Tribuna abierta

¿De Corinna a la III República?

Por José Luis Úriz - Jueves, 19 de Julio de 2018 - Actualizado a las 07:33h

Columnista Jose Luis Uriz

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Columnista Jose Luis Uriz

tradicionalmente, julio suele ser un mes aburrido en el que lo más que podía comentarse eran los Sanfermines, el Tour o las habituales serpientes del verano.

Este año en cambio viene cargadito de noticias más allá del agobiante Mundial de fútbol, en el que afortunadamente España quedó eliminada bien pronto.

Comenzamos el mes con las primarias del PP, una experiencia que en la política española fue inventada por el PSOE, cuando en 1998 enfrentó al candidato oficial, el entonces secretario general, Joaquín Almunia, con un Josep Borrell que en un alarde de audacia decidió medirse en libre competencia.

Fue un experimento y también la primera demostración de que en momentos difíciles las bases se suelen sublevar, doblegando con la fuerza del voto secreto el poder de las estructuras de poder internas, apoyando al candidato alternativo, en este caso un Borrell por el que nadie apostaba.

Ya en aquella etapa ese animal político experto en aparatos, Alfonso Guerra, advirtió del lo peligroso de un experimento que se podía volver contra quienes lo ponían en marcha. Siempre es más controlable cuando quienes deciden son delegados de las bases, que habitualmente suelen ser gente muy conectada con el poder, a que lo hagan esas bases de manera incontrolada.

Tenía razón Guerra y ganó Borrell aunque su andadura fuera excesivamente breve. La siguiente experiencia fue diferente, ya que no fue el voto directo de los afiliados quienes auparon a Zapatero a la secretaria general del PSOE, sino la de los delegados en un Congreso reñidísimo pero en las mismas circunstancias de descontrol total.

Después, la vuelta a las primarias directas con la confrontación a tres entre Pérez Tapias, Madina y Sánchez, devolvieron las aguas a su cauce ganando el candidato del aparato. Todo parecía de nuevo atado y bien atado hasta las últimas, en las que nuevamente unas bases molestas con el apoyo a Rajoy auparon de nuevo al Pedro Sánchez del “no es no”.

La irrupción de Podemos consiguió una vuelta más en la tuerca arrastrando primero a Ciudadanos, aunque de manera bastante descafeinada y por último a un PP aturdido por la pérdida inesperada del poder y la huida de su líder Rajoy.

El vértigo de entrar en esa dinámica peligrosa que advertía un Guerra que sabía mucho de eso, ha sacudido sus cimientos sin estar preparados, especialmente después que el sucesor nato, Núñez Feijóo se haya acobardado al borde de un precipicio de consecuencias imprevistas.

Otra vez las bases ponían patas arriba la estructura del partido, incluso hasta darse la paradoja que quien controlaba el aparato, María Dolores de Cospedal, no haya sido capaz de superar el primer corte.

Nuevamente lo desconocido aparecía en escena y el temor de que la más votada en las votaciones directas, Soraya Sáenz de Santamaría (favorita clara en las encuestas realizadas en el electorado del PP) no sea capaz de ganarle al recién llegado Pablo (sí, sí, otro Pablo) Casado, debido a que los compromisarios vayan en dirección contraria a la dirección marcada.

El interrogante abierto se dilucida el sábado, aunque parece evidente que el partido se va a ver seriamente dañado a menos de un año de las elecciones municipales y autonómicas y un poco más de las generales.

Cuando parecía que las primarias del PP llenarían las páginas de los periódicos y los comentarios de café y chiringuito de playa, apareció Corinna. Esa princesa excelsa de la que todo el mundo hablaba ‘off the record’ como “amiga especial” del anterior

¿Existen realmente diferencias de fondo entre los dos rivales en contienda? Parece que no, aunque sí pueda parecer que en las dos almas que suelen convivir en los partidos y el PP no podía ser menos, Casado, especialmente en la recta final, representa al sector más reaccionario y, a pesar de su juventud, antiguo, mientras que Sáenz de Santamaría aparece como la más centrista y moderna.

La derecha española lleva tiempo pendiente de homologarse a la que domina los países más avanzados de Europa. La cuestión y quizás sea eso lo que esté en juego en ese Congreso, será si debe ir hacia figuras como May, Merkel o Macron, o por el contrario hacia los movimientos emergentes en Italia, Austria, Hungría, o Le Pen en Francia, Johnson en el Reino Unido y Salvini en Italia.

Se interrogan sobre si deben competir por el centro con Pedro Sánchez, dejando a Rivera las posiciones más extremas, o bien con este último abandonando ese espacio al primero.

Del resultado de esa contienda se va a ver beneficiado uno de los dos y si no son capaces posteriormente al día 21 de restañar las heridas podría ser que ambos.

Difícil lo tiene el PP, pero de lo que resulte también el país puede verse afectado. Un líder de la oposición como Casado instalado en la confrontación y la bronca, tanto con la izquierda como con la periferia no sería lo más deseable para España, por eso ciertos sectores de la gran banca y del Ibex 35, los poderes fácticos, están poniendo velas para que salga elegida Soraya Sáenz de Santamaría. Sinceramente, parece que sería lo más conveniente para un PP ahora mismo a la deriva.

Lo que resulta evidente es que esta compleja situación dejaría abierta de par en par la posibilidad de victoria incuestionable del PSOE en las próximas citas electorales y quizás también a medio plazo.

Pero cuando parecía que solo este hecho llenaría las páginas de los periódicos y los comentarios de café y chiringuito de playa, apareció Corinna. Esa princesa excelsa de la que todo el mundo hablaba off the recordcomo “amiga especial” del anterior monarca.

Irrumpe con fuerza a través de grabaciones sobre los supuestos negocios de tinte bastante oscuro que mantuvo con Juan Carlos I. Unas operaciones con sospechas de ilegalidad, que desde luego suponen otro nuevo varapalo a una institución caduca y en declive como la monarquía española.

Sin entrar en el fondo de la cuestión porque doctores tiene la Iglesia, parece evidente que el asunto es del suficiente calado y gravedad como para que la justicia, los medios de comunicación y el poder político pongan el foco sobre él.

Resulta decepcionante y preocupante la poca rapidez con la que han reaccionado. Ver las portadas de los principales diarios del país con ausencia de esta noticia demuestra que algo huele a podrido en palacio. Las declaraciones de la portavoz del Gobierno suponen un jarro de agua fría para los sectores de la izquierda escandalizados ante tanta tibieza. Por último, la Justicia ni está ni parece que se la espere.

Pero el daño está ya hecho. Al descrédito del caso Urdangarin y Cristina, de las cacerías en Botswana, se le une este nuevo escándalo. Padre, hermana, cuñado sacuden al nuevo monarca. ¿Estará él implicado por acción u omisión? Da lo mismo porque de una u otra manera le salpica.

Veremos, pero eso que hace unos años parecía tan lejano como la caída de la monarquía y la llegada de la III República, Corinna nos lo sitúa un poco más cerca.

Quizás un día los republicanos tengamos que hacerle un pequeño homenaje.

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