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Aprende, Ana Rosa

José Ramón Blázquez - Lunes, 6 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Columnista José Ramón Blázquez

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Columnista José Ramón Blázquez

y al tercer día habló Ana Rosa Quintana. Rompió el silencio sobre la detención de su marido, implicado en un presunto delito de extorsión a un abogado. Telecinco le había dedicado al caso 30 segundos en el informativo de la noche de San Ignacio, mientras que el programa de verano de AR, que ocupa su ausencia por vacaciones, evitó pronunciarse durante las dos jornadas posteriores, lo que se interpretaba como censura al equipo de la reina de las mañanas. Ahora era ella, colateralmente, la señalada. El silencio, tan mafioso, es el método Mediaset ante los inocultables males de la casa. Ya en 2013 y 2015 apenas comentaron las condenas al dueño del tinglado, Silvio Berlusconi, por corrupción, abuso de poder e incitación a la prostitución infantil. Y ella misma protegió a su antiguo colaborador, Màxim Huerta, cuando se conocieron sus fraudes fiscales y, solo al final, con la dimisión, criticó al fugaz ministro. Ya se sabe: las palabras te definen y los silencios te delatan.

Verás, Ana Rosa, deberías aprender la lección. Tú, que has vilipendiado a tantas personas por menos de lo que la Fiscalía Anticorrupción aún imputa a tu pareja;tú, que calificaste de mamarracho a Oriol Junqueras y te has saltado a la torera toda presunción de inocencia;tú, que emitiste los tuits particulares de Puigdemont, mancillando su intimidad;tú, que te has desgañitado contra ideas y dirigentes políticos que no eran de tu gusto;tú, plagiaria y pretenciosa, que te has situado por encima del bien y del mal como falsa sacerdotisa y querías ser la Oprah Winfrey española pero sin su talento y honestidad, de repente te has encontrado al otro lado, en la indeseable diana de los reproches públicos donde uno se siente desolado e indefenso. La lección, señora, se llama humildad. Ya ves, también tú eres vulnerable.

Lo peor que podría ocurrir es que todo quedase en serpiente de verano y Quintana no alterara su discurso feroz de cada día. Que continuase en su trinchera. La vida le ha ofrecido una oportunidad de cambio. En fin, nos vemos en septiembre.

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