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DE QUÉ SE HABLÓ EN ASTE NAGUSIA 1991

Tesoros que trae y que lleva la marea

Aquellos días se desmoronó la Unión Soviética y Bizkaia lloraba a sus muertos en el accidente de Amorebieta. Un Bilbao de pico y pala excavaba en pos del metro

Un reportaje de Jon Mujika - Miércoles, 22 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Uno de los primeros túneles que abrían paso al progreso, al metro de Bilbao.

Uno de los primeros túneles que abrían paso al progreso, al metro de Bilbao. (DEIA)

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Uno de los primeros túneles que abrían paso al progreso, al metro de Bilbao.

ERA uno de los chistes de moda por aquel entonces, en 1991: en Bilbao están buscando un tesoro. ¿Por qué? En las mesas de encuentro y en las txosnas;a las salidas de los teatros y camino de Vista Alegre, en ese mismo año en que Enrique Ponce dio su primer aldabonazo en Bilbao, el primer paso para convertirse en lo que fue, es y será: el torero de Bilbao, en todos los rincones de la villa se hablaba de lo mismo, los importantes atascos que se provocaban en Bilbao con aquellos socavones, las primeras obras del Metro Bilbao que echaría a andar cuatro años más tarde, en 1995. Se puso en pie la asociación Bilbao Metrópoli 30 como punto de encuentro entre instituciones, empresas y entidades sociales y en la atmósfera flotaba la sensación de que comenzaba la reconstrucción de un nuevo mundo para Bilbao. Zanjas y andamios aparecían por las cuatro esquinas en las calurosas horas de agosto, cuando Josu Ortuondo acababa de ser elegido alcalde de Bilbao. Al compás de su vara de mando comenzaban a moverse la edificación del Bilbao que hoy se mira con asombro en medio mundo.

Los más memoriones recodarán que por aquellos días cantó en Bilbao Camarón de la Isla pero no eran días alegres. Más del 25% de la población en edad de trabajar estaba en paro. En los despachos de la villa comenzaba a sonar una idea, crear para Bilbao una imagen de marca. Todo eran obras y más obras y Bilbao hablaba con un arquitecto llamado Frank O. Ghery que era cuestionado por los propios especialistas y por la calle, donde las preguntas eran tremebundas: ¿Un metro para una ciudad que se hace a pie? ¿Un museo para salir del pozo? No, no eran los días más felices de nuestra era.

La salida era mirar al futuro;incierto, mirase uno hacia donde mirase. Un año y medio antes había caído el muro de Berlín, se iba derrumbando el viejo modelo de la guerra fría y mientras Aste Nagusia servía como cataplasma para aliviar las fatigas de los tiempos duros entre el 20 y el 30 de agosto de 1991 se vivía en directo el desmantelamiento de la Unión Soviética: en esos diez días se independizaron Letonia, Estonia, Bielorrusia, Moldavia, Ucrania y un buen puñado de estados. Se hablaba, claro que se hablaba, de ello. Gorbachov y su Perestroika habían sido la espoleta. Todo parecía una bomba a punto de estallar, apareció en los televisores de los hogares soviéticos para comunicar a sus compatriotas que renunciaba al cargo de presidente de la Unión Soviética “por razones de principio”. Un día después, el Sóviet Supremo de se disolvió y se adoptó una declaración por la que la Unión Soviética dejaba de existir. Gorbachov cedía al presidente de Rusia, Borís Yeltsin, parte de sus poderes, como el control de las armas nucleares. Nacía una nueva era.

Para entonces, esos terremotos geopolíticos de la Unión Soviética de lo que se había hablado en las charlas serias, ya estaban un poco aparcadas. Bilbao, Bizkaia entera, estaban sobrecogidas con las 17 personas que murieron calcinadas en un espectacular accidente de circulación, cerca de Amorebieta. 25 coches que circulaban hacia Donostia resultaron involucrados, y 18 de ellos, destruidos por el fuego tras una colisión múltiple producida “por la niebla cerrada” que había a esas horas, según la Ertzaintza y testigos del siniestro. ¡Qué manera de cerrar un año tan repleto de incertidumbres!

Cuentan las crónicas de antiguo que la sokamuturra o suelta de toro ensogado, era uno de los festejos más antiguos celebrados en nuestra villa. Se recuperó de las fotos en sepia del ayer en la primera Aste Nagusia de 1978. ¿Se acuerdan? Se desarrollaba en El Arenal y había dos sueltas diarias, una a las 7.00 y la otra a las 8.00 de la mañana, diferenciando la de adultos de la de los niños. En aquel mismo 1991 la estampa desapareció de El Arenal en cumplimiento de las normativas aplicadas por el Gobierno vasco para este tipo de espectáculos y aunque se quedaron grabados en los ojos de nuestra memoria aquellos recortes y esquivas, aquellas caras de apuro y congoja, no se volvió a ver en las calles de la villa un toro ensogado. Aún hoy hay quien les echa de menos.

De qué se habló en Aste Nagusia 1991... De los primeros pasos del metro

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