López Obrador, su reto es el de todos los mexicanos

Iñaki Azua Mendia - Viernes, 6 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h

EL aplastante triunfo de López Obrador en las elecciones del pasado domingo en México no ha sorprendido a nadie, y no ha dejado lugar a dudas de la capacidad y la habilidad del presidente electo para conectar con un pueblo que mayoritariamente exige un profundo cambio en las estructuras del país, en la manera de entender y hacer política, y que reclama soluciones reales para los problemas estructurales que vive el país desde hace muchas décadas y que, una vez más, no se ha dado respuesta, sino todo lo contrario, durante el mandato del presidente Peña Nieto.

Sin duda el triunfo de López Obrador, ha generado una importante incertidumbre por el temor a que trate de impulsar políticas económicas y sociales que alteren el “curso normal” de las cosas en México, que limite la libre competencia y ponga trabas a una economía de libre mercado, y que revise de mera importante el Tratado de Libre Comercio con USA y Canadá, y con este, todo el conjunto de Acuerdos Internacionales que han hecho de México, una de las economías más abiertas del mundo. Estos temores se han propagado de manera importante por los más importantes grupos empresariales del país y por la actual clase política dirigente que ya ha advertido de las consecuencias de un Gobierno populista y de izquierdas.

Llegados a este punto, no vendría mal reflexionar sobre los motivos que han llevado a López Obrador a este triunfo. En 2012, Peña Nieto asumió la presidencia de México en un momento propicio para hacer política. México era la décimo cuarta economía del mundo, todos los estudios de prospectiva lo identificaban como el país que más y mejor iba a crecer en los próximos años, todas las variables macroeconómicas eran envidiables y su joven población, cada vez mejor formada, constituía un bono demográfico que reforzaba la idea de asegurar un crecimiento sostenido y sostenible de su economía. Y a esos aspectos, se añadía un hecho insólito y trascendente en su definición para México: el Pacto por México, un pacto firmado por todas las fuerzas políticas del país y dirigido a resolver los grandes problemas estructurales del país (competitividad -energía y telecomunicaciones-, pobreza, educación, infraestructuras), y favorecer el desarrollo del país y sus gentes. Este Pacto, junto con la situación de México, generaron una gran ilusión y esperanza que el Gobierno de Peña Nieto se ha encargado de frustrar durante su mandato. Y es de esta frustración de donde nacen y vienen los apoyos de López Obrador. Y es que no puede olvidarse que los grandes problemas de México siguen igual que siempre: cerca del 50% de su población vive en situación de pobreza;más del 50% de su economía es informal;la distribución de la riqueza es obscena y violenta como lo muestra el hecho de que el 1% de los más ricos, concentran el 28% de la riqueza del país;la población no puede acceder una educación y una sanidad de calidad;etc., y todo ello en un ambiente de inseguridad que permite más de 20.000 asesinatos al año, con un problema enquistado de narcoterrorismo que ha impregnado a buena parte de las estructuras políticas y económicas del país, y con unos niveles de corrupción e impunidad, alimentados y consentidos por el propio Gobierno, que son, simplemente, intolerables. Es en este marco en el que López Obrador ha construido su discurso y sus propuestas para tratar de superar todos estos viejos problemas para los que no valen viejas respuestas. Se necesitan respuestas, y el pueblo, México, está harto de promesas incumplidas, y de ver como se dan pasos en dirección de un Estado fallido y no de un país próspero, cohesionado y libre de estas miserias de siempre.

López Obrador debe ser prudente para no sembrar dudas ni crear falsas expectativas que luego no pueda cumplir y generen una frustración colectiva, y debe generar la confianza necesaria para impulsar las políticas económicas y sociales que hagan posible un profundo cambio en el país que ayude a superar esos grandes problemas estructurales que tiene. Él es consciente de las limitaciones presupuestarias que va a tener para impulsar determinadas políticas sociales que a buen seguro ha comprometido durante su campaña electoral, pero de la misma manera, sabe que la política no solo es el arte de lo posible, sino el arte de hacer “inevitable lo imposible”, y sabe que es posible construir una sociedad más justa, más cohesionada, más inclusiva, y más moderna y competitiva que nos permita conseguir un México mejor para todos.

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