Tribuna abierta

Un Bilbao para nuestros nietos

Por Mikel Etxebarria Dobaran - Miércoles, 25 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h

MaYNARDKeynes, el economista -no le hacía falta título oficial para ello- más influyente del siglo XX, escribió un libro, basado en una conferencia suya, titulado Las posibilidades económicas de nuestros nietos. A pesar de hacerlo en plena recesión con los efectos de la terrible crisis de 1929, su visión era optimista. Auguraba que evitando las guerras y las escaseces, la tecnología permitiría una vida mejor a las futuras generaciones.

Los que vivimos en Bilbao tenemos la suerte (aunque dicen que la buena suerte no viene dada sino que se busca y se consigue) de disfrutar, hoy en día, de una ciudad a escala humana, moderna, limpia, rodeada de verde, atravesada por una ría navegable, con un clima templado, con biofilia, que según Erich Fromm es la pasión por lo viviente. Y es que los seres humanos necesitamos a la naturaleza para nuestro equilibrio emocional, para nuestro desarrollo anímico. Hay que decir que también llueve mucho, a veces no al gusto de todos, que no es oro todo lo que reluce y que algunos barrios y zonas necesitan más cuidado y atención.

Bilbao nació en el siglo XIV como villa medieval, en el siglo XVI pasaría a ser villa mercantil, y en el siglo XIX, villa industrial. En el siglo XX tras una profunda crisis y con una enorme transformación pasa de ciudad posindustrial a ciudad amable. Y ahora quizás debería pasar a ciudad inteligente, a ciudad tecnológica. Todo esto lo suele explicar fantásticamente el exalcalde de Bilbao y sobre todo muñidor de su transformación urbanística, Ibon Areso.

Uno mismo que nació a finales de los años 50 al lado del Ayuntamiento y de la ría puede certificar que Bilbao era gris e industrial, que la ría estaba sucia y contaminada, que no estaban lejos los Altos Hornos a pleno rendimiento, que los astilleros estaban casi en el centro de la villa, que las viviendas circundantes a la ría procuraban darle la espalda. No obstante, Bilbao tenía, cómo no, sus encantos;como decía Rilke, “la verdadera patria del hombre (y de la mujer) es su infancia”, vivíamos felices en ese entorno porque era el nuestro, era nuestra casa y además no conocíamos otro.

Los que vivimos en Bilbao tenemos la suerte de disfrutar de una ciudad a escala humana, moderna, limpia, rodeada de verde, atravesada por una ría navegable, con un clima templado y con biofilia

Lo que tenemos que hacer ahora es aprovechar nuestros encantos, ya que tenemos una ciudad de postal con calidad de vida. En gastronomía, somos la Culinary Nation, con prestigio mundial. En cultura, con nuestros innumerables museos, con nuestro milenario euskera, con nuestras prestigiosas universidades. Nuestra apuesta por la tecnología, por los nuevos desarrollos urbanísticos… Además, Bilbao no es solo una ciudad, sino un relato, el de la superación, el de la reinvención, el de la reconversión, el de la refundación.

Tampoco debemos olvidarnos de hablar de nosotros mismos. Sigamos el consejo de Unamuno y dejemos de ser mudos, escondamos nuestra vergonzosidad, como él la llamaba, y contemos cómo somos y qué hacemos. Digámoslo claramente, que, en general, somos gente emprendedora, personas serias y de palabra, trabajadores infatigables, un poco testarudos pero nobles… Presumamos también de bilbainos ilustres: Unamuno, Aresti, Blas de Otero, Juan Larrea, Arriaga, Arteta, Arana, Aguirre, Arrupe, Mazarredo, Gardoqui, Eguileor, Pichichi, Casilda Iturrizar, Rafaela Ibarra, Almunia, Olea, Achúcarro, Alex de la Iglesia...

Nuestros objetivos como ciudad no deberían ser solamente satisfacer las necesidades de los actuales habitantes de Bilbao y poder atraer más turistas. No, no es suficiente. Debemos y tenemos que ser más ambiciosos. Hay que atraer y retener al talento. Tenemos que conseguir que vivan y trabajen aquí competentes profesionales de otras latitudes. El talento es móvil y va donde está más a gusto. Que vengan ideas, empresas, personas, familias… Para ello es preciso hacerse más atractivos y conseguir crear vínculos culturales y afectivos. Es absolutamente imprescindible tener una imagen de marca, pero que no sea solo estética o cosmética sino que sea real, seria, consistente, consolidada, que contemple también nuestro hinterland (Euskalherria, el golfo de Bizkaia) y mantenida en el tiempo. Somos un paraíso inmediato y rápido, de belleza en cinco minutos suele decir Asier Alea. Todo junto, monte, ría y mar, verde y azul, centros de cultura y de negocios, templos culinarios y deportivos, lo rural y lo urbano, lo ancestral y lo moderno, la txalaparta y el Internet de las cosas… Este caldo de cultivo deberá propiciar además que la producción de niños vaya in crescendo;vendrá además bien para el futuro tanto del Athletic como de las pensiones.

Entiendo que ya lo estarán haciendo, pero no obstante, sugiero a nuestras autoridades políticas que además de la buena gestión del día a día, condición necesaria pero no suficiente, tengan la mente en la ciudad del futuro. En qué ciudad queremos, cómo la queremos, para quién la queremos. Y en ese sentido van estas sugerencias. Entiendo además que deben ser ellos quienes abanderen el liderazgo de esta tarea para que tenga buen fin, que sean más estadistas que meros gestores. Pero no deben estar solos. La sociedad civil, las universidades, las empresas, todos nosotros, nos debemos implicar porque es algo que incumbe a todos. La responsabilidad es colectiva y por tanto debe haber un trabajo en común y una colaboración público-privada.

Para ser una ciudad faro, un lugar singular y un referente, tenemos los mimbres necesarios, amén de los ya mencionados, un crecimiento económico sostenido y una estabilidad institucional, que debemos preservar. Agreguemos a lo de ser una ciudad amable el ser una ciudad inteligente, moderna, tecnológica… De las ciudades y de las relaciones humanas , empresariales y comerciales que surgen, emanan las riquezas tanto materiales como inmateriales, surge la prosperidad, se irradia la cultura, se transmiten los valores a las siguientes generaciones.

Que nuestros nietos, como les ocurría a los nietos teóricos de Keynes -ya que en realidad ni tuvo hijos- puedan vivir mejor en la Bilbao tecnológica e inteligente, con biofilia a flor de piel, con pasión por la vida, con verde por todo su entorno, con olor a hierba fresca, con equilibrio emocional. Reconozcamos a una ciudad con alma, que ser bilbaino es una forma particular de ser ciudadano del mundo. Y que el mundo entero, ese Bilbao más grande según Unamuno, pueda percibir porque hemos sabido transmitirlo, que el amor por la vida y Bilbao son la misma cosa.

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