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La música de la noche

Rozalén, las hadas existen

La cantautora reventó Abandoibarra y citó a más de 10.000 fans en un concierto emotivo, alegre y concienciado

Andrés Portero - Miércoles, 22 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Rozalén estuvo acompañada por Beatriz Romero, intérprete de signos de sus canciones.

Rozalén estuvo acompañada por Beatriz Romero, intérprete de signos de sus canciones. (José Mari Martínez)

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Rozalén estuvo acompañada por Beatriz Romero, intérprete de signos de sus canciones.

BILBAO. Las hadas existen. Lo comprobamos en el concierto de Rozalén, cantante dotada de magia y arte, pero también de compromiso, alegría vital y una lustrosa apariencia de normalidad ante un estrellato que ella ve como “un milagro”. Abandoibarra volvió a petarse con ella y más de 10.000 fans, de niños a amamas y aitites, que cantaron, bailaron y sonrieron a ritmo de pop, vals, copla, ranchera, canción de autor y batucada, reivindicando la alegría, la tolerancia, el amor sin barreras y la memoria.

Están en el supermercado, en un bar tomando un café, en la Universidad y las fábricas, viajan en el metro o pasan junto a ti cuando paseas. Son esas hadas que nos rodean, mujeres que te deslumbran, hechizan, divierten y excitan si les miras a los ojos aunque lleven una vida normal. A ellas les canta Rozalén (¡ella misma es una de ellas!), cantautora albaceteña, concienciada y uno de los últimos fenómenos de la música estatal, aglutinador de público y ventas de discos y entradas a pesar de su lengua libre, vehículo para un discurso tolerante pero, al mismo tiempo, expresivo y nítido.

María, 31 tacos y solo tres discos, se marcó en Aste Nagusia una fiesta compartida de casi dos horas emoción desbordante. Y eso sucede solo cuando gustan no solo las canciones, sino también quien las interpreta y la multitud se ve reflejada en sus versos y en un discurso de verdad, expresado con la voz y el corazón. Salió nerviosa, insomne ante “tal privilegio”, con pañuelo festivo al cuello (“así somos más de aquí”, alardeó) y pantalones ajustados de cuero a lo Olivia Newton-John porque será cantautora, sí;pero del siglo XXI.

Simpática, locuaz y “muy intensa” en su discurso, capitaneó un repertorio que dirigió con tino por un caudal de ritmos diverso que abrió con la caricia feminista La puerta violeta, una patada contra la violencia machista. La magia, desplegada como las velas de un barco, siguió con Vivir, esa mano vitalista ofrecida por la cantante a la Asociación Española contra el Cáncer. Sin Estopa, pero a ritmo de batucada, arrasó antes de apoyarse en el acordeonista de su numerosos grupo al atacar Ahora.

Casi vasca Pronto llegó El hijo de la abuela, de su discoCuando el río suena..., volcado en historias familiares. El primer “trapo sucio” llevó un revolcón a los corazones con esa historia de su abuela que acogió a un vasco desterrado en 1968. “Acoged sin prejuicios”, se la oyó. “Me siento como en casa, con familia vasca”, explicó antes de poner al fan otro nudo en la garganta con el vals Justo, la historia de su tío-abuelo fallecido en la guerra y del que, por fin, han encontrado sus restos en una fosa común.

Tras esa reivindicación de la memoria histórica y siempre magníficamente acompañada por Beatriz Romero, la intérprete de signos de sus canciones, atracción de miradas y también actriz y bailarina, Rozalén cantóLas hadas existen, entre aires de copla y circo. El último sofocón llegó con Amor prohibido, dedicada a la relación entre sus padres. Un amago de lágrima acudió a sus ojos al recordar que su padre fue 10 años sacerdote... hasta que conoció a su madre.

Se atrevió con Badator Marijaia y con una desnuda versión de La belleza, de Aute, y nos regaló la preciosa Antes de verte, sin el argentino Kevin Johansen pero mecida por aires latinos y disparada como el clímax de la noche. Y tras la intensidad llegó el cachondeo con rancheras, rumbas y reggae como Me arrepiento, Tu nombre y Somos. El público descansó con Bajar del mundo y Será mejor, pero se disparó compartiendo esa crónica de “las cosas del querer” que esComiéndote a besos y con un bis arrollador que incluyó Dragón rojo y Girasoles, con ecos de Manu Chao y Cuba, con ella a la bandurria. En el agur, antes de una presentación de los músicos que se asemejó a una rave enloquecida, pidió Respect. El polvo de hadas que esparció Rozalén y su magia tardarán en olvidarse.

El concierto de hoy

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