bilbao bbk live

Gorillaz, sincretismo pop del siglo XXI

El colectivo, dirigido por el líder de Blur, cierra el festival con un espectáculo bailable, eléctrico y contemporáneo repleto de ritmo y canciones invencibles

Andrés Portero - Lunes, 16 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Gorillaz en el Bilbao BBK Live

Gorillaz en el Bilbao BBK Live (Borja Guerrero)

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Gorillaz en el Bilbao BBK Live

Bilbao- Gorillaz surgió como un grupo virtual, más como un colectivo artístico que una banda musical al uso. Fue menos coral en el magnífico broche final de Bilbao BBK Live 2018, donde el líder de Blur, Damon Albarn, dirigió con mano de hierro un espectáculo insuperable, festivo y bailable, con canciones irrepetibles actuales y clásicas aireadas por múltiples ritmos y con menos colaboradores físicos (virtuales hubo muchos) que en disco, con Benjamin Clementine en el escenario, al igual que Jamie Principle o Peven Everett, pero sin De la Soul.

Aunque Gorillaz surgió (y sigue siendo) como un proyecto inhabitual, con miembros virtuales, el crecimiento y la madurez como artista de Damon Albarn, que se está abriendo un hueco entre los grandes compositores de las dos últimas décadas sin prejuicio alguno y con un repertorio poliédrico, está mediatizando su discurrir en los últimos tiempos.

Así se pudo comprobar en el cierre, por todo lo alto, del festival bilbaino, bien entrado ya el domingo y en el que, casualidades de las contratos, coincidieron Noel Gallagher y Albarn, colíderes enfrentados del brit-pop en la sanguinaria pelea Oasis/Blur en los 90 y, últimamente no es que sean colegas, pero sí colaboradores puntuales. A pesar de que en Kobetamendi Noel confirmó una saludable revitalización, el paso del tiempo confirma el triunfo artístico de Albarn.

El británico dirigió en Kobetamendi toda una miscelánea musical inabarcable que picoteó de todo tipo de estilos y ritmos, sin importar su origen, su color o proyección comercial. Y, además, lo hizo como parte de un rico y efectista espectáculo audiovisual, con impactantes juegos de luces y la proyección de vídeos animados de los Gorillaz virtuales, imágenes psicodélicas, lunas o helicópteros. Puro espectáculo pop del siglo XXI.

progenitoresNi la madre ni el padre de Albarn quisieron perderse el concierto, que se inició con la distorsión guitarrera de M1 A1, un vendaval eléctrico que sobrevoló 40.000 cabezas tras un Hello introductorio en las pantallas. La tormenta se disparó hasta los pies con el inmediato Tranz de su último disco. Del principio de la aventura al presente, a ese The now now que es el motivo de esta gira. Más de una década de separación unida en un viaje de apenas cuatro minutos que funcionó como un anticipo del concierto.

Con un sonido potente e impoluto y secundado por un grupo nutrido, con una sección rítmica poderosa como una apisonadora y con un bajo en forma de flecha, Albarn sobrevoló toda la trayectoria de la banda, picoteando del pop, el rock, el soul, el funk, el hip hop y la electrónica, con un protagonismo enorme de su media docena de coristas gospel, sobresalientes con sus gargantas y divertidas en sus coreografías.

Saltando del micrófono normal a otro de radioaficionado y distorsionado, Albarn lideró un concierto en el que cantó en (casi) todas las canciones y, además, sin ser un virtuoso aunque tocando las notas justas, logró emocionar cada vez que fue saltando de la guitarra eléctrica a la acústica, los teclados o la melódica.

ColaboradoresLuces, canciones y vídeos contribuyeron a que 40.000 fans vociferantes y bailones disfrutaran de una cita para el recuerdo que fue cogiendo aire con Rhinestone eyes, con el líder dándose su primer baño de masas, y el reciente Humility para llegar a su primer cenit con On melancholy hill, ya un clásico de este siglo en su mezcla de soul, gospel y pop certero.

El escenario se repartió entre los colaboradores virtuales, como Snoop Dog, y los presentes, del cantante de soul sintético Peven Everett al rapero Jamie Principel, que se lució en la apabullante Hollywood, con ecos de Talking Heads y LCD Soundsystem. La fiesta sudorosa y rítmica se convirtió en locura con brazos, saltos y gargantas al aire con Andromeda, Dirty Harry y Stylo, con las caderas a pleno rendimiento. Solo la participación del despistado Benjamin Clementine en Hallelujah money sobró de la cita con Gorillaz, que dio una lección de integridad y valentía al interpretar maravillas de su último disco como Fire flies, Magic city y el instrumental Lake Zurich, deliciosas pero de ritmos más pausados y oblicuos.

El tramo final y los bailes se dispararon con un repertorio de funk y hip hop con pelotazos rítmicos como Feel good inc. (con sus risas características), Saturn barzy el inevitable Clint Eastwood, con efluvios jamaicanos. Esta última sin la presencia del rapero Del de Funky Homosapien, hospitalizado tras una caída en escena, a quien se recordó en una pancarta, como a su miembro encarcelado recientemente. Una cita para el recuerdo, sin duda. Pop sin barreras y global para el presente.

Los datos

la cifra

120

bbk live 2019

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