El callejón de las botxerías

Voces angelicales contra los infiernos

Por Jon Mujika - Martes, 10 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Una delegación de las voces del coro de cámara de Luckley House School posa en las escaleras de acceso a la iglesia del Carmen, donde actuaron ayer. Fotos: José Mari Martínez

Una delegación de las voces del coro de cámara de Luckley House School posa en las escaleras de acceso a la iglesia del Carmen, donde actuaron ayer. Fotos: José Mari Martínez

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Una delegación de las voces del coro de cámara de Luckley House School posa en las escaleras de acceso a la iglesia del Carmen, donde actuaron ayer. Fotos: José Mari Martínez

FUE toda una exhibición de voces angelicales en un día en el que la jefatura de los infiernos subió hasta la tierra para dejar tras de sí una ola de calor. Quizás por ello o tal vez porque no son estos días para recitales, la verdad es que apenas hubo afluencia a la iglesia de Nuestra Señora del Carmen. Si alguien se quedó con la duda y sacó cruz al lanzar la moneda al aire debería arrepentirse ya. No en vano, el concierto que arrancó con The illie and the rose,obra de Bob Chilcott,y se abrochó con el Hallelujah,de Leonard Cohen,cautivó a los oyentes como pocas veces.

El coro intérprete pertenece a una escuela privada inglesa, Luckley House School, localizada en Workingham, el condado de Berkshire, a sesenta kilómetros de Londres. Fue fundado en 1895 y se ha convertido en un centro de referencia en la enseñanza, con gran importancia de las disciplinas artísticas. Ayer lo dirigió Janice Ellwood,con las colaboración de Jane Clark,y la interpretación de Elisabeth Nathaniel, Sarah Piercey Tamar Sioen los tríos,además de Sacha Plume, Kate Mitchell, Emma Hewins, Jessica Griffiths, Phoebe Muir, Ellie Hayns, Molly Long, Natasha Parker, Isobel Bucks, Layla Beaud, Chloe German, Amelie Biston, Lauren Varey, Hannah Ryany Michael Freebury,entre otras, así hasta llegar a una treintena de voces elegidas para darle calor y color al recital.

En la sala de motores del concierto de música coral estuvo Begoña Hervás,acompañada por integrantes de las Juventudes Musicales como Marta Rodrígueze Iñaki Martín,promotores del certamen con el que se abrochó el ciclo de conciertos del curso, que no se reanudará hasta el próximo 10 de octubre con una actuación de piano en la Sociedad Bilbaina. Agradecieron el esfuerzo de traer el coro, asentado en Suances (Cantabria), hasta Bilbao hombres y mujeres como Patxi Villanueva, Carmen Argoitia, Begoña Muguruza, María Luisa Muñoz, Beatriz Odriozola, María Jesús Arakistainy Elena Múgica,entre otros.

Siguieron de cerca el diluvio de hermosas y refrescantes voces, en primera fila, Mario Saizy Alberto Payás.Con más discreción también lo hicieron la guía del coro, Silvia Silvestre,y el párroco de la iglesia del Carmen, Mikel Martínez.Discretos, sí, pero sin ánimos de perderse una nota en un concierto donde se interpretaron, además de los ya citados del comienzo y el cierre, obras de autores como Rutter, McBroom, Goodall, Don Besig, Vaughn Williams, Mealor y otros muchos compositores de origen británico, además de otros clásicos compositores de la talla de Franck, Bach, Donizetti o Schönberg.

Como es costumbre, las dos actuaciones de entrada y de salida fueron espectaculares. Sin embargo, José María Alonso,aficionado de larga escuela y hombre con ciencias y saberes alrededor de las voces líricas, chistó a mi espalda: “Diga usted que el Et exultavit spiritus meusinterpretado por Sarah Piercehizo que temblase el propio templo”. Dicho queda. Allá en la iglesia, donde tanto se acostumbran a escuchar las voces interiores, tomaron el mando las voces líricas.

En los bancos más discretos del templo también se sentaronJavier Mendoza, Isabel Madariaga, María Luisa Hernández, José María Izquierdo, María Esther Urrutia. Josefina Orbegozo, Mari Carmen Izagirre, María Ángeles Bengoetxea, Manuel Herranzy un justito número de feligreses, melómanos y vecinos de Indautxu que aprovecharon la circunstancia. Porque la circunstancia era aprovechable al cien por cien: el recital era de acceso libre y gratuito.

El coro, en plena gira por la cornisa cantábrica, dejó su huella en Bilbao. Y desde el templo salía, además de una melodía irreprochable y cautivadora, un mensaje para quienes renunciaron a entrar. “Arrepentíos, arrepentíos”, me pareció oír. Igual fue una alucinación. Hacía calor.

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