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Donde se avergüenza a Madonna

Por Valentí Popescu - Lunes, 27 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

la vorágine madonnista alcanzó su cumbre la semana pasada con el 60º aniversario de la cantante, pero mientras todo el orbe de la música sincopada competía en alabanzas y ditirambos, Bay City -la ciudad natal de la señora Ciccone (el apellido de la cantante), a orillas del lago Huron- se ratificaba en su hostilidad oficial. No hace falta decir que la animadversión es generosamente correspondida: en una entrevista televisa de 1987 Madonna dijo que “…era originaria de una ciudad pestilente del norte del Estado de Michigan…”. Pero si el mutuo repudio es obvio, quizá sean pocos los que se acuerden de porqué;y el porqué es un puñado de fotos de Madonna en cueros y las ambiciones de un político local ya fallecido, Sullivan.

Las fotos fueron tomadas en Nueva York poco después de que Madonna se mudara a la metrópoli atlántica para hacer carrera. Sus comienzo fueron duros y los dineros pocos pese a que cantaba lo que fuera y donde fuera y hasta fundara en la urbe un grupo rockero (de poco éxito) llamado Breakfast Club. En estas condiciones no le hizo ascos a la oferta de un fotógrafo para posar desnuda. Ni la Madonna de aquellos años tenía una anatomía para competir con Marilyn Monroe, ni el fotógrafo imaginación y talento para aspirar a editar una versión neoyorkina del Kama Sutra. Hoy en día se diría que eran unos desnudos pacatos. Pero años más tarde, después de que Madonna alcanzase la fama (1984) con su canción Cómo una virgen, todo adquirió nuevas dimensiones. Bay City se acordó en 1985 de que Madonna era oriunda de la ciudad y decidió otorgarle las llaves de oro de la ciudad. Mientras tanto, la fama de la cantante determinó también que el fotógrafo de los desnudos pudiera endosárselos a buen precio a las revistas Playboyy Penthouse.

La noticia de esta venta llegó Bay City antes de que se le hubieran entregado las llaves de oro de la ciudad, y el alcalde de la pequeña (33.000 habitantes) y muy conservadora comunidad -en los últimos comicios presidenciales estadounidenses Trump ganó de calle a Hillary Clinton- decidió anular la concesión. Justificó su decisión en aquél entonces diciendo que la anterior galardonada había sido una monja, un baremo moral incompatible con las desnudeces de Playboy y Penthouse.Desde entonces, la animadversión mutua no solo se ha mantenido sino que ha ido en aumento. Las veces que Madonna ha visitado la ciudad -siempre por motivos estrictamente familiares-, lo ha mantenido oculto y Bay City no se dio nunca por enterada de la celebridad y el río de oro ganado (más de 300.000.000 de discos vendidos) por la paisana. Incluso ahora, cuando las patrias chicas de Elvis Presley o Michael Jackson se forran con el alud de turistas que peregrinan a las cunas de sus ídolos, se niega Bay City a hacer las paces con Madonna. Cuando la actual alcaldesa, Kathleen Newsham, fue preguntada acerca de esta posibilidad vino a decir: “no sé si será posible pero, desde luego, el primer paso no lo dará la ciudad…”.

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