banda durante el partido ante el Huesca.

BILBAO. La puesta en escena del Athletic deja una cosecha de cuatro puntos, que no está mal si no se desciende al detalle del cómo se han sumado, y deja sobre todo un rastro difuso. Son solo 180 minutos y además los primeros, por lo que tampoco ha de extrañar que el equipo se quede a medio camino, en una especie de limbo entre la línea de salida de la que parte y la de meta que pretende cruzar;que emita vibraciones contradictorias, propias de un ente aún por perfilar, en pleno período de formación y de transformación, pues para eso se supone que llegó Eduardo Berizzo, para cambiarle no solo la cara sino también la mentalidad.

De momento, el Athletic se mantiene en fase de indefinición, ni desagrada ni engancha, corre mucho y se cansa más, a causa de los desajustes y también de una merma en la autoestima que arrastra de la última campaña y quizás de la anterior. Se percibe que cualquier contratiempo le afecta, los rivales se le suben a las barbas con cierta facilidad. Pasó ante el Leganés y volvió a constatarse frente al Huesca. El primer compromiso lo salvó gracias a un golpe de suerte que en el segundo no se produjo: la madera se interpuso, abortó la puntilla, dejó el resultado abierto y, de paso, frustró al autor del remate, un Williams que en una noche solo regularcilla fue capaz de dar el pase en los dos goles y de firmar los otros dos mejores remates. No está mal para un ariete.

En el plano colectivo se intuyen cosas que a medio plazo, si cuajan, acaso sirvan para dar un salto y volver a competir por algún premio, pero aún no salen como supuestamente quiere el entrenador. Berizzo está tratando de cambiar la propuesta futbolística, algo que siempre requiere un tiempo prudencial hasta que los jugadores asimilan la idea y la llevan a la práctica con puntos en juego, además de en los entrenamientos. Por otra parte, no cabe obviar la presencia de bastantes novedades en el grupo y en las alineaciones, gente que tiene que ensamblarse con el personal los que ya había.

Estos factores se revelan ahora como pegas para un funcionamiento convincente. Son asimismo dificultades que el propio Berizzo afronta, con el agravante de que él nunca antes había trabajado con esta plantilla. Pasará un tiempo antes de que domine la materia prima que maneja. A partir de ahí, de que sepa con certeza quién es quién, estará en condiciones de extraerle el potencial que atesora.

Necesita un margen Berizzo para ir acertando. Mientras dura ese proceso obligado para el mutuo conocimiento en el vestuario, será normal asistir a modificaciones, correcciones, en definitiva retoques sobre la marcha que irá introduciendo en función de la respuesta que ofrezcan los muchachos. Más que normal, será inevitable, pues el Athletic que ha comparecido en San Mamés está lejos de ser un bloque fiable. Solidez, fuerza, contundencia, son términos que malamente puede conjugar el equipo con la elección realizada por el técnico en el diseño de la columna vertebral.

Dicho de otra forma, para que se entienda: Berizzo ha depositado sobre la espalda de Dani García una responsabilidad excesiva. En los dos partidos celebrados, el hombre no ha dado abasto, ha terminado derrengado. Colocado como medio de cierre, resulta que se le ha encomendado la misión de sujetar toda la estructura. Para ello cuenta el guipuzcoano con la colaboración de un centro del campo sin vocación ni recursos para desarrollar las tareas de contención. Y encima a su espalda actúa una pareja de centrales inédita, donde para colmo uno de ellos ni siquiera es un defensa al uso, sino un centrocampista reconvertido, con notorias deficiencias para ejercer de marcador.

OSADÍA

A Berizzo se le ha de reconocer su valentía, pero de igual manera él debiera admitir que deja al equipo muy expuesto, que sufre sin balón, cuando hay pérdidas e incluso en las fases en que se repliega en su terreno. Fue especialmente osado el primer día, situando por delante de Dani García a Unai López y Muniain. Dos piezas con virtudes en el manejo y grandes limitaciones sin balón o en las disputas, aéreas o a ras de césped, por razones evidentes.

El segundo día recurrió a Raúl García, más fuerte y preparado para el cuerpo a cuerpo, pero con un despliegue limitado y que se ha pasado tres años jugando de segundo delantero. Fichó por el Athletic seducido por la posibilidad que le brindaba Ernesto Valverde de pisar área y ha acreditado una magnífica relación con el gol, pero es dudoso que a estas alturas de su carrera esté para recuperar un rol que exige mucha movilidad y una participación constante en la elaboración. Frente al Huesca se le vio desubicado en amplias fases.

En ambas citas, fue patente que Dani García tuvo que desgastarse hasta quedarse sin oxígeno con minutos decisivos por disputarse. En la segunda, Berizzo metió a Iturraspe para reforzar una estructura que hacía aguas desde un rato antes y no resultó porque la recolocación de los jugadores fue fallida. El propio Dani García abandonó su zona de seguridad, Raúl García no estuvo en el meollo, donde se hubiese agradecido su aportación, retiró al laborioso Susaeta mientras dejó a un Iker Muniain agotado y Guruzeta nada pintaba estando en el banquillo Mikel Rico o, apurando, Unai Núñez.

Hace bien Eduardo Berizzo en reclamar que el equipo eluda dar pasos atrás y se defienda con la posesión, sin dejar de mirar el área rival, pero eso será viable con el equipo ajustado, con defensas que muerdan y medios que no pierdan el sitio.

Con una columna vertebral tan endeble es una quimera.

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