polémica por la actitud de los aficionados

El oscuro túnel del Tour

La subida a Alpe d’Huez, que dejó como víctima a Nibali, obligado a abandonar porque un aficionado le derribó, la agresión a Froome y la pitada al Sky, encienden la polémica

César Ortuzar - Sábado, 21 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Geraint Thomas, líder del Tour, comanda al Sky de Chris Froome, que es abucheado y vilipendiado por una parte de la afición.

Geraint Thomas, líder del Tour, comanda al Sky de Chris Froome, que es abucheado y vilipendiado por una parte de la afición. (EFE)

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Geraint Thomas, líder del Tour, comanda al Sky de Chris Froome, que es abucheado y vilipendiado por una parte de la afición.

bilbao- “Tuvimos una escalada al Alpe d’Huez muy dolorosa. Los ciclistas del Tour, los campeones del Tour, deben ser respetados de forma natural, lo que hace la gran mayoría del público”, expresó Christian Prudhomme, director del Tour, después del lamentable espectáculo vivido en la subida de la mítica cima. Las bengalas y botes de humo cegaron a los corredores en Alpe d’Huez donde se multiplicaron los impresentables. Uno de ellos empujó a Chris Froome con la clara intención de tirarle. No lo consiguió, afortunadamente. “Durante la carrera, es responsabilidad del organizador proteger a los corredores. No es correcto que haya gente que se dedique a tocar o empujar a los ciclistas”, dijo el tetracampeón del Tour de Francia antes de tomar la salida de la decimotercera etapa.

A Vincenzo Nibali le fue peor. Un enganchón con un aficionado le derribó. Encerrado por la estrechez de la carretera y la cercanía de los seguidores, se rompió una vértebra por irse al suelo tras engancharse con la correa de la cámara de fotos de un aficionado. Aunque terminó la etapa, el italiano acudió al hospital donde le detectaron la rotura de una vértebra. Nibali, uno de los candidatos al trono de París, se vio obligado a abandonar al chocar en medio de una cortina de humo que tapió la subida. “Las bengalas nos afectan mucho porque te entra el humo por la garganta y resulta incómodo”, certificó Mikel Landa

El Tour arde y suena a bronca. Después de que parte del público abucheara y pitara a Chris Froome en la presentación de equipos, la inquina contra el Sky, que domina la carrera con Geraint Thomas y el británico, va en aumento. A los carteles que saludan a Froome con frases como “vete a casa” o “dopado”, se le sumó la sonora pitada que recibió Thomas cuando venció en Alpe d’Huez. Silbidos y abucheos. L’Equipe, la garganta del Tour, tituló: Irrespirable. En la foto de portada se observaba a Geraint Thomas, seguido por Froome en medio de una humareda naranja.

Al Sky le pitan los oídos y la figura de Froome concita rechazo por una parte del público, más si cabe después de que el británico saliera indemne del caso del salbutamol. Las palabras de Bernard Hinault, icono del ciclismo galo y figura venerada en la Francia ciclista, que exigió que los corredores se negarán a correr si el británico estaba en carrera tampoco sirvieron para apaciguar los ánimos, al contrario. El Tour también presionó con la idea de vetar a Froome. El británico fue absuelto inmediatamente por la UCI y por la AMA. Desde ese instante, el ruido se ha instalado en el relato del Tour. La historia no es nueva alrededor de Froome, que lleva sufriendo insultos varias cursos, y entronca con la era de Lance Armstrong, el hombre al que odia el Tour de tal manera que lo desterró como si no hubiera existido.

“No creo que Froome caiga peor que Armstrong”, resuelve Unai Larrea, periodista que relató con sus crónicas del Tour de Francia en DEIA entre 1999 y 2006. “La era Armstrong y el Tour de Landis”, dice con una sonrisa traviesa. Antes de que Armstrong fuera repudiado, de que los abucheos le saludaran y los carteles con insultos le recibieran en las cunetas, el aterrizaje del norteamericano supuso un chute de adrenalina para el Tour. “El comienzo de la relación entre Armstrong y el Tour es el de una historia idílica. Un enfermo de cáncer que supera todas las adversidades y gana la carrera. Al Tour le vino a ver Dios con todo aquello. Hay que entender el contexto. Esa aparición ocurrió después del Tour del escándalo con el caso Festina. Así que la historia de Armstrong era una relato de redención. Se dejaba atrás la trampa y se dio la bienvenida a una historia de superación”, describe Larrea. Recuerda el periodista que la biografía de Armstrong fascinaba al Tour y se convirtió en una “historia global, realmente mediática, que atrajo la mirada anglosajona al Tour”. La organización de la carrera estaba encantada con la aportación del tejano, lo más parecido a un rock star. Expandió el Tour más allá de lo imaginable. “Armstrong llevo el Tour a la Luna”.

Solo cuando los rumores de dopaje comenzaron a merodear al gran dominador del Tour, frunció el ceño la organización. “Se escuchaba que en 1999 le habían tapado un positivo”.

La cuneta miró con recelo a Armstrong -“sobre todo en su reaparicón con el Discovery Channel”, matiza Larrea- y L’Equipe tenía “una relación amor-odio” con él, atribuye el periodista. Enfangado el ambiente, el tejano se mostró cada vez “orgulloso” a medida que acumulaba Tours en su vitrina. Armstrong se aisló en el búnker del US Postal. “Con él empezó lo de los corredores encerrados en el autobús hasta última hora. También incorporó la seguridad privada”, indica Larrea. Cuando abandonaba su burbuja, se mezclaban “los aplausos y los abucheos” alrededor de Armstrong. “Finalmente se convirtió en un relación tormentosa con la carrera”, certifica el periodista, que subraya que para los franceses “no hay nada más grande que el Tour. Es patrimonio de la nación francesa”. A su llegada a la presente edición de la Grande Boucle, Froome lanzó un mensaje conciliador: “Me encanta Francia y el Tour es la carrera más hermosa del mundo”. En Alpe d’Huez trataron de derribar al británico. Nadie lo intentó con Armstrong. El Tour entra en un oscuro túnel.

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