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Las comparsas de toda la vida

Askapeña, fiesta con compromiso internacionalista

La comparsa, que en esta Aste Nagusia completó 27 participaciones, destina la recaudación de la txosna a movimientos y grupos populares

Iñaki García - Lunes, 27 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Integrantes de Askapeña, en una comida organizada por la comparsa hace años. Foto: Askapeña

Integrantes de Askapeña, en una comida organizada por la comparsa hace años. Foto: Askapeña

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Integrantes de Askapeña, en una comida organizada por la comparsa hace años. Foto: Askapeña

Durantelos primeros años de Aste Nagusia la mayoría de comparsas representaban a diferentes barrios bilbainos, pero a principios de la década de los noventa la tendencia cambió y muchos movimientos políticos comenzaron a organizar sus propias comparsas. Uno de estos fue el movimiento internacionalista, que creó Askapeña en 1991.

Las anécdotas que han vivido en los 27 años que llevan al pie del cañón se cuentan por cientos. Durante los años posteriores a su creación el ambiente en la ciudad y en las fiestas era más combativo que el actual. “En aquellos tiempos la policía cargaba dentro del recinto festivo”, cuenta Javier Ruiz, presidente de Askapeña, y añade que cuando lo hacían “gente de todo tipo y condición abucheaba”. Un escenario a día de hoy inimaginable. “Ahora igual las comparsas incidimos más en que no entren”, recalca. Ricardo Jiménez, el comparsero más antiguo y uno de los cofundadores de Askapeña, narra que al principio, y especialmente durante el Día de las Banderas, la policía “tiraba botes de humo a nuestros plásticos, que como eran finitos se rompían”. Para lidiar con el hinchazón que el humo producía en los ojos, el miembro de la comparsa que tenía turno el jueves por la noche poseía la responsabilidad de partir limones. En otras ocasiones, en lugar de confrontar el humo se encontraban en la disyuntiva de ir a recibir golpes o saltar de cabeza al agua. “Acabábamos en la Ría, que era igual de marrón que los que venían a dar”, recuerda Javier.

También ha habido una evolución en la música que ponen en la txosna. Como explica Susana Álvarez, encargada de organizarla, al principio se limitaban a “servir kalimotxo y cerveza, y poner la cinta de Kortatu vuelta y vuelta”. Ahora se caracterizan por “intentar traer grupos de diferentes partes del estado para que toquen música reivindicativa”. Principalmente de rap, ska y reggae. Los distintos comparseros dejan claro que debido al compromiso político que apoyan en la txosna nunca suena “música machista o patriarcal”. De hecho, explica, este año la temática de los conciertos se ha centrado en apoyar a “raperos que están siendo perseguidos”. Así, grupos como los gaditanos de FRAC han tocado en karpagune. Además, otros estilos también han sido visibles, por ejemplo, el que tocan los ya habituales Habana, “los reyes de Askapeña”.

Pese a que en este momento la txosna se sitúa en karpagune, no ha sido siempre así. Javier cuenta que al principio estaban “cerca de Kaskagorri. Luego, cuando se realizaron las obras de las reformas del muelle pasamos a estar dos años junto a Algara y Pa...ya!, al otro lado de la Ría”. Al finalizar la obra se situaron en su emplazamiento actual. En esta ubicación han organizado esta semana las tres principales actividades que organiza Askapeña: la rana, el tiragomas y la escalada bilbaina.

giro festivoComo la ubicación en el recinto festivo, la forma de afrontar la fiesta no es ni mucho menos la misma que cuando la camiseta verde de los internacionalistas se vio por primera vez en el recinto festivo. “Antes el botellón no existía, la gente se movía por las txosnas según la música”, analiza Susana, mientras que “ahora te vienen pidiendo si les echas hielo”. Según Javier no es algo que realicen solo los más jóvenes, aunque sí cree que la vida del comparsero “requiere un trabajo que conlleva desgaste e igual la gente joven no se implica porque no ve el momento de irse de fiesta”. “Todos los años nos viene gente a trabajar presentando el currículum cuando estamos de montaje”, narra divertido. Y añade que “luego al explicarles que es voluntario te miran con mala cara. La gente no se cree que lo hacemos por militancia”.

En este sentido temen que las nuevas generaciones no den continuidad al espíritu de las fiestas populares. “La implicación que había antes ya no existe. Les gusta más la fiesta que la responsabilidad”, concluye Pedro María Castillo, tesorero y vicepresidente. Toda la recaudación de su txosna está destinada a apoyar movimientos populares.

Sin embargo, la evolución de la fiesta también ha acarreado cuestiones positivas. Entre otros, hay más movimiento por las mañanas. Mientras que en los inicios era un periodo de las fiestas en el que apenas sucedía nada, ahora todas las comparsas organizan actividades u ofrecen algún servicio. Susana subraya que “antes los niños no pisaban el recinto festivo”, por el contrario ahora “están mucho más presentes en Aste Nagusia”.

Aunque han estado todo el año esperando al txupin, y volverán a estar esperándolo durante los próximos doce meses, afrontaron el de esta edición con cierta pena. “Hemos sido la primera txosna en tener dos txupineras”, explica Javi. Al empezar el nuevo ciclo, una vez todas las comparsas habían tenido su txupinera, les tocó ser los primeros. Así, esta edición de fiestas han pasado a compartir el privilegio con Aixeberri.

los cambios

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