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Mundial de Rusia

Ganada la grada, las mujeres aún sufren en la calle

Los aledaños de los estadios siguen siendo focos hostiles para la mujer en el mundo del deporte rey

Javier Martín - Domingo, 1 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Seguidoras de Colombia en las gradas del Mundial de Rusia.

Seguidoras de Colombia en las gradas del Mundial de Rusia. (EFE)

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Seguidoras de Colombia en las gradas del Mundial de Rusia.

moscú- Ganadas las gradas, recuperado el césped y aún en franca minoría en los despachos, el globalizado negocio del Mundial tiene en las calles y las zonas de aficionados un espacio aún oscuro, hostil para la mujer, en el que el deporte rey es el machismo.

La historia del fútbol es terca, refleja la naturaleza de sociedad, y por ello corre paralela a la merma paulatina de los derechos femeninos que supuso la aciaga primera mitad del siglo XX, la del alumbramiento de la carta de los derechos humanos.

Fotos y crónicas muestran que en los últimos años del siglo XIX, hombres y mujeres compartían sin rubor los terrenos en los que el rudimentario deporte del balompié eclosionaba como un fenómeno social y también económico. Y que incluso las mujeres dejaban al lado sus amplios faldones de época y se enfundaban largos calzones y camisetas de estilo deportivo.

Los anales de la Federación Inglesa del fútbol -la que concedió las reglas que hoy conocemos- cuentan que el primer partido oficial femenino se disputó el 23 de marzo de 1895 en el Crouch End Athletic Ground de Londres y atrajo a más de 10.000 espectadores. Contienda que desató los primeros debates a favor y en contra de esta práctica. Al día siguiente del choque, diarios como el Bristol Mercury o el Daily Postsentenciaron que “las mujeres no pueden, ni nunca jugarán al fútbol como debe jugarse”.

Aún así, el fútbol femenino creció y se desarrolló en paralelo al masculino hasta 1921, fecha en la que la federación inglesa impuso un veto definitivo porque “no es un juego adecuado para féminas”. El año anterior, el famoso Box Day había enfrentado sin embargo al Dick Kerrs Lady Club con el Sant Helen Lady, y reunido a más de 53.000 espectadores en el Goodison Park, con miles más en el exterior.

La FA no levantó la prohibición al fútbol femenino hasta 1971, y la FIFA tardó 28 años más en organizar el primer mundial para mujeres.

Dos décadas más tarde, las mujeres han recuperado el césped, las gradas y la pasión con la que disfrutaban del fútbol a finales del siglo XIX, aunque aún siguen lejos de las cifras millonarias y el impacto del marco masculino. Un espacio propio al que asimismo ha contribuido este Mundial, que gracias a la presión mediática y al empuje de la propia FIFA ha logrado que las mujeres iraníes hallan avanzado en su lucha por recobrar el derecho a entrar en un estadio que les hurta la cerrazón religiosa y política.

Igual de dura y penosa ha sido su batalla por escalar puestos en el patriarcal entramado directivo del fútbol, donde los techos de cristal están todavía protegidos por una densa malla de acerco con escasos orificios.

En marzo de 2018, la revista Forbes publicó la lista de las cien mujeres más influyentes del deporte internacional, y en sus primeros puestos aparecían tres mujeres con cargos relevantes tanto en la FIFA como la UEFA. La primera era Fatma Samba Diouf Samoura, senegalesa de 54 años, antigua funcionaria de la ONU, que ejerce de secretaria general de la FIFA, es decir, mano derecha y número 2 del presidente, Gianni Infantino. La brecha la había abierto en 2013 Lydia Nsekera, economista de Burundi que ese año se convirtió en la primera mujer en ser elegida miembro del Comité Ejecutivo de la FIFA. En el mismo comité, pero de la UEFA, se sienta desde 2016 la francesa Florence Hardouin, mientras que otras, como la ecuatoriana María Sol Muñoz Altamirano, fue la primera mujer en representar la Confederación Sudamericana en el Consejo de la FIFA.

La evolución contrasta con el abuso y las actitudes machistas que se repiten en estos días de mundial en las calles, en las zonas de aficionados y el en acceso a los estadios de Rusia 2018, donde las mujeres sufren un grave y extendido acoso físico y verbal de parte de muchos seguidores.

sin arropoNo hay cifras oficiales de denuncias policiales interpuestas desde que arrancó el torneo ni estadísticas para conocer la dimensión de un problema afónico en los medios de comunicación. Es una tarea ciclópea, casi imposible. Las aficionadas se quejan de que no tienen dónde ni a quién acudir, ni un organismo del fútbol internacional que les atienda ni la propia policía rusa, que a la barrera del idioma añade la falta de formación adecuada para afrontar esta lacra.

“Sí, la verdad es que es muy desagradable. Te miran feo, te intentan tocar con la excusa de que cantamos y saltamos para animar a los equipos”, explica a Efe Gabriela, una argentina que viaja acompañada de su novio. “Te jalan por la cintura y te dicen cosas muy sucias. Te quieren tocar todo el rato”, agrega Francisca mientras camina con su familia por los alrededores de la Plaza Roja de Moscú.

Vídeos de aficionados como el que se ha hecho viral en internet de seguidores colombianos que humillaban a aficionadas japonesas han dejado entrever la situación. Es solo una fracción del iceberg que se esconde bajo el fango machista que desgraciadamente también se genera junto a la fiesta del fútbol planetario.

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