Historias de... Florencia, Diego y Jorge

Kumbia Kalea y a mover la cadera

El ritmo caribeño se apodera de una Euskadi casi tropical y los compases de cumbia hacen obligado menear la cadera. Lo consiguen dos chilenos y un vizcaino de Kumbia Kalea

Por Concha Lago - Lunes, 30 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Los jóvenes chilenos Florencia Espinosa y Diego Dolarea, con el leioztarra Jorge Varela.

Los jóvenes chilenos Florencia Espinosa y Diego Dolarea, con el leioztarra Jorge Varela. (Foto: Oskar González)

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Los jóvenes chilenos Florencia Espinosa y Diego Dolarea, con el leioztarra Jorge Varela.

ES oírles y empezar a mover el esqueleto. Al principio, de manera tímida, y luego ya, despendolados. En plena Gran Vía bilbaina, un grupo callejero, Kumbia Kalea, formado por un leioztarra, Jorge Varela, y dos chilenos, Florencia Espinosa y Diego Dolarea, despliega sus habilidades en un concierto sabrosón. Al micrófono está Florencia, de 28 años, que lleva catorce meses en la capital vizcaina. Canta muy bien, con un ritmo de esos que te llevan un paso palante y otro pa atrás, aunque en Bilbao seamos más dados a un ejercicio menos rítmico, el de levantamiento de chiquito. “No es que la gente baile mucho, pero sí que hay algunos que se pegan sus bailecitos un buen rato”. “Estoy contenta, la gente no está familiarizada con la cumbia y, sin embargo, cuando la oye se queda escuchando”, asegura la joven para quien el baile y la cumbia nacieron abrazados.

Aunque generalmente ignorada por los intelectuales, la cumbia es la música más popular en casi todos los países de Latinoamérica desde hace más de medio siglo. En todos los lugares se ha mezclado con ritmos e idiosincrasias locales sin perder su clásica cadencia ni su espíritu bailable. Porque es un ritmo que nunca falla. Por eso se les puede oír tocar muchas mañanas entre las 11.30 y las 13.30 horas, por la Gran Vía o el Casco Viejo, “a veces también nos salen bolos y salimos fuera”, dicen. “Lo legal es estar 45 minutos por sitio, después hay que cambiar de lugar, pero no suele haber problemas y la Policía Municipal tiene buena onda con nosotros”, proclama Florencia. “Si controlamos el tiempo, no hay ningún drama. Es importante respetar las normas y también respetarse entre los músicos callejeros”, explica Florencia. “Llevamos tocando juntos un año. Yo conocía a la novia de Diego, que es de mi misma ciudad, y empezamos a hablar por WhatsApp con la idea de formar un grupo y cantar aquí”, remata.

Dolarea, de 30 años, cree que los vizcainos reciben cada vez mejor este tipo de melodías. “La gente es superreceptiva. Algunos tienen vergüenza de mover la cadera en público, por eso los niños y los mayores son los que más se lanzan”. Llegado hace diez años, reconoce que para muchos inmigrantes, conseguir los papeles es todavía una gran lucha. “Un vasco llega a Chile y le dan los papeles en dos minutos y a mí me bloquean durante tres años. Pero así funciona el mundo y la burocracia. Y además ¿qué nos van a hacer si no los tenemos? ¿nos van a encarcelar?”, cuestiona, asegurando que “antes había dinero para deportarnos y ahora ni eso”.

Diego afirma que no salió de Chile por necesidad. “No me vi obligado a escapar. No nací en el gueto chileno. Tuve la suerte de ir a un buen colegio, de estudiar... Y eso que Chile no es Venezuela, pero también hay mucha pobreza y mucha desigualdad, mucho más que aquí”.

El trío suele tocar en la calle y en bares “y sobre todo por zonas donde pase mucha gente y haya pocos vecinos para que no tengan mucha contaminación acústica”, se solidariza Dolarea. En Aste Nagusia no saben si se quedarán a actuar en la capital vizcaina. “Es que el año pasado nos dimos cuenta de que hay mucho trajín, que hay mucha gente que viene de fuera para tocar estrictamente en fiestas en la calle y lo tenemos un poco más difícil”, dice Jorge Varela, de 22 años, totalmente abducido por la cumbia. “Además hay muchas actividades culturales gratuitas y la gente anda menos por la zona por donde solemos tocar”, matiza.

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