Al cruzar la frontera desde México

45 días separados por la “tolerancia cero” de Trump

La angustia de Otilia y Geremy se repite en miles de familias migrantes

Alex Segura Lozano - Lunes, 30 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h

La guatemalteca Otilia Asig-Putul junto a su hijo Geremy.Foto: Efe

La guatemalteca Otilia Asig-Putul junto a su hijo Geremy.Foto: Efe

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La guatemalteca Otilia Asig-Putul junto a su hijo Geremy.Foto: Efe

Washington- Entre el 12 de mayo y el 25 de junio: 45 días de interminable espera, lágrimas y sufrimiento para la guatemalteca Otilia Asig-Putul y su hijo Geremy, un pequeño de 11 años que fue separado de su madre por el Gobierno de Estados Unidos al cruzar la frontera desde México de manera ilegal.

Después de una odisea de viaje desde el departamento guatemalteco de Petén , Otilia y Geremy llegaron al estado de Arizona en busca de asilo, un anhelo que se tornó en pesadilla a las pocas horas de pisar suelo estadounidense.

“Un oficial se acercó y me dijo que lo sentía mucho pero que me iban a separar de mi hijo porque el presidente (Donald Trump) así lo había ordenado (...). Tu niño se va a ir a un centro y tú a otro”, relata con la voz entrecortada Otilia.

La guatemalteca de 31 años fue enviada a un centro de detención de San Luis, mientras que su primogénito fue trasladado a uno en Chicago, a unos 2.700 kilómetros de distancia, sin que ella supiera el destino de su hijo. La madre recuerda con “mucho dolor” el momento de la separación. “No entendía lo que estaba pasando y los dos estábamos llorando. Lo abracé muy fuerte y le dije que se tranquilizara, que pronto estaríamos juntos otra vez”, rememora.

Este fue el inicio de los 45 días que estuvieron apartados el uno del otro, el episodio “más traumático” para ambos, asegura Otilia.

Los dos abandonaron su país de origen “por miedo a la violencia y para buscar un futuro mejor”, sobre todo para el niño, que es el mayor de sus cuatro hijos. Los otros tres se quedaron en Guatemala con sus abuelos paternos, ya que el padre de las criaturas se desentendió de ellos hace tiempo. “Nunca me imaginé pasar por algo así”, dice convencida Otilia, que atiende a Efe emocionada.

A los cinco días de estar separados, el Departamento de Salud de Estados Unidos, a cargo de los inmigrantes detenidos, dejó a la madre que llamara a su hijo. Desde ese instante y a pesar de insistir a diario, ya no pudo volver a contactar con Geremy hasta el trigésimo segundo día de estar alejados.

Poco después de esta segunda llamada, uno de los menores del centro de detención de Chicago le puso la zancadilla a Geremy, que cayó contra la esquina de una cama metálica y sufrió una herida importante en la cabeza por la que requirió tres puntos de sutura en un hospital.

DenunciaEste suceso y el hecho de que Otilia no fuera informada de la lesión de su hijo mientras estaban separados forman parte de la demanda que presentó la guatemalteca en un tribunal de Miami, poco después de ser liberada. La denuncia, elaborada por los abogados de la organización Nexus Derechos Humanos, acusa al centro de detención Heartland y a tres de sus supervisores de no proveer un cuidado “adecuado” a los niños inmigrantes bajo su custodia.

La liberación de Otilia, que llegó tras estar 36 días arrestada, fue gracias al pago de una fianza de 20.000 dólares, que fue depositada por un fondo del mencionado grupo de derechos humanos, con sede central en Virginia.

La de su hijo Geremy llegó nueve días más tarde. “Fue un día de felicidad, en el que lloramos otra vez, pero de alegría”, recapitula la mujer. Finalmente, Otilia y Geremy pudieron reunirse para empezar una nueva vida en Virginia y tratar de pasar página así de las 45 interminables jornadas en las que estuvieron a miles de kilómetros por culpa de la política “tolerancia cero”.

De los 465 niños que la Cancillería de Guatemala estima que han sido separados en la frontera de Estados Unidos por las políticas migratorias de Trump solo han sido reunificados con sus familias quince. - Efe

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