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Rajoy pasa de puntillas

El expresidente del Gobierno evita un mínimo guiño sobre su relevo en un congreso del PP que le aclama, pero inquieto y dividido por una elección sin un favorito claro

Juan Mari Gastaca - Sábado, 21 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h

columnista juan mari gastaca

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AHÍ os dejo”, debió pensar en silencio Mariano Rajoy al despedirse ayer bajo una interminable salva de aplausos sin musitar siquiera una sola palabra sobre su relevo preferido en la presidencia del PP. La última bala de la unidad se quedó así para siempre en la recámara de este congreso profundamente dividido y que incluso ha desperdigado por salones a los 3.082 compromisarios, víctimas de una horrorosa organización que da pábulo a interpretaciones maliciosas. Por lo tanto, Pablo Casado, presto y en pie ante Dolores de Cospedal para escuchar su informe de descargo aprobado a mano alzada y sin recuento, y Soraya Sáenz de Santamaría, sin moverse en su butaca en la misma escena, dirimen su suerte en medio de una rivalidad enconada, de bilis acumulada en 15 días de desgarro que va a resolver un puñado de votos. Los cánticos a la unidad son una falacia porque ambos se rehuyen y es más que probable que acaben repeliéndose. La candidatura de la exvicepresidenta no tiene sitio para más agravios.

En los pasillos de este hotel madrileño sin boato alguno muy pocos se atreven a mojarse porque les va en suerte su futuro personal. Asisten a unas elecciones comprometedoras al extremo y, sobre todo, asaeteadas por demasiadas cuentas pendientes, a las que tampoco es ajena la delegación vasca -atentos a la soterrada lucha entre seguidores de Alonso y Javier Maroto- que tanto se juega en el resultado de este mediodía. Desde el lunes se escucharán los ruidos de sables. La revancha está garantizada y tampoco sería extraño que ahí radique la evasiva decisión de Rajoy de dejarles a su suerte y pasar de puntillas en una jornada plagada de emotividad y destinada a su mayor gloria tras las improvisaciones que motivaron un retraso de media hora en la apertura.

Nadie sabe quién va a ganar pero todos asumen que está asegurado el riesgo de división. Estas primarias se han olvidado del debate de las ideas más allá del rescate del catálogo fraguista y en cambio han permitido ajusticiar los viejos odios -revelador el hacha de varios exministros- hasta límites tan inestables que comprometerán las primeras decisiones del equipo ganador. Quizá por esta ausencia timorata en campaña sobre la defensa orgullosa del legado del Gobierno Rajoy ha tenido que venir su presidente a dignificar su pasado. Al hacerlo, con las habituales referencias previas a la crisis económica resuelta y a la mano dura contra el independentismo en Catalunya, volvió a cobrarse la enésima pieza de Aznar con su dardo envenenado de que jamás negoció con ETA ni cedió al traslado de presos hasta recordar al despedirse con sorna que sería “leal” y que “me voy pero no me aparto”. Eso sí, puso en pie a todos al testimoniar la lucha por la libertad “y no por dinero” de los afiliados y cargos del PP en el País Vasco.

Con todo, Rajoy agotó los 47 minutos de su discurso sin aludir una sola vez al compromiso que había traído hasta allí a más de tres mil personas. Ni hablar de las elecciones. Un fiasco para muchos que aún creían en esa apelación desesperada pero autoritaria a la unidad porque temen que esta agónica sustitución coincide con el momento más delicado de su partido por la pérdida de poder, el hachazo de la corrupción y la presión de Ciudadanos. Las dos listas dejan definitivamente vía libre a la lucha descarnada, a las rencillas, a los cruces de mensajes irónicos y hasta cáusticos, al cálculo interminable de apoyos que en las últimas horas se ha tornado cauteloso porque nadie va ya de gallito. Hay mucho miedo en los dos bandos a una derrota porque todos son conscientes de que el resultado dejaría tocados a demasiados perdedores ahora influyentes en el PP. Así se explica que para evitar cualquier pronóstico arriesgado hasta el diputado más aguerrido se refugie en aludir a la igualdad existente. Solo Casado sigue igual de osado que desde el inicio de la semana asegurando que va a ganar. Tampoco hay muchos que se atrevan a llevarle la contraria en público. De momento solo gana Rajoy porque el partido parece empeñado en vivir del pasado. El futuro les resulta más angustioso cuando se lo imaginan. Bajo los ecos del himno de España -hizo llorar a Cospedal- en un inusual arranque de sus congresos, los populares se deleitaron mirando por el retrovisor su catarata de éxitos. Fue así como el expresidente recreó las 14 elecciones consecutivas ganadas desde 2009 y la ex secretaria general agradeció la unidad de acción en cada pueblo aunque lamentó “algunas injusticias recibidas”. Además, mucha efusividad en el reconocimiento unánime a la esposa de Rajoy. Hoy también habrá lágrimas.

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