El desalojo de los sin techo del frontón de Rekalde

Por Manu Arrue - Sábado, 28 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h

EL frontón de Rekalde ha salido reiteradamente en medios. Ninguna vez lo hemos pedido nosotros. Pero ahora que se ha desalojado, sí queremos decir una palabra. Un vecino decía que es una sensación agridulce el desalojo. Para nosotros también. “Todo es según el dolor con que se mira”, cuando uno se implica goza y sufre más.

La cosa comenzó cuando una persona inmigrante asentada en Uretamendi, viendo a unas personas que dormían en el frontón, hizo lo que podía: bajar con un termo de leche y otro de caldo y que fuesen a la cama un poco calentitos. Él sabía lo que era eso de dormir al raso, por propia experiencia a su llegada, y le funcionó el corazón. Al cabo, nos sumamos otros cuantos y para mediados de diciembre éramos ya un grupo que podíamos asegurar la presencia diaria.

Éramos esperados por nuestros compañeros del frontón, y nosotros esperábamos ese momento. Nos poníamos cara y nombre. Y escuchábamos. Al cabo de escuchar aprendíamos por qué estaban así, bien porque habían perdido su trabajo después de un tiempo o porque estaban de paso o porque querían trabajar y mandar dinero a sus familias… El dormir en la calle era parte del precio a pagar para salir adelante en la vida. Eso era lo realmente importante: salir adelante.

Y entre todos se nos ocurrían salidas. Por ejemplo, ponernos en relación con entidades sociales donde pudieran estudiar castellano o CIPs donde aprender mínimamente un oficio, ponerles en relación con búsqueda de empleo. O con el SMUS a ver si conseguían un sitio en el albergue, con Médicos del Mundo para temas de salud;también conseguimos algunos dineros para pagar viajes a los que se iban. E hicimos una asamblea para hablar de la convivencia. Nos pusimos de acuerdo en varias cosas: mantener el frontón limpio, con horarios, sin peleas, con respeto… y se cumplía.

Creemos que es de justicia poner en marcha un sistema público estable de acogida para personas migrantes y refugiadas,

También descubrimos que había situaciones que piden un cambio de rumbo radical de la sociedad y la Administración. Nos enteramos, por los jóvenes que llegaban al frontón, de que la Diputación al cumplir 18 años, pone a la mayor parte de los jóvenes que han pasado por los centros de menores en la calle. ¿Qué harían nuestros hijos en un país extraño, sin casa, sin posibilidad de trabajo…? Aunque sea legal, esto es inhumano. Es casi provocar el delito. Es necesario y urgente un plan joven que previamente sea educativo mientras estén en los centros de menores y cuando salgan de ellos se les acompañe de un modo educativo. Esto es una reivindicación básica y necesarísima. Esto sí es cosa de la Administración.

Llegaba el tiempo de dar salida a esta situación. ¿Cómo lograr un espacio para 20 personas por lo menos, en un lugar parecido a un albergue? La solución llegó de un acuerdo entre el Ayuntamiento, las entidades sociales, grupos de vecinos organizados y nosotros que de alguna manera representábamos el frontón. Se pueden hacer las cosas dialogando y proponiendo. Harribide se comprometía a acoger a 15 personas y así lo va haciendo. Desde educadores sociales-Bizitegi se siguió hablando con el resto de las personas para conseguir un espacio: albergue… A los jóvenes les propusimos clases de castellano de tal manera que se ligasen a entidades donde continuar en relación. A la hora del cierre del frontón había cinco personas que fueron desalojadas. Ellas no se acogieron a ninguna de estas fórmulas. De verdad que lo sentimos… no teníamos más que ofrecer. Sólo tenemos sus teléfonos para seguir en relación.

Al final, agradecer a tantos vecinos que anónimamente han proporcionado alimentos o apoyos económicos, ropa y nos han acompañado alguna noche;agradecer al grupo eskaut de Rekalde que noche tras noche ha estado colaborando. Y al grupo de vecinos organizado en asociaciones que han sido aquellos con quienes hemos podido seguir buscando una salida.

También hubo momentos de tensión, cuando un grupo de Rekalde a través de las redes sociales dijo con mentiras, queriendo posicionar a la población contra los inmigrantes, que desde que están ellos hay más robos. Sin embargo, según datos de la Policía Municipal, ha habido menos robos en Rekalde este año con los inmigrantes en el frontón. A ella siempre hemos tenido acceso, han estado cercanos y colaboradores. También hubo tensión cuando unos encapuchados atacaron a unos inmigrantes que dormían en el frontón, pero los medios de comunicación, al contarlo, lo pararon.

Estando con los inmigrantes, y viendo que siguen llegando, creemos que es de justicia poner en marcha un sistema público estable de acogida para personas migrantes y refugiadas, como exige Harresiak Apurtuz, que tiene más autoridad que nosotros. Es el momento de ir pensando en inversiones en origen (de tal manera que nadie tenga que salir de su país, si no quiere). Y es hora de desempolvar el famoso 0,7 que íbamos a aportar el norte para los países en desarrollo.* Junto con 17 personas más, del Grupo Tanta

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