El Carmen en Plenztia

Plentzia ‘navega en el tiempo’ con cuarenta embarcaciones

La procesión marítima del Carmen levanta emociones desde el agua y la orilla

Marta Hernández - Martes, 17 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h

La Virgen, a punto de netrar en el barco para iniciar la procesión marítima.

La Virgen, a punto de netrar en el barco para iniciar la procesión marítima. (M. Hernández)

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La Virgen, a punto de netrar en el barco para iniciar la procesión marítima.

Cada 16 de julio, Plentzia navega en el tiempo. La villa se reencuentra con su pasado para tenerlo más presente. “Plentzia es puerto y es mar”, ilustra Idoia Bilbao, de la comisión de fiestas de la localidad. Lo es siempre. 365 días al año. Pero ese alma portuaria y marinera se acentúa más cuando El Carmen alumbra en el calendario. La Virgen apareció ayer y paseó por las aguas de la villa, bien escoltada por sus fieles;por las cuarenta embarcaciones que mantienen la tradición y por las decenas de personas que, en tierra, agrandan la pasión.

plentzia. La historia de Plentzia, como queda reflejada por el museo Plasentia de Butrón -que este año celebra su vigésimo aniversario-, surca mares y océanos. Villa marinera y pescadora en sus orígenes, en el documento de su fundación ya se le reconocía una zona para la pesca de la ballena. Sus marinos, posteriormente, se dedicaron al cabotaje y al transporte de mineral de hierro en el Golfo de Bizkaia.

Desde el siglo XIX, debido a la Guerras de la Convención con Inglaterra, y a las Guerras Carlistas, en que desapareció prácticamente la flota matriculada en Plentzia, los marinos locales, enrolados en buques de otros puertos, estuvieron presentes especialmente en el comercio con Andalucía, Inglaterra, Caribe y Filipinas. Todos los aspectos de la navegación los regía la Cofradía de Mareantes de Plentzia, denominada de San Pedro, y sus ordenanzas más antiguas son de 1524.

Pasó y pasó el tiempo, fue mutando ese ADN pescador pero no desapareció. Ander Berreteaga, hoy ya jubilado, sabe bien lo que es vivir, prácticamente, en el agua. “Tocaba madrugar. Me levantaba a las dos y media de la mañana y entonces no había lo que hay ahora. Levantábamos a mano las redes. Con la primera maquinilla que traje, alucinaron todos. Al principio, se pensaban que eso no levantaba las redes y unos hasta se pusieron a hacer sokatira tirando para ver si podían más que la maquinilla. Pero terminaron por los suelos...”, evoca. La pesca, hoy, sobrevive en Plentzia. De otra manera. En el nuevo milenio. Si bien es cierto que las embarcaciones del puerto son casi todas de recreo. Muchas de ellas siguieron la estela de la Virgen ayer. Desde las 19.30 horas que empezó la procesión marítima, previo paso por misa. Por delante, cerca de una hora de emoción, devoción, disfrute y tradición. De imágenes de postal y de más recuerdos para almacenar.

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