Soldado del Batallón Itxarkundia del PNV

Iñaki Errekabide, gudari testigo de los bombardeos de Durango y Gernika

Iban Gorriti - Domingo, 22 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Iñaki Errekabide.

Iñaki Errekabide. (Foto: Mauro Saravia)

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Iñaki Errekabide.

Durango- Desgraciadamente, un gudari menos vivo. El pasado viernes día 6 falleció Iñaki Errekabide, soldado del batallón Itxarkundia, unidad de combate del PNV, de las milicias vascas Eusko Gudarostea. Con su muerte -comunicada amablemente por el fotógrafo Mauro Saravia- son alrededor de 16 los combatientes del Euzkadi’ko Gudarostea (Ejército de Euzkadi) del lehendakari José Antonio Aguirre que aún quedan con vida.

Nacido en Zizurkil en 1916, Iñaki Errekabide fue vecino de Legazpi y residía en Hendaia desde 1949, año en el que cruzó la frontera de forma clandestina. Como bien recuerda la asociación memorialista Intxorta 1937 Kultur Elkartea, el gudari estuvo luchando por las libertades en las batallas de Legutio (Villarreal) y en la resistencia de Artxanda cuando los golpistas y sus aliados estatales e internacionales estaban a punto de tomar Bilbao, en junio de 1937.

Además, fue testigo de dos hitos históricos más: los bombardeos de Durango del 31 de marzo de 1937 y el posterior de Gernika-Lumo del 26 de abril de ese mismo año. Militaba, alistado de forma voluntaria, en el batallón Itxarkundia de las milicias vascas Eusko Gudarostea y más adelante unidad también perteneciente al Euzkadi’ko Gudarostea.

Según una investigación de Francisco Manuel Vargas Alonso, tras la ruptura del Cinturón de Hierro, los franquistas aislaron el casco urbano de Bilbao en la mañana del 19 de junio, y las fuerzas nacionalistas vascas aisladas en su interior “improvisaron la entrega sin lucha con el fin de salvaguardar sus vidas”. Para este fin se ofrecieron como intermediarios el comandante Aguilar, militar franquista que estaba escondido en Bilbao, y algún industrial.

Este hecho, dejó en manos de los golpistas numerosos prisioneros y abundante material, y “se presentó como el mal llamado Pacto de Bilbao, porque en realidad, en Bilbao negoció con el enemigo la entrega de la ciudad en una especie de Junta improvisada formada por la mayoría de los mandos de las unidades dejadas en la villa hasta última hora con el fin de defender el orden público”.

Al final, la entrega incluyó a los batallones Itxarkundia -en el que luchaba Errekabide-, Itxasalde, Otxandiano, Saseta, Malato, Irrintzi, a la ‘Ertzaña’, a personal de la Jefatura de Guerra Química y otros servicios. Las únicas fuerzas organizadas de izquierdas caídas en Bilbao fueron parte del batallón Amuategui (JSU), y grupos de rezagados que no participaron en los contactos, y se vieron imposibilitados de salir de la villa por el fuego enemigo sobre la carretera de Zorroza.

Como curiosidad del batallón Itxarkundia, hay quien afirma que Alejandro Lizaso Eizmendi (quien fuera capitán de ametralladoras de esta unidad) fue quien añadió al himno Euzko Gudariak el final que dice “Irrintzi bat entzun da mendi tontorrean, goazen gudari danok ikurriñan atzean”.

Hecho preso por los facinerosos, Iñaki Errekabide fue enviado preso de Franco a un batallón de trabajadores en Miranda de Ebro (Burgos). Le destinaron a Nafarroa a hacer carreteras “a 12 grados bajo cero”, relataba en sus duros recuerdos. También le obligaron a estar presente en la batalla de Teruel, donde tuvo una labor indeseable: “Rescatar cadáveres y quitar bombas”, agregaba. En su acercamiento a Euskadi, le destinaron a Oiartzun e Irun para construir carreteras, “por ejemplo, la de Aia”, completaba.

El héroe vasco ahora fallecido retornó a su hogar a los cinco meses de acabada la guerra. Y la vuelta no fue fácil. Nada fácil. En Legazpi no le dieron trabajo “por rojo separatista” y lo enviaron a un batallón disciplinario, de forma más concreta, a construir con trabajos forzados el aeropuerto de Lavacolla, en A Coruña. De hecho, el servicio militar obligatorio franquista tuvo que hacerlo también en Galiza, en Santiago de Compostela.

A su segundo regreso a casa, fue calificado como “desafecto”, pero consiguió un trabajo en una forja, por lo que se mudó a Eibar y de allí a Iparralde, Grenoble, los Alpes, y París, para acabar jubilándose en Hendaia, donde vivía. Iñaki Errekabide es uno de los últimos gudaris que se han conocido que estaban vivos. Se supo tras un homenaje que se realizó en Elgeta bajo el lema Intxortako Erresistenteen Eguna en abril de 2015. Una persona presente informó de que un familiar suyo era del Batallón Itxarkundia y seguía con vida en Iparralde.

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