Hurrengo geltokia... Artxanda

Plácido recorrido en ‘funi’

El viaje es corto y lento, pero de altura. Desde la plaza del Funicular se toma el tren de cable con el que se llega hasta uno de los balcones de Bilbao. Compartimos viaje con uno de sus conductores

Por Sandra Atutxa - Miércoles, 25 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Plácido Barredos

Plácido Barredos (Jose Sampedro)

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Plácido Barredos

VAYA altura! Da hasta un poco de miedo”, comentaba Marta, una argentina de visita en Bilbao y que aprovechó la tarde de ayer para pasar unas horas en Artxanda. Subió en funicular. En menos de cuatro minutos se plantó junto a su marido y su hija en lo más alto, en un bello paraje desde donde se divisa la capital vizcaina. “Me han dicho que las vistas son espectaculares”, dijo. No fue la única. Estos días son miles los turistas que se fotografían en uno de los balcones de la villa para disfrutar del paraje.

Sin duda el funicular de Artxanda se ha convertido en un reclamo turístico cada vez más de moda. En 2017 batió un nuevo récord de viajeros con 829.627 personas que utilizaron el servicio. Por la tarde, a los mando del funi iba ayer Plácido Barredos, conductor con quince años de experiencia que accedió amablemente a compartir con DEIA sus mil y una hazañas en el tren de cable bilbaino. “Son muchas las anécdotas, algunas buenas y, otras, no tanto”, dice. Como en aquella ocasión en la que realizando el viaje de descenso tres niños invadieron por sorpresa la zona de la vía. “Menos mal que el compañero que estaba abajo me avisó. Hubo algún problema y los chavales pudieron acceder a ese espacio. Reaccionamos muy rápido y todo quedó en un susto”, cuenta Plácido, quien ayer compartía turno con Marijose, otra veterana conductora. “Durante la tarde nos turnamos: ahora yo llevo el funi y ella se encarga de la taquilla”, describe.

El ascenso hacia Artxanda es corto, pero intenso, con una pendiente muy pronunciada, en algunos puntos con un desnivel que alcanza el 47%. “Sí que hay cuesta sí. Nosotros estamos acostumbrados, pero para el que viene por primera vez no cabe duda de que impone tanta altura”, explica el conductor. Incluso hay un momento en el que se cruzan los dos trenes y es inevitable respirar hondo. “¡Qué pasada!”, exclama un joven de Toledo que viaja con su familia. “Merece la pena la experiencia”, apunta. A lo largo del recorrido trasladamos una duda al conductor: ¿Es fácil llevar el funi?” “Todo tiene su dificultad”, aclara Plácido. Entre los mandos que afloran en el panel de control del tren Plácido señala varios. Todos son importantes, pero el blanco -para reducir la velocidad- y, otros de color rojo para frenar en caso de emergencia son los que tiene, si cabe, más en cuenta. La velocidad es siempre la misma, 18 km/h. No es la primera vez que ha tenido que frenar de manera brusca porque se le ha cruzado un corzo. “En otra ocasión me salieron varios perros grandes y tuve que parar el tren de golpe. Son cosas que pueden pasar”. Afortunadamente, según el conductor, se tratan de percances aislados. Ayer disfrutamos de un plácido recorrido en funi que, sin duda, volveremos a repetir.

El viaje es corto y lento, pero de altura. Desde la plaza del Funicular se toma el tren de cable con el que se llega hasta uno de los balcones de Bilbao. Compartimos viaje con uno de sus conductores

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