historias de la vida

Hay consuelo para los herederos del desastre

Estíbaliz Iriarte acoge desde hace once años a Denis, un ruso que vive en una zona afectada por el accidente de Chernóbil

Un reportaje de Yaiza Pozo - Lunes, 16 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Denis Kuleshov y Estíbaliz Iriarte posan en una de las orillas de la ría de Bilbao tras ser recibidos por el alcalde, Juan Mari Aburto, la semana pasada.Foto: José Mari Martínez

Denis Kuleshov y Estíbaliz Iriarte posan en una de las orillas de la ría de Bilbao tras ser recibidos por el alcalde, Juan Mari Aburto, la semana pasada.Foto: José Mari Martínez

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Denis Kuleshov y Estíbaliz Iriarte posan en una de las orillas de la ría de Bilbao tras ser recibidos por el alcalde, Juan Mari Aburto, la semana pasada.Foto: José Mari Martínez

EL accidente de Chernóbil marcó a Ucrania para siempre. La catástrofe nuclear que tuvo lugar el 26 de abril de 1986 es uno de los mayores desastres medioambientales que se conocen hasta la fecha junto a la de Fukushima en Japón en 2011. Treinta años después de aquella tragedia, los habitantes luchan por borrar este episodio. Es el caso de niños y niñas ucranianos, bielorrusos y rusos que vienen a Bizkaia cada año huyendo de la contaminación.

Denis Kuleshov, un joven de 16 años viene a Bilbao desde hace once años y se aloja con la misma familia. Estíbaliz Iriarte se ha convertido en su madre vasca. “Le llamo ama desde el primer día que aterricé”, dice el joven. Denis es uno de esos herederos del desastre que ha encontrado la felicidad en esta familia bilbaina y admite que “no la cambiaría por nada del mundo”.

Aún recuerda la primera vez que pisó Bilbao. “No sabía ni qué familia iba a tener. Antes de venir, solo me preguntaron si me gustaban los perros porque ellos tenían uno. Les dije que sí”, recuerda. Denis tenía apenas 5 años. Vivía con su abuela y su madre en un pequeño pueblo de Rusia que está muy cerca de Ucrania, Zantishevo. Separarse de ellas no fue fácil. “Yo no quería venir porque siempre he estado con ellas, así que la despedida fue complicada”, recuerda. A su llegada le esperaba su familia de acogida. Allí estaba Estíbaliz, junto a sus dos hijas, su marido y su perro. Todos estaban ansiosos por conocerle. El joven pronto aprendió a llamarles aita y ama a sus nuevos padres de acogida, y en cuestión de meses dominaba el idioma.

Acoger a un niño ya estaba entre sus planes. “Siempre he querido tener hijos. Tengo dos, ya no iba a tener más, y así era también una manera de ayudar”, explica Estíbaliz. Sin embargo, su deseo era otro. “Mis preferencias eran una niña, que tuviese la edad de mis hijas para que fuesen amigas y que fuese de orfanato, pero desde la asociación Bikarte, que se encarga de acoger a niños que sufren las consecuencias de Chernóbil, me dijeron que lo recomendable era que fuese más pequeño”, comenta.

“No cambiaría a mi familia de acogida por nada del mundo;además, cuando tenga más de 18 años me gustaría seguir viniendo”

Al final, Denis se presentó en sus vidas. “No sabía el idioma, no sabía cruzar los pasos de peatones porque en Rusia los coches paran y aquí hay semáforos y tampoco me ataba el cinturón de seguridad”, dice Denis. Poco a poco su familia le fue enseñando las costumbres más cotidianas. No se le hizo difícil adaptarse. “Lo que recuerdo es que el primer año que hablaba con su madre lloraba mucho, pero pronto cogimos confianza con él y pudimos consolarle en familia”, dice su madre de acogida.

La asociaciónBikarte es la asociación que se encarga de traer cada verano a niños ucranianos, rusos y bielorrusos. Este año están de aniversario y a Estíbaliz le gustaría destacar la gran labor que realizan ya que gracias a ellos, desde hace once años, un nuevo miembro se ha sumado a sus vidas. “Trabajan en proyectos para mejorar las zonas más dañadas por Chernóbil. También colaboran para que las familias puedan vivir mejor después del desastre”, incide. Gracias a la labor que realizan cada época estival, Denis se divierte practicando deporte con su padre de acogida. “Me gusta ir al monte con él y vamos en piragua por Górliz”, cuenta el joven. Además, también aprovechan para viajar. “Hemos ido a Cádiz, Port Aventura, Lanzarote... Nos lo pasamos muy bien”, prosigue.

Pero a la hora de la verdad, no se olvida de su familia biológica. Denis mantiene contacto casi a diario con su madre y con su hermana menor, de 6 años, que se encuentra con otra familia de acogida en Galicia. Ambos lo pasan mal por estar alejados uno del otro, pero reconocen que es bueno para ellos estar aquí.

Para Denis, Bilbao ya es su segunda casa y cuando cumpla la mayoría de edad le gustaría seguir viniendo. “Dejaría ya de formar parte del programa Vacaciones en paz, pero él ya tendría 18 años y puede decidir. Aunque no nos gusta pensar qué pasará porque queremos vivir el día a día”, dice Estíbaliz.

Ambos confiesan que las despedidas son agridulces. “El primer año que volví a mi país, me olvidé por completo de hablar ruso y estuve dos semanas hablando castellano”, dice entre risas. Eso fueron los primeros años. Ahora, once después, Denis es uno de los jóvenes veteranos de la asociación. Fiel a su familia de acogida que siempre ha intentado darle una vida. “No nos arrepentiremos nunca de haber acogido a Denis porque ha aprendido mucho y estamos encantados con él y él también con nosotros”, concluye su madre.

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