El sacacorchos

El terror del aburrimiento

Por Jon Mujika - Martes, 3 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h

SUENA duro escucharlo pero para la felicidad son menos nefastos los males que el aburrimiento. ¿Y acaso no es ese el objetivo, no debiera serlo: que los niños de todo el mundo sean felices? Ya sé que peco de ingenuidad. Que es suficiente, por ejemplo, con que el pasaje infantil del Open Arms, llegue vivo a puerto. ¿Felices, dicen? La felicidad para ellos es una utopía. Buscan una playa no para hacer castillos de arena sino por pura supervivencia;buscan un muelle no para zambullirse en un baño de verano sino para pisar tierra firme sin que les muerdan los talones los perros del acoso y la miseria. Son los desterrados hijos de la pobreza. Niños que llegan desde Palestina, Sudán del Sur, Mali, Siria, Burkina Faso, Costa de Marfil, Eritrea, Egipto, República Centroafricana, Camerún, Etiopía, Libia, Bangladesh y Guinea y que no quieren volver. Fíjense si son tozudos, los pequeñajos, que prefieren entrar de nuevo a una exigente clase de matemáticas o comer sopa de verduras que cruzar la frontera de vuelta.

Tocadas las meninges (otras cosastambién, pero es delito hacerlo y pregonarlo...) con el comentario, diremos que los niños más afortunados, los nuestros, viven estos días las consecuencias de una sociedad construida en su contra, con progenitores que van todo el día con la lengua fuera para darles una vida cómoda;que desmenuzan, cuando pueden, sus vacaciones para que los tres meses de vacaciones no salgan un ojo de la cara (un tiempo el padre a su cuidado, otro idéntico -o mayor- la madre, y un tercero de colonias, cursos y cursillos y garajesvarios...) y no se puedan vivir en alegre compañía sino siempre echando de menos al otro, al que falta. Hay soluciones, claro que sí. Están los abuelos, que se desloman por amor al nieto o ser profesor o profesora y gastar el mismo horario que los pequeñuelos. Esa sí que es la salida buena.

Oímos esa palabra que suena como a helado de vainilla o tazón de chocolate, conciliación,y nuestra atrofiada máquina de pensar la traduce de otra manera, sobrecarga. O melancolía,porque se echa de menos a uno o más de la familia. O ¡Joder!cuando no llega la vida, cuando no te da para tanto. Cuando los que están en edad de merecer cuidados, los abuelos, son los cuidadores es que algo hacemos mal. Tantas y tantas cosas para que no se aburran.

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