Historias de... Yuki y Jokin

Yuki, el trikitilari de la katana

Jokin San José, profesor de trikitixa, recibió hace unos meses un mensaje insólito: un japonés quería tocar con él. Ahora Yuki Kojima veranea en Algorta y aprende el instrumento

Por Concha Lago - Jueves, 2 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h

El trikitilari de Algorta Jokin San José y su discípulo de Nagoya, Yuki Kojima. Fotografía de Oskar M. Bernal

El trikitilari de Algorta Jokin San José y su discípulo de Nagoya, Yuki Kojima. Fotografía de Oskar M. Bernal

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El trikitilari de Algorta Jokin San José y su discípulo de Nagoya, Yuki Kojima. Fotografía de Oskar M. Bernal

YUKI naiz”. Se presenta con una sonrisa de oreja a oreja el japonés aprendiz reciclado de trikitixa que está enEuskadi para pasar sus vacaciones y tocar este instrumento. Yuki Kojima tiene 32 años y es de Nagoya, la cuarta ciudad más poblada de Japón. Dos millones y medio de habitantes se amontonan en apenas 326 kilómetros cuadrados. Su profesor es Jokin San José, 28 años, de Algorta, apenas 39.000 habitantes. Dos universos totalmente dispares separados por 10.000 kilómetros pero unidos por un lenguaje universal, la música. Yuki vio a Jokin, profesor de trikitixa y pandero en Algorta y Laudio, en YouTube, a través de un canal donde San José sube canciones tocando en diferentes lugares, y se comunicaron. Después de unas clases vía WhatsApp e Internet, a Yuki le enamoró tanto el instrumento que el pasado 23 de julio decidió viajar a Algorta para recibir clases en vivo y en directo, entregado de lleno a la triki.

Y es que Yuki tiene ahora una trikitixa maravillosa. “Por muy euskaldunes que sean, la mayoría se fabrican en Italia. Le ayudé a pedirla, se la enviaron a Suecia y luego a Japón”, explica Jokin. Aunque a un japonés le cueste decir el precio, Yuki confiesa que le costó ¡¡¡3.300 euros!!! “Es que es muy artesanal, de madera, de alta calidad, y el sonido está muy bien, es de las mejores”. Entonces abre el estuche y saca una preciosidad de madera de nogal.

Luego, Yuki -que regresará a Japón el próximo día 5- toca sus primeros acordes y suenan realmente bien. “Ha mejorado mucho, y la verdad es que toca bastante bien para los tres meses que lleva ensayando. Él ya sabía algo porque le di clases, pero ha venido ex profeso para recibir las instrucciones cara a cara, y ha invertido sus vacaciones en esto”.

Melómano empedernido, Kojima es músico y pasó varios veranos en Galicia aprendiendo a tocar la gaita gallega, tras embelesarse con las melodías de Carlos Núñez. De hecho, él mismo la enseña a quince alumnos en Nagoya. Porque, desafiando todos los tópicos nipones, a Yuki le gusta más el folclore del norte de la península. “Lo que para él encierra más dificultad es que en la triki, el mismo botón abriendo suena de una forma, y cerrando suena de otra. Y eso que él sabe tocar el piano, pero en ese instrumento las mismas notas son las mismas teclas y aquí no”, aclara San José

Con Yuki, el getxotarra ha instaurado una técnica muy depurada de clases vía WhatsApp. “Le mando una partitura y luego un vídeo explicativo y cada semana, o cada dos, hacemos una vídeollamada por WhatsApp para resolver dudas y preguntas”, resalta Jokin, que siempre se entiende con su alumno en inglés. Como los secretos de tocar decentemente es “echarle horas”, ahora le enseña durante un par y él practica solo otras tres, como mínimo. “Si yo escribiera un libro de cómo tocar la trikitixa para ser el mejor del mundo, solo tendría una página que dijera: Mete horas”. El truco es ese. “Conozco mucha gente que es muy buena en su trabajo porque le ha metido muchas horas”, sentencia San José.

Yuki Kojima quiere aprender canciones tradicionales. Ya conoce unos diez temas populares y estos días ha aprendido otros tres, “pero le gusta que tengan cierta dificultad”, apuntala el profesor getxotarra que ya le ha lanzado a la calle a tocar con otros de sus alumnos. Mientras tanto, Yuki confiesa que de Algorta le gusta todo. “La naturaleza lo que más, el verde, la playa, y sobre todo la comida y los chipirones. Eso black...”, dice, otra vez sonriendo.

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