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Con la cabeza bien alta

El Arenal se abarrota de gente para recibir a los gigantes y cabezudos

Laura Fernández - Lunes, 27 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Una menor se esconde entre los gigantes. Foto: Oskar González

Una menor se esconde entre los gigantes. Foto: Oskar González

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Una menor se esconde entre los gigantes. Foto: Oskar González

Bilbao- Pocas horas antes de que la reina de la fiesta se despidiera de su gran ciudad, los gigantes conquistaron por todo lo alto el recinto festivo de El Arenal para amenizar la mañana a aquellos que aún les quedaban fuerzas para aprovechar el último día festivo.

Tras salir a las 10.30 horas desde la plaza circular, alrededor de las 13.30 comenzaron a reunirse en el recinto festivo para celebrar la XXIX edición de concentración de Gigantes y Cabezudos. Entre el público se destacaban las familias con sus hijos pequeños pero no era difícil ver también a personas de avanzada edad disfrutar de la presencia de estos protagonistas de altura. Es el caso de María Asun Rodríguez que, a sus 74 años, nunca falla a esta cita. “Vengo desde hace muchísimos años y no se por qué cada año les veo muchísimos más guapos. Me encantan la verdad”, dijo emocionada.

Bien es cierto que las sonrisas fueron principalmente las protagonistas pero también se pudo ver alguna que otra lágrima cuando los gigantes -y sobre todo los cabezudos- se acercaban a los más pequeños. Aun así, fueron los más fotografiados de la mañana de ayer. Los protagonistas eran de los grupos Ondalan y Ondalan Txiki, Mamutxak, Konpartsa Txikiena (Deusto), Mairuek Gaztedi (Santutxu) y los Gigantes y Cabezudos del Ayuntamiento de Bilbao. Desde Donostia llegó Irrintzi, Sukila de Lapurdi y Sanduzelai de Iruñea. De hecho, según explican responsables de los Gigantes, desde hace alrededor de ocho años se incorporaron unos gigantes pequeños para que los enanos de las familias puedan probarlos y bailarlos.

Mientras que los gigantes se mantenían en tierra firme, eran los cabezudos los encargados de hacer disfrutar a los pequeños. Pero los minutos pasaron y comenzó a sonar la música. En ese instante, los bailarines comenzaron a introducirse en los gigantes y bajo el son de las gaitas comenzaron a bailar entre la multitud.

“De verdad, que bien lo hacen. Es que es tan tradicional que si nos quitan este trocito que es tan nuestro no sería realmente lo mismo”, opinó Marisa mientras sujetaba a su hija de 5 años en brazos. Tras finalizar el baile, los aplausos y los gritos de emoción fueron los grandes protagonistas. Tras esa ovación, los gigantes se pusieron de nuevo en fila india para seguir su ruta y despedirse de la semana más larga.

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