El sacacorchos

Lo que pasa de noche

Por Jon Mujika - Martes, 10 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Columnista Jon Mujika

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LA historia nos repite, cada vez que le consultamos, que César Borgia no fue trigo limpio. Valga esa descripción, si es que se puede decir así, para darle verosimilitud a la vieja sentencia del noble y militar romano. “Lo que no ha pasado a mediodía puede pasar por la noche”, dijo. Sabía de los terrores que emergen en las tinieblas, al amparo de la falta de luz y la soledad. Han cambiado las cosas del crimen, eso sí. El propio cadáver de César Borgia fue encontrado en Viana, al pie de La Barranca Salada, sin que se supiera exactamente quién era, hasta la llegada de Juanicot, paje de César, que se echó a llorar como un niño, abrazado a los despojos de su señor a la luz del día. A tanta truculencia no llega la amenaza de hoy en día, eso es verdad.

Nos dijo el poeta hindú que detrás de cada noche, viene una aurora sonriente. Pero hasta que llega esa sonrisa hay gente que lo pasa mal. Es por ello que Bilbobus abre las puertas para que las mujeres tenga una vía de escape cuando le atrapa el miedo antes de que les atrape la incierta amenaza. Es una buena disposición aunque algo corta de miras. ¿Acaso un hombre no tiene razones ni motivos para sentir el escalofrío del miedo? ¿Cómo interpretar la decisión de que si viajan dos mujeres juntas ya no hay tanto peligro: no son dos víctimas potenciales? No es fácil dar en el corazón de la diana con esta legislación pero algunas preguntas saltan a la vista, no me digan que no. Supongo, como tantas veces ocurre, que la ley irá amoldándose a las necesidades de la realidad. Al menos así debiera ser.

Los primeros datos nos anuncian que han sido 14 las mujeres que han pedido una parada intermedia. El miedo, que tanto agarrota, es libre y sería injusto juzgarlas. También es verdad que, como dijo Sófocles, un youtubergriego cuyos consejos seguían de cerca sus conciudadanos cuatrocientos y pico años antes de Cristo, “para quien tiene miedo, todo son ruidos”.

Cuando se produce el apagón nuestro de cada día, eso también es verdad, andan más gatos pardos sueltos y no está mal evitarles la oportunidad de que se regodeen en sus correrías. Recuerdo que el asunto es viejo. Hace ya alguna que otra década escuché en el portal de la casa materna a dos mujeres decirse, una a otra, aquello de que al paso que va la noche, cualquiera la compra.

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