Michel Camilo Músico y director de orquesta

“Mi piano y la guitarra de Tomatito no chocan”

El dúo que forma el pianista dominicano con el guitarrista flamenco clausurará hoy el 42º Getxo Jazz

Andrés Portero - Domingo, 8 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Michel Camilo y Tomatito.

Michel Camilo y Tomatito.

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Michel Camilo y Tomatito.

getxo- Algunos lo llamarán mestizaje, pero el dominicano Michel Camilo dice que es, simplemente, música. Se refiere al dúo que comparte desde hace dos décadas con el guitarrista flamenco Tomatito, acompañante en su día de Camarón de la Isla. Ambos repasarán hoy la trilogía Spain, que incluye música de Piazzola, Camarón, Satie, Gismonti, Gardel o Chick Corea, en la clausura del 42º Getxo Jazz. Las entradas para el concierto se han agotado.

Lleva más de tres décadas de colaboración con Tomatito. ¿Qué les une?

-Fue en 1997, en el Festival de Jazz de Barcelona, en el Palau de la Música. Éramos amigos pero no habíamos tocado juntos y quisimos hacer algo diferente, sin grupo, solo los dos, con la guitarra flamenca y el piano al desnudo. Hasta el final no tocamos varios temas juntos. Fue una gran sorpresa para el público, que se volcó en los aplausos. Sentimos que teníamos un nuevo camino que valía la pena explorar.

¿Qué destacaría de su compañero como músico?

-Le admiro no solo por ser un referente de la guitarra flamenca, sino principalmente por su sencillez y su humanidad. Posee un abanico de colores en sus manos que musicalmente te lleva desde la rítmica al pellizco, lo mas delicado, jondo y sensible. Como si acariciara su guitarra.

El piano y la guitarra no son dos instrumentos que sean habituales en dúos y alianzas.

-Hemos roto ese tabú que decía que de ambos juntos no sale nada bueno. La clave está en no tocar en los mismos registros y en entender que cada uno se puede expresar en complicidad y también por separado, uno esperando por el otro. Y en saber que a cada instrumento le toca su protagonismo en un determinado momento. Cuando hay respeto, paciencia, generosidad y musicalidad, nunca chocan entre sí, sino que se complementan a la perfección.

Sería reduccionista hablar del dúo como una mezcla de jazz latino y flamenco ¿verdad?

-Lo que logró la aceptación del público es que fuimos los primeros que hicimos esa conjunción. No pretendíamos hacer flamenco, ni cuando empezamos ni tampoco ahora. Ya lo hace Tomatito, toque lo que toque porque lo lleva en la sangre. Y lo que yo interprete siempre tendrá sus raíces en el jazz tradicional que estudié, y el latino que también llevo dentro al crecer en Santo Domingo. Lo nuestro es una simbiosis de estilos e influencias que disfrutamos a fondo al darles nuestro toque. Algunos lo llamarían mestizaje;yo prefiero llamarlo Música.

Hasta los puristas se les ha rendido. ¿Hay algo más peligroso que un ortodoxo?

-Sí, como diría Tomatito, esos son los flamencólogos. En el jazz, les decimos la policía jazzística.

Le apasionan muchos estilos, entre ellos, el flamenco. Hace años trabajó con Ketama. Parafraseando aquel disco, ¿el flamenco es música con alma? ¿Es poner el alma lo más importante, sea cual sea el estilo?

-Siempre y cuando la musica sea buena y de calidad, yo me apunto y participo. Del trabajo con Ketama, que fue mi primera colaboración con el flamenco, recuerdo lo bien que lo pasamos personal y musicalmente. Mantenemos contacto con Josemi y con Antonio. Además, allí conocí a Tomatito, que venía por el estudio a escuchar cómo iba lo que hacíamos. ¿Cómo surgió la trilogía de ‘Spain’?

-El disco Spain surgió de los dos primeros años de gira, ya que antes de salir a tocar practicábamos nuevas piezas en el camerino y luego las probábamos en el escenario. En Japón, grabamos dos conciertos y al volver me sorprendió cómo sonaban. Estábamos encantados ambos y al llegar al estudio para grabar le dijimos al ingeniero: “Estamos listos”.

El segundo llegó seis años después.

-Spain again incluyó Libertango, Fuga y misterio y Adiós Nonino, de Piazzola, porque Tomatito había estado en Argentina con Luis Salinas, y a mí siempre me gustó. También decidimos incluir a Gardel y a Corea para redondear el repertorio. Y tras tocar yo con Herbie Hancock, Gloria Estefan, Paul Simon y Juan Luis Guerra, invité a este último que cantara Amor de conuco, que cantó Camarón.

Y con ‘Spain forever’ cerraron la trilogía y lograron un Grammy.

-Llegó una década después y a petición de nuestros fans. Pensamos que podíamos explorar un amplio abanico de colores y emociones alternando artistas como Egberto Gismonti, Charlie Haden o Erik Satie.

¿Es cierto que ese disco surgió de ‘Cinema Paradiso’?

-A ambos nos atrae la música de cine y hemos compuesto bandas sonoras. Cinema Paradiso nos encantó, especialmente la música. Y el tema principal es pura poesía. Sin planearlo, salió un disco más romántico y lírico. ¿Prefiere un Grammy o el aplauso del público?

-Es un gran honor ser reconocido por tus colegas de la industria musical. Además, los premios te crean el compromiso de seguir creciendo y de mantener un nivel alto. Igualmente en los conciertos, donde queremos que ese canal de comunicación y creación esté siempre presente.

¿Qué es lo más bonito que le ha reportado este dúo? ¿Y la anécdota más curiosa?

-A resaltar la gran amistad personal y musical que hemos desarrollado, la que nos impulsa a descubrir nuevos matices y a arriesgar con ideas nuevas en cada concierto. Y una gran anécdota fue el primer concierto que dimos en Japón. Tomatito pensaba que el público, que solía escuchar en silencio, concentrado y hasta con los ojos cerrados, se estaba durmiendo. Tras la ovación final, se relajó.

Regresa a Getxo Jazz. ¿Qué recuerda su paso por el festival?

-Guardo un grato recuerdo de mis dos visitas con mi trío. El público nos recibió con calidez. El vasco es un público con mucha tradición de jazz y sus tres festivales son referentes, de gran relevancia.

¿Qué repertorio tocarán?

-Haremos más temas del nuevo disco, pero incluiremos otros de la trilogía, porque la gente siempre quiere oír sus favoritos.

¿Les da tiempo a ensayar con sus apretadas agendas?

-¡Iniciada la gira no hay tiempo para nada! Nos juntamos un par de días antes para perfeccionar cosas, ya que un músico nunca debe parar de ensayar y estudiar. Las cosas siempre pueden salir mejor.

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