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la llegada de la viagra

Esa dura ‘felicidad’ que viste de azul...

Superados los temores al apocalíptico ‘efecto 2000’, que no desconectó el mundo como se temía, la llegada de la viagra fomentó otro tipo de ‘conexiones’

Un reportaje de Jon Mujika - Sábado, 25 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Parecen cinco pepitas de ‘oro azul’ y son las que se descubrieron en aquel año inicio de siglo.

Parecen cinco pepitas de ‘oro azul’ y son las que se descubrieron en aquel año inicio de siglo. (Foto: DEIA)

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Parecen cinco pepitas de ‘oro azul’ y son las que se descubrieron en aquel año inicio de siglo.

EL amor puede desatarse, como en aquella magnífica novela, en los tiempos del cólera o, como en esa otra entretenida telenovela, en tiempos revueltos. En poco o nada de eso se pensaba en aquel primer día de 2000, hay que confesarlo, cuando el personal andaba un punto de acojonadete: el efecto 2000 y su estela de secuelas aparecía en el horizonte. Pero todas aquellas predicciones catastróficas, toda esa sensación de que caería sobre nuestras cabezas una suerte de maldición de Nostradamus quedó en agua de borrajas. Sumergidos ya en el mar de agosto y visto que la humanidad seguía hacia delante con las mismas miserias y grandezas que la había llevado hasta allí el protagonismo de la primera página fue para una pastillita azul que matasellaba un pasaporte para la felicidad, otra de las formas de amar, en según qué territorios nos movemos. Los tripis eran fósiles del pasado, pura arqueología, y el paraíso se cubría de azul para los más necesitados. Nadie se acordaba ya del anuncio de los cataclismos. Y desde las fábricas de los laboratorios Pfizer se proyectaba hacia el mundo un nuevo opio del pueblo. La Viagra entraba en nuestras vidas cargada de promesas de futuro.

Para esa parte de la sociedad que vivía estrangulada por el estrés, angustiada por las dificultades detectadas para ponerse en pie, celebró la llegada de ese poderoso vigor. Ya sé, ya: a nadie le hacía falta. Pero no había rincón en el que no se hablase de su presencia. Y siendo Aste Nagusia una época indicada para el regocijo, el refocile y los retoces era previsible que la pastillita de marras fuese tema de conversación. Todo el mudo conocía a alguien que... Recuerdo a un tipo que ofrecía “sildenáfilo a buen precio” en la oscuridad de lo clandestino. Cuando se supo de qué hablaba se forró.

Un par de bueyes habituados a las exhibiciones de los Herri kirolak, donde eran los reyes, lo vieron claro: aquella Aste Nagusia acabaron, acabamos, para el arrastre. Era lo lógico, advertido que el abuso de los excesos fue in crescendo.

“Oiga usted, cierre los ojos y piénselo bien. “Soy el rey del mundo”, “Te haré una oferta que no podrás rechazar”, “Nadie es perfecto”, “A Dios pongo por testigo que jamás...” “Voy a ir a empolvarme la nariz” o, qué sé yo, “Hakuna Matata”. Cierre los ojos y piense en la primera frase memorable de una película estrenada más tarde de aquel año 2000, ¿ya? Nada, ¿verdad?” Una voz oculta me invita a la reflexión y, ¡zas!, surge la duda: ¿no sería todo esto fruto del negado efecto 2000 o una secuelas de la pastillita dichosa, nunca mejor dicho? Quién sabe. Recuerdo que en los altavoces tronaba el Sueño su bocade Raúl, que el cartel de aquellas fiestas recreaba una mano de Marijaia (se notaba la corriente del minimalismo...) y que aquel fue el año en que desaparecieron las zonas festivas como las de Indautxu o Abando que llevaban unos años floreciendo, váyase a saber por qué.

De aquellos tiempos nos ha llegado una herencia incuestionable: la llamada generación X. Nacieron los millennials (¿daños colaterales de la pildorita azul...?), personas que se adaptan fácil y rápidamente a los cambios, pues pasaron de usar el vídeo Betamax, al VHS, al DVD, al Blu-Ray y navegan con soltura en las aplicaciones de streaming. Usaron el teléfono fijo para comunicarse con sus amigos y toda clase de teléfonos móviles, hasta llegar a los llamados teléfonos inteligentes. Pasaron de usar disquetes para almacenar su información, a quemar CD, usar USB y hasta el almacenamiento en la nube. Estos cambios ocurrieron en menos de 20 años y ellos aprendieron a adaptarse. Hombres y mujeres caracterizados por la hiperconexión, la necesidad de auto expresarse, la realidad financiera, el interés por la salud, la inmediatez y la búsqueda de experiencias entre otras cosas. Aste Nagusia fue uno de los escenariosen los que germinó este futuro tan prometedor como incierto. Esquivado el fin de mundo que profetizaban los agoreros, se desató el reino de Jauja.

De qué se habló en Aste Nagusia 2000... del nuevo milenio, la viagra y el ‘efecto 2000’

etiquetas: viagra, aste nagusia

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