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Lunas negras que eclipsan la alegría

La presencia de Trump en nuestras vidas, los tejemanejes del ‘Brexit’ y Barcelona, aquella triste Barcelona de los muertos, marcó el paso de ayer

Un reportaje de Jon Mujika - Lunes, 27 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h

El tremendo reguero de horrores que dejó aquella furgoneta en Barcelona.

El tremendo reguero de horrores que dejó aquella furgoneta en Barcelona. (Foto: DEIA)

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El tremendo reguero de horrores que dejó aquella furgoneta en Barcelona.

UN 17 de agosto del pasado año se encapotó la llegada del sol de Aste Nagusia y ya no hubo luz que valga. Todo fue gris. El miedo se coló por las rendijas y en las conversaciones se hablaba de lo sucedido, de aquel día en que las Ramblas catalanas se convirtieron en la autopista del diablo cuando aquella furgoneta blanca, ¿se acuerdan, verdad...?, arremetió contra los transeúntes, dejando tras de sí un reguero de catorce muertos y 152 heridos. Horas después, el grupo terrorista Estado Islámico reivindicaría su autoría, dejando en el aire la sensación de que todos los ciudadanos del mundo estaban, estábamos, en peligro. Recuerden: los recintos festivos de Bilbao se parapetaron tras jardineras de piedra que, lejos de colocarse con motivos decorativos, tenían una función de escudo. Bilbao temía, como tantas y tantas ciudades, que ocurriese algo similar. Había declarado la guerra a muerte contra la vida feliz. Y no me digan que no felices estos nueve días alegres en la villa.

Poco después, pasada ya Aste Nagusia, Catalunya convocó un referéndum sobre la independencia, que estuvo empañado por la violencia policial y las tensiones. Antes, mucho antes de que todo esto sucediese y dejase huella en la ciudadanía, un nombre se coló, casi de rondón, en la cabeza no solo de la bilbainía sino del mundo entero: Donald Trump. Con el Brexit armándose de valor y de argumentos para marcar las pautas del divorcio ente Londres y Bruselas no se preveía algo semejante. Y, sin embargo...

En El Arenal o en los Campos Elíseos, en las piazza Navona o en Barrenkale Barrena... A partir del 20 de enero, la figura del multimillonario republicano Donald Trump, de 70 años, saltó a la primera página de las conversaciones en todo el mundo. El elegido inesperado asumió la presidencia de Estados Unidos, tras ganar las elecciones con el lema Estados Unidos primero, aunque las acusaciones de colusión con Rusia ensombrecieron el inicio de su mandato y siguen causándole dolores de cabeza. A golpe de mensajes en Twitter a todas horas, Trump ha emprendido la tarea de deshacer las reformas de su predecesor, Barack Obama, abandonando o amenazando con abandonar de varios acuerdos internacionales (libre comercio, clima, inmigración, salud o la Unesco ente otros), algo que estaba presente en cada charla. Cómo es posible que... se preguntaban, nos preguntábamos todos. O casi todos.

Humean aún como el pan reciente aquellas noticias que llenaron las conversaciones de la ciudadanía que vivió el pasado más reciente de asombro en asombro, de sorpresa en sorpresa, de susto en susto. Mucho de cuanto les he contado ha protagonizado las charlas de Aste Nagusia que ahora se apaga tras nueve días de despendole. El ayer no estaba tan lejos como para olvidarlo y tuvo la suficiente fuerza como para perdurar en el tiempo y convertirse en presente. Lo que fue, lo que ocurrió, es algo inolvidable, muy difícil de borrar de los recuerdos. Mientras hemos brindado por la nueva vida que ya se asoma y nos espera a la vuelta de la esquina, en el inminente septiembre, cargada de ilusiones, aquellos sucesos, aquellos nombres, vuelven y vuelven. Hemos visto catástrofes naturales y otras asociadas a las manos del hombre como los tembleques de puentes, pasarelas y pasadizos. Bilbao levantó en los aledaños de Vista Alegre una estatua al recuerdo de Iván Fandiño, el torero vasco que se fue a las dehesas celestiales para jugar al toro allí, entre toreros de leyenda que también se fueron, y hemos confiando en que el porvenir que nos aguarda sea rosado como el revés de un naipe. Aste Nagusia tiene ese don, el de narcotizar las desgracias y hacernos olvidar, más allá de los avatares del día a día, tan intenso a veces, tan tremebundo otras, por encima de las dificultades y los caprichos de la realidad, a menudo disconforme con el plan que trazamos para disfrutarla como quisiéramos. Soñar es el verbo. Que esos sueños se cumplan entre todos nosotros.

de qué se habló en aste nagusia 2017... de los atentados de barcelona y donald trump

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