Red Bull Cliff Diving

Una postal muy bilbaina

Cerca de 25.000 personas se dieron cita en ambas márgenes de la ría de Bilbao para disfrutar de un evento que fue un auténtico espectáculo de sonidos, colores y silencios en un fondo muy representativo del botxo

Un reportaje de Miguel A. Pardo - Domingo, 1 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Unas 25.000 personas se congregaron en los alrededores del puente de La Salve para contemplar la prueba bilbaina del circuito mundial de saltos.

Unas 25.000 personas se congregaron en los alrededores del puente de La Salve para contemplar la prueba bilbaina del circuito mundial de saltos. (Juan Lazkano)

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Unas 25.000 personas se congregaron en los alrededores del puente de La Salve para contemplar la prueba bilbaina del circuito mundial de saltos.

dESDE lo más alto del puente de La Salve, con el Museo Guggenheim a mano izquierda, Deusto a mano derecha y el cauce de la ría marcando el horizonte. Todo ello acompañado por la lluvia, por un fino sirimiri que, en algunos momentos, pasaba a ser un aguacero de pleno derecho. ¿Hay, acaso, una estampa más bilbaina que esa? Pues esas imágenes espectaculares, de postal que dejaron ayer los catorce clavadistas del Red Bull Cliff Diving son las que han dado la vuelta al mundo y las que reflejan lo que son Bilbao y Bizkaia. 25.000 personas disfrutaron y dieron color a esta prueba que visitó el botxo por tercera vez.

Aplaudieron, animaron y guardaron silencio cuando había que hacerlo, cuando los clavadistas se disponían a realizar sus saltos. Silencio porque en cada salto los clavadistas se juegan la vida. Así, el ritual se repitió en cada actuación de los saltadores: aplausos para animar según se encaminaban a la plataforma, silencio absoluto mientras se preparaba el salto, sonidos de sorpresa durante el salto y una cerrada ovación al finalizar el mismo. El ambiente fue extraordinario desde los prolegómenos de esta prueba. Una de las imágenes más llamativas la dejó el dantzari Alberto Dueñas, quien bailó a 27 metros de altura, desde la plataforma que sirvió más tarde de trampolín para que los clavadistas hiciesen sus saltos. “Hay que ser valiente para bailar a esa altura y, además, con la plataforma mojada”, se podía escuchar entre el público.

Y es que la lluvia fue ese ingrato invitado que aparecía y desaparecía, cuando las precipitaciones eran más intensas, los bajos del puente de La Salve fueron un refugio perfecto para las 25.000 personas que presenciaron el evento. Uno de los más aclamados por el respetable fue Orlando Duque, el clavadista cafetero es una auténtica leyenda y levanta pasiones allá por donde va, y Bilbao no fue excepción. Entre el público congregado en las inmediaciones de La Salve, había una nutrida representación colombiana. Así, entre el mar de colores que se dibujó en ambas márgenes de la ría, las banderas de Colombia y las camisetas de su selección de fútbol contaron con un papel destacado.

Otro de los más ovacionados fue Jonathan Paredes. Además de por sus espectaculares saltos, la afición bilbaina aún recuerda cuando en 2015 se subió a la plataforma de La Salve con la camiseta del Athletic. Uno de quienes aún recuerda ese gesto es el jarrillero Eneko Arce, quien acudió con su familia a gozar del espectáculo de los clavadistas. “Fue un gesto muy bonito, estaría muy bien que ganase”, señaló Arce. Paredes estuvo liderando la prueba hasta el último salto, pero, finalmente, tuvo que conformarse con el segundo puesto. “Estaría muy bien que esto mismo se hiciese en un futuro en el Puente Colgante, como portugalujo me encantaría”, indicó Eneko, quien acudía por vez primera a ver, in situ, esta prueba.

Una competición y unos deportistas que despiertan admiración. “Es impresionante lo que hacen, es una gozada verles caer, hacer estas piruetas... Por eso quería venir a verles”, indicó Iván González, que llegó hasta el botxo desde Castro. La prueba fue un atractivo para que se desplazasen hasta la capital vizcaina personas de fuera de Bizkaia. Ejemplo de ello fue Javier Gómez, quien llegó desde Iruñea junto a sus hijos. “Hemos aprovechado para pasar el día en Bilbao, siempre es bonito venir y esta competición es un aliciente más. El tiempo no ha sido inconveniente porque este día es muy típico de Bilbao”, señaló Javier.

Era una tarde de reír, de disfrutar y de admirar la labor de los clavadistas ya fuera en pareja, en cuadrilla o en familia. Lourdes Ortega, Claudia Epelde y Ana González presenciaron la competición junto a Mamá, la gigantesca araña que preside Uribitarte. “No seguimos este tipo de competiciones, pero tener un evento así al lado de casa es una gozada y, pese a que llueva, no hemos dudado en venir”, explicaron. Lourdes y Ana ya habían estado presenciando en ediciones precedentes esta competición, pero para Claudia era la primera vez. El caso de este grupo es fiel reflejo de la mezcla que había entre la afición que presenció los saltos: había quienes se estrenaban como público y quienes ya habían estado en ediciones precedentes. Todos ellos, unidos a los clavadistas, dieron color y sonido a un espectáculo que se desarrolló en mitad de una estampa muy bilbaina dibujada por las gotas del sirimiri.

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