Tras dos nuevos asesinatos en el estado

La espiral sin freno de la violencia de género descubre sus carencias legales

Las asociaciones reclaman escoltas para las posibles víctimas y censuran la nula formación judicial, obligatoria por ley, tras dos nuevos asesinatos en el estado


Igor Santamaría - Sábado, 7 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Lugar en el que un hombre ha matado hoy a su mujer, de unos 80 años, en el domicilio conyugal de La Felguera, en el municipio asturiano de Langreo.

Lugar en el que un hombre ha matado hoy a su mujer, de unos 80 años, en el domicilio conyugal de La Felguera, en el municipio asturiano de Langreo. (EFE)

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Lugar en el que un hombre ha matado hoy a su mujer, de unos 80 años, en el domicilio conyugal de La Felguera, en el municipio asturiano de Langreo.

BILBAO- El asesinato ayer de dos nuevas mujeres por violencia de género en el Estado español revela que pese al crecimiento de la sensibilidad social respecto a esta lacra, los mecanismos institucionales y judiciales no están sirviendo para detener esta espiral. En lo transcurrido de este 2018 son ya 19 las mujeres muertas a manos de sus parejas o exparejas, según la última actualización del Ministerio de Igualdad, de las que solo cuatro habían presentado denuncia previa contra su agresor pero dos de ellas decidieron no continuar con el procedimiento. “Las instituciones están fallando de forma estrepitosa”, denuncia a DEIA Blanca Estrella, presidenta de la asociación de mujeres Clara Campoamor. Solo en 2017, 44 mujeres acabaron asesinadas en el Estado, dos de ellas en la CAV (una madre residente en Araba y una mujer en Sestao), un dato mayor según lo que se entienda por “víctima”, por ejemplo, los hijos que quedan huérfanos, y es tal la preocupación que el año pasado se firmó un Pacto de Estado en el Congreso para combatir esta violencia, pero que, según Estrella, no está funcionando.

“Muchas veces la mujer no denuncia por los hijos, pero es que estos son también víctimas y ya está contemplado en la ley. Sin embargo, no hay juzgado que los incluya en las denuncias. Un maltratador que acaba con la vida de la madre y ocasiona violencia a dos hijos debería ser juzgado por tres delitos. Ya en 2004 hablábamos de que con la ley en la mano, la mujer que denuncie nunca sería asesinada. Pero no se cumple a rajatabla, y es que de haber sido así muchas no habrían muerto”, sentencia Estrella. De hecho, la tendencia se mantiene constante, y es que desde que se elaboran estadísticas oficiales se acumula en el Estado una cifra trágica cercana al millar de víctimas mortales .En el caso de Euskadi, entre 2003 y 2017 el Observatorio de la Violencia de Género del Ministerio de Sanidad, contabiliza 33 mujeres asesinadas en la CAV y diez en Nafarroa. El año más negro fue 2008, con seis víctimas mortales, y este 2018 cabe recordar el doble asesinato machista ocurrido en Gasteiz el pasado abril, la expareja del presunto agresor y su madre.

“Esto hace aguas porque denuncian, hacen lo que se les pide, pero no hay resultados. Primero, porque hay jueces que las miran por encima del hombro y porque tampoco están formados como exige la ley. No se sabe cómo protegerlas. Con llamarlas una vez al mes para ver cómo se encuentran no se soluciona nada”, critica la presidenta de la asociación Clara Campoamor, que ya en su día reclamó que cada mujer que sea víctima o pueda serlo lleve un escolta, asemejándolo con lo que se hizo en Euskadi durante la actividad armada de ETA. “Ante posibles víctimas, desde políticos a jueces o periodistas y empresarios fuimos humanos y generosos y les pusimos escolta. Y la excusa no puede ser el coste de que las mujeres las lleven”, argumenta Estrella, que al menos se congratula del aumento de la preocupación de la sociedad respecto a este asunto. A su juicio, una de las posibles vías para atajar la espiral es establecer el mecanismo empleado en Francia, “donde no se les saca de casa a ellas y a sus hijos, sino a ellos, ingresados en centros de rehabilitación -maltratadores, violadores y pederastas-, y obligados a terapia”. “Yo demando para las víctimas de la violencia de género la misma responsabilidad que tuvimos aquí con las víctimas del terrorismo. Y no es una comparación odiosa porque las cifras están ahí y no mienten”, zanja. Y lamentablemente el día de ayer volverá a repetirse.

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