La otra familia de Gutiérrez

La bogadora de Deusto comenzó a remar al mismo tiempo que salió la trainera bilbaina al agua y ahora también ejerce de entrenadora en las categorías inferiores

Un reportaje de Jokin Victoria de Lecea - Jueves, 9 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Teresa Gutiérrez, antes de un entrenamiento en las instalaciones del club de remo de Deusto.Foto: Oskar González

Teresa Gutiérrez, antes de un entrenamiento en las instalaciones del club de remo de Deusto.Foto: Oskar González

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Teresa Gutiérrez, antes de un entrenamiento en las instalaciones del club de remo de Deusto.Foto: Oskar González

EL crecimiento de la Tomatera y de Teresa Gutiérrez ha ido de la mano durante tres años. Fue una de las remeras que formó parte de la primera trainera femenina de Deusto. Su bautismo en el mundo del remo, la primera vez que formaba parte de un club de remo y un salto al vacío, sin saber lo que se iba a encontrar en un deporte que solamente había conocido desde la orilla. No tardó en ganarse un hueco en la embarcación y poco a poco ganó también importancia en el club. Lo que era una experiencia desconocida para ella, pasó a ser forma de vida. Gutiérrez encontró una nueva familia, algo que “nunca había conocido” en los otros deportes que disputó. Deusto le enseñó a remar y le descubrió este nuevo mundo, por eso ahora trata de devolver parte de lo recibido colaborando con el club y ejerciendo de entrenadora en las categorías inferiores.

Deusto vivió en sus dos primeros años una progresión brutal. Dio la talla en su debut y en la segunda temporada dieron un paso adelante consolidando su proyecto. Este curso quieren dar un paso más, pero la bandera se resiste y aunque están cómodas en la segunda posición de la recién creada ETE, les falta la guinda del remate. “Es como un querer y no poder. Pero seguimos creyendo y tenemos la esperanza de que todavía llegue. Tenemos que trabajar muchísimo tanto en mar como en ría, pero a ver si cae. Si no es así, que no sea por no intentarlo”, declara. La Tomatera ha quedado segunda en todas las regatas de la ETE menos en una, pero Gutiérrez no solo se fija en los puntos, también mira a las sensaciones y a los tiempos, sintiendo que la falta de continuidad es su mayor hándicap: “Nos falta un poco de regularidad a la hora de remar, igual hacemos una regata buena y otra menos buena. Aun así, es difícil porque son tres solo tres años y hay mucha gente nueva y joven”.

La otra “familia”A pesar de que “nos hubiera gustado estar en la Liga Euskotren”, Gutiérrez opina que en la “ETE también se aprende” y está temporada también “estoy disfrutando mogollón”. Esto no es algo nuevo para la remera tomatera. Disfruta bogando para Deusto y aunque sea un deporte sacrificado, en el que el tiempo libre brilla por su ausencia, está convencida de que “merece la pena”: “Siempre he hecho un deporte y luego otro, iba cambiando. Llegué a la Tomatera y estoy muy a gusto. Desde la directiva, entrenadores, pasando por todos los remeros… hay muy buen ambiente y al final paso más tiempo en el club que en casa”. Ese sentimiento de club, de pertenencia a la Tomatera, es algo que lleva muy dentro Gutierrez. Deusto es su club y sus miembros son “como una familia”. “No es como en otros deportes que entrenas menos y no se hace tanto grupo. Aquí son seis días o siete, en los que nos vamos fuera a remar y cuando entrenamos no nos vamos hasta tarde. Siempre necesitas a alguien al lado”, añade.

Uno de los objetivos de la remera es trasladar esa mentalidad a sus pupilas, hacer que, al igual que le ocurre a ella, queden prendadas del remo. “Ya tenía experiencia como entrenadora de fútbol y en el remo lo básico podía enseñar también. Al principio tenía algo de miedo, pero luego tanteando un poco, fui viendo que las niñas confiaban en mí y que ahora me digan que quieren llegar a la trainera, es satisfactorio”, comenta. Pero para poder llevar a cabo sus labores de entrenadora y remera ha tenido que cuadrar los horarios y muchas veces ha tenido que convivir con situaciones “catastróficas”. Ahí aparece ese espíritu de club para ayudar y “siempre que hacía falta ayuda para recoger las cosas o cualquier cosa, ahí estaba Fernando o mis compañeras”. Colaboración continua dentro y fuera del agua en un deporte que Gutiérrez descubrió en un salto al vacío y donde encontró una forma de vida.

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