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El reportaje

Al mando de la fiesta

17 CIUDADANOS FORMARON LA | primera Comisión de Fiestas, que puso en marcha Aste Nagusia en 1978

Aitziber Atxutegi - Domingo, 19 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Trece de los 17 miembros de la primera Comisión de Fiestas posan junto al Salón Árabe. Foto: DEIA

Trece de los 17 miembros de la primera Comisión de Fiestas posan junto al Salón Árabe. Foto: DEIA

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Trece de los 17 miembros de la primera Comisión de Fiestas posan junto al Salón Árabe. Foto: DEIAÁngel Cámara, María Jesús Lanciano, Karmelo Landa, Santi Burutxaga, Marga Vázquez y Marino Moreno. F.: B. G.

Bilbao- El 28 de junio de 1978, un grupo de 17 ciudadanos recibió un encargo titánico: organizar, prácticamente desde cero, y en apenas mes y medio, las primeras fiestas populares de Bilbao. Con un presupuesto de 8,4 millones de pesetas, tomaron el mando de la ciudad para poner en marcha Aste Nagusia. Instalaron su cuartel general en el Salón Árabe del Ayuntamiento y toda la responsabilidad para poner en marcha nueve días de fiesta quedó en sus manos. Hasta el entonces alcalde, José Luis Berasategui, se marchó de vacaciones, y desde los bedeles a la Policía Municipal o los bomberos quedaron a su cargo. Santi Burutxaga, María Jesús Lanciano, Marino Montero y Karmelo Landa, miembros de aquella Comisión de Fiestas, guardan un recuerdo “imborrable” de aquel verano del 78.

Hasta finales de los años 70, no existían fiestas como tales. La llamada Semana Grande de agosto solo incluía actividades de pago, como ópera, toros o teatro. Fue Quico Mochales, relaciones públicas de El Corte Inglés, quien en 1974 planteó al Ayuntamiento realizar un concurso de propuestas para lograr unas fiestas más populares. La entonces alcaldesa Pilar Careaga se negó en redondo y no fue hasta 1978 cuando logró convencer al alcalde en funciones, José Luis Berasategui. Aquel certamen lo ganó el proyecto Txomin Barullo, presentado por el comité de cultura y arte de la organización en Bizkaia del Euskadiko Mugimendu Komunista (EMK). Santi Burutxaga formaba parte de ese comité. “Fue toda una sorpresa que ganáramos los comunistas, que acabábamos de salir de la clandestinidad”, recuerda. No estaban dispuestos a que el proyecto quedara olvidado en un cajón. “Nos empeñamos en que eso se tenía que poner en marcha. Nos dijeron que si alguien era capaz de llevarlo a cabo, que adelante”.

El primer paso fue constituir una comisión que se encargara de todos los preparativos. El 28 de junio se convocó una asamblea en la biblioteca de Bidebarrieta con diferentes entidades culturales de todo tipo y condición. “Llamamos a todos los que se nos ocurrió. Tengo el recuerdo de estar con el listín telefónico buscando asociaciones a las que podíamos llamar”, rememora Burutxaga. El llamamiento fue un éxito y ese mismo día fueron elegidos los 17 miembros de esa primera comisión, que se constituyó cuatro días después: Ángel Cámara, María Jesús Lanciano, Álvaro Gurrea, Karmelo Landa, Joshepe Zuazo, Itziar Villa, Natxo de Felipe, Antonio Caro, Felipe Fernández, José Manuel Martínez, Marino Montero, Eduardo Aretxalde, Iñaki Bengoetxea, Manu Fernández, Josetxu Martínez, Marga Vázquez y Santi Burutxaga. “Había gente de grupos de animación infantil, representantes de casas regionales, agrupaciones de txistularis, asociaciones de vecinos... Hasta Antonio Caro, de la autoescuela Car, que quería recuperar la bajada de goitiberas”.

Aquella primera Comisión de Fiestas se plantó en el Ayuntamiento para reivindicar esas fiestas populares que Bilbao había demostrado que quería, con Karmelo Landa como portavoz. “El choque para ellos fue increíble, pero la postura que adoptó el alcalde fue completamente diferente. Dijo que él se iba de vacaciones, poco menos que ahí nos quedábamos”, rememora Landa. También consiguieron que el Consistorio consignara una pequeña cantidad, 8,4 millones de pesetas, que estaban reservadas para comprar entradas para las corridas de toros.

Quedaron completamente al mando de esa primera Aste Nagusia, con el tiempo pisándoles los talones. “El Ayuntamiento cogió vacaciones y se marcharon todos”, se ríe Burutxaga al recordarlo. “Había que organizar todo, porque no había nada previsto: un programa entero para una semana de fiestas”, apunta María Jesús Lanciano, que representaba en la comisión a las asociaciones de vecinos.

Cada miembro se encargó de un ámbito concreto festivo, según sus conocimientos. “Cada cual aportaba su idea, los contactos que tenía y su experiencia en organizar actividades”, enumera María Jesús Lanciano. Junto a Natxo de Felipe, Santi Burutxaga fue el encargado de diseñar la programación musical y teatral. “El Arriaga era municipal pero lo gestionaba una empresa privada. Nos costó muchos tiras y aflojas poder organizar actos allí”, recuerda. Para las actuaciones, se tiró mucho de amistades que respondieron con entusiasmo al llamamiento. “Uno tenía el teléfono de la Orquesta Mondragón, otro el de Ramón Barea. Se cambiaban en la Araba Etxea, dormían en un hostal…”. Lanciano era la responsable de los toros pero, además, asumió la responsabilidad de lograr financiación extra. “Contactaba con tiendas, cajas de ahorros, bancos… para ver si podían poner algo de dinero”, explica. Pese al modesto presupuesto, lograron cerrar un completo programa festivo e incluso acumular un superávit de 360.000 pesetas, que permitió recuperar el Gargantua y los Gigantes, muy deteriorados por el tiempo. De hecho, en esa primera ocasión llegaron prestados de Gasteiz a través de Ángel Cámara, presidente de la Araba Etxea.

Se improvisó hasta la creación de la reina de las fiestas, la hoy en día omnipresente Marijaia. La idea de crear un símbolo de las fiestas surgió de Joshepe Zuazo y Álvaro Gurrea, que conocían a la pintora y escultora Mari Puri Herrero. Tomando como base a la dama de Anboto, de sus manos nació una mujer de altura, con los brazos en alto, llamativo vestido y sonrisa eterna. Fue toda una sorpresa, un regalo que hizo la Comisión de Fiestas a la ciudadanía y que, en principio, no estaba pensada para sobrevivir. “Hicimos un ataúd enorme para ella y le organizamos un funeral marinero”, recuerda Marino Montero.

La comisión de fiestas “tomó”, literalmente, el consistorio. Convirtieron el Salón Árabe en su centro de mando, donde siempre había alguien desde primera hora de la mañana hasta la madrugada. “Allí llegaban las cajas con los pañuelos y los carteles. Decidíamos, por ejemplo, dónde se cortaba el tráfico”, narra Burutxaga. “Se convirtió en nuestra casa”, recuerda Marino Montero, que por aquel entonces formaba parte del grupo Oskus, que organizaba actividades infantiles en las fiestas de los barrios. “Recuerdo a Juan Carlos Eguillor pasar horas y horas dibujando el primer cartel de fiestas, preguntándonos si nos gustaba. Era un trabajo muy colectivo, de estar juntos e intercambiar ideas”, relata Marino Montero. “Hacíamos de todo, desde ir con el dinero en el bolsillo para pagar a los grupos hasta mover una valla para un acto”. Según explica Landa, “los funcionarios estaban desconcertados;éramos los clandestinos, los comunistas… Y de repente estábamos al mando. Fue un choque muy fuerte”.

Santi Burutxaga aún recuerda la emoción al ver el gentío que se reunió para la primera bajada de las fiestas. “Ver a toda esa gente te demostraba que habías acertado. Tuvo un resultado tan extraordinario que animó a organizar los primeros carnavales”, reconoce. Para Lanciano, lo vivido fue algo “excepcional. Bilbao entero salió a la calle. Había muchas ganas de fiesta, de que fueran algo más que los toros y el teatro que muchos no podíamos pagar”. Santi Burutxaga lo confirma. “La gente quería salir a la calle, disfrutar de la libertad que se estaba empezando a recuperar”, considera.

Para Karmelo Landa, fue “una experiencia de dar vértigo pero salió bien y es algo de lo que te sientes orgulloso toda la vida”. “Había muchas ganas, mucho entusiasmo, una convicción general de que todo se podía hacer de otra manera”, incide Montero. Había nacido Aste Nagusia.

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