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Desfile de la Ballena: “Amatxu, ¿qué es una txirla?”

El Desfile de la Ballena, a cargo de la Fundación Bilbao 700, vuelve a encandilar a los más pequeños con un nuevo personaje que no deja indiferente a nadie

Ane Araluzea - Lunes, 20 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Desfile de la Ballena en BilbaoVER VÍDEOReproducir img

(EDORTA NAFARRATE - YOUTUBE)

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Desfile de la Ballena en BilbaoReproducirLa nueva compañera de Baly, que se abría y se cerraba tras lanzar un chorro de confeti.

La primera línea de acera en la Gran Vía bilbaina está más cotizada que un apartamento de lujo en cualquier playa mediterránea. Lo saben las familias que cuando Baly y su séquito de amigos salen del fondo marino recurren a espacios de lo más insospechados para seguir el cortejo una vez que el pavimento está impracticable. La imaginación hizo que Gorka y Lorena organizaran ayer un pícnic improvisado en el alféizar de una sucursal bancaria, a metro y medio del suelo, para que los pequeños Lander y Laia no perdieran la pista del colorido y aclamado Desfile de la Ballena. No faltaron a una de las citas más populares de Aste Nagusia los gritos de euforia, los aplausos ensordecedores y los móviles en alto, porque mientras los niños disfrutaron del espectáculo, los adultos se dedicaron a documentar su felicidad.

Las inmediaciones de la Plaza Circular desbordaban ilusión una hora antes de que el cetáceo más popular hiciese acto de aparición en la procesión organizada por la Fundación Bilbao 700. Recién llegados de unas vacaciones en Foz, en Galicia, Amagoia y Unai admitieron que este año no han podido librarse. “Hasta ahora lo habíamos esquivado, ¡pero ya no era posible!”, comentaron entre risas con Udane, de 4 años, en brazos. Porque la niña ya había oído hablar de la ballena y sus compañeros. “Ya me ha preguntado: Amatxu, ¿qué es una txirla? ¿y qué hace?”, explicó Amagoia, poniendo cara de circunstancia, en referencia a la novedad de este año. De hecho, la nueva compañera de Baly, que se abría y se cerraba tras lanzar un chorro de confeti, provocó que muchos adultos evocaran la acepción más coloquial del molusco.

Volviendo al contenido para todos los públicos -no vaya a ser que el verano convierta a los benjamines en ávidos lectores de diarios-, lo que no cambia cada año es que nade o no nade, todos van con el cetáceo más grande. “La ballena, los dos la ballena”, respondieron María y Fany en nombre de sus hijos, Arkaitz y Fabio, preguntados sobre su animal favorito. “Si ellos están contentos, nosotras aún más”, admitieron momentos antes de que diera inicio el desfile con el sonoro grupo de percusión Trokobloco. El ambiente se caldeó aún más cuando un barco rodante comenzó la repartición de 30.000 packs de serpentinas, confeti y matasuegras. A partir de ahí no hubo manera de que los niños respetasen la línea imaginaria de seguridad trazada a ambos lados de la carretera.

“¡Muy bien, arponeros! ¿Non dago balea?”, animaron estos personajes, tildados como los malos de la película, la llegada de Baly, que lanzaba caños de agua a diestro y siniestro, desatando la locura de los asistentes. Su visión colosal era tan sugerente que algunos padres no dudaron en improvisar un set de fotografía en medio de la marabunta: “¡Corre, ponte ahí, que te saco una foto!”. Un poco más triste fue la visión de alguna niña siguiendo la comitiva a través de la pantalla de un teléfono, insinuando lo que puede llegar a ocurrir en el caso de que el ímpetu de los adultos por compartirlo vaya a más en el futuro. La mayoría de los niños, por suerte, prefirieron grabar todos los recuerdos en la retina e interactuar con los animales marinos.

De hecho, muchos de ellos se lanzaban a los tentáculos del pulpo, a las patas del txangurro o directamente al besugo, hinchables todos ellos que sobrepasaban varios metros de largo y de ancho, entre los que se intercalaban varios grupos de música como Molto Vivace, Fanfarre Sama Siku o Always Marching Band. La txirla -y su comentado movimiento secuencial de apertura y cierre- fue una de las últimas en cerrar el desfile que concluyó en el Sagrado Corazón. Aunque antes llegó el turno del nido de moscas K de Calle, que a pesar de su repelente aspecto -que causó alguna cara de pavor, siempre sin llegar al llanto- consiguieron el contacto directo con el público.

Hasta que alcanzó su fin, tras el paso del equipo de limpieza del Ayuntamiento que se afanó en dejar impecable la arteria principal de la villa, la comitiva contó con un público que hizo que la cita fuera multitudinaria. Por primera vez, la familia Mendiguren, casi al completo, llegó desde Bermeo para ver a Baly y a sus colegas. “Hora y media esperando, para que pase en cinco minutos”, expuso uno de ellos, sin duda lamentando la fugacidad del desfile. A pesar de ello, aseguraron que mereció la pena: “Nos ha encantado, volveremos el año que viene”.

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