Tiempos de cambio

Por Javier Retegui - Sábado, 7 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h

TRASla crisis económica es necesario analizar los cambios producidos y promover modificaciones que preparen a la sociedad para embates futuros. Aunque aparentemente volvemos a la “normalidad”, nada es lo mismo;ha cambiado el sistema y nos enfrentamos a nuevos escenarios. Los datos macroeconómicos pueden ofrecer la ilusión de volver a situaciones de partida, pero se trata de un espejismo que genera triunfalismo y desmoviliza esfuerzos. Bajar la guardia, en una sociedad satisfecha, es la antítesis de una actitud responsable. Las épocas de bonanza son propicias para afrontar cambios que, de otra forma, se deberán improvisar en tiempos difíciles.

Para ilustrar los cambios, presentamos algunas pinceladas de realidades tangibles que enmarcan el futuro:

Modificaciones estructurales. La economía está sufriendo una auténtica metamorfosis:

Nuevos sectores económicos. La distribución sectorial de la economía salta en pedazos. Sectores recientes canalizan gran parte de la actividad económica a la vez que condicionan al resto. Hoy imperan productos y servicios desconocidos hace poco y la innovación se convierte en factor diferencial.

Movilidad del capital. El capital se desliga progresivamente de la economía real convirtiéndose en especulativo y apátrida. Huye del compromiso permanente y se refugia en fondos orientados a plusvalías de corto plazo. No tiene vinculación territorial ni estabilidad en el entorno.

Incremento de la competencia. El entorno competitivo se ha ampliado del estatal, al europeo hasta el actual marco global. Si la entrada al mercado europeo supuso un profundo cambio, ahora se enfrenta al mercado mundial.

Pérdida del control político sobre la economía. La participación en empresas públicas, control de la paridad monetaria, establecimiento de tasas aduaneras y apoyos a sectores de interés general, instrumentos propios de la actividad pública, han desaparecido. Hoy la política no controla ni tiene medios para orientar la economía.

Todo ello representa un escenario de ruptura del sistema territorial en el que la economía se desliga del resto de estructuras para ir, por libre, imponiendo sus propias condiciones.

Modificaciones en la estructura social. Paralelamente, la sociedad ha experimentado un vuelco considerable presentando estas características:

Sólido estamento empresarial. Empresas jóvenes, innovadoras, dinámicas, internacionalizadas han tomado las riendas del desarrollo económico. En ellas se sustenta el núcleo del progreso del País.

Población altamente preparada. La generalización de la educación ha revolucionado la composición social. Se cuenta con una enorme riqueza en las personas, auténtica mina de oro a la que es preciso abrir cauces de participación.

Dotación de entidades de ciencia y tecnología. Universidades, instituciones científicas, centros tecnológicos, consultorías e ingenierías cubren el panorama social contando con preparación extraordinaria. Son avanzadas entidades de cobertura.

Instituciones públicas cercanas y comprometidas. Entidades de prestigio con vocación de progreso y capacidad de liderazgo social.

Todos comparten: arraigo territorial, prioridad de la persona y vocación de servicio a la comunidad. Hay mimbres suficientes para recuperar un modelo que reconduzca al equilibrio del sistema territorial. La economía debe responder a prioridades comunitarias.

Requisito imprescindible del modelo es que sea eficiente en el mercado global. Las empresas deben encontrar un nuevo enfoque competitivo que les permita multiplicar sus esfuerzos y ganar en competitividad, mientras que las personas e instituciones encuentran el cauce para su participación constructiva.

La conformación de este modelo requiere de un trabajo de arquitectura social, poniendo en relación a distintos estamentos e instituciones aisladas, articulando un coherente entramado entre las mismas y dotando de vocación común al conjunto. Desde la libertad de cada institución y desde la fuerza de la unión, se trata de conformar un tejido empresarial altamente competitivo que se aproveche de las sinergias del conjunto y se convierta en vanguardia del progreso social.

Hay dos factores esenciales en esta tarea:

El establecimiento de lazos de cooperación entre personas, empresas, entidades de cobertura e instituciones (economía de cooperación).

Proyección estratégica del País abordando proyectos avanzados que requieran de la cooperación entre empresas e instituciones.

El País Vasco cuenta con valiosas experiencias pero es preciso transformarlas en planteamientos programáticos de la arquitectura social.

La satisfacción por la mejoría actual no debe hacernos olvidar la necesidad de abordar transformaciones económicas de calado para enfrentarnos a los retos que se nos avecinan.

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