Miembro Honorario del H. Patronato del Colegio de San Ignacio de Loyola Vizcaínas

Eneko Bealusteguigoitia: “Las Vizcaínas es el único colegio que ha trabajado ininterrumpidamente en México desde hace 250 años”

Una entrevista de Marta Martínez Fotografía Oskar M. Bernal - Sábado, 30 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Eneko Bealusteguigoitia.

Eneko Bealusteguigoitia.

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Eneko Bealusteguigoitia.

Bilbao- El Colegio de San Ignacio de Loyola Vizcaínas abrió sus puertas el 9 de septiembre de 1767 en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Fue el primer centro educativo laico para mujeres del continente americano y el único que, desde hace 250 años, ha trabajado ininterrumpidamente en el país azteca. Fue fundado por la Cofradía de Nuestra Señora de Aránzazu para “acoger y proteger a la mujer novohispana, en especial a niñas, doncellas y damas viudas en necesidad de amparo”.

A lo largo de sus 250 años de historia, el colegio ha sido testigo de los acontecimientos más destacados de México, desde la independencia del país a la Revolución mexicana. Destaca, asimismo, el edificio barroco que lo alberga, declarado monumento histórico por el Instituto Nacional de Antropología e Historia y que ocupa una manzana entera del emblemático Centro Histórico. “Después del Palacio Nacional (sede del Gobierno federal), es uno de los edificios más importantes”, destaca Eneko Belausteguigotia, miembro honorario del Patronato del Colegio de San Ignacio de Loyola Vizcaínas.

En un principio, el proyecto arquitectónico corrió a cargo de Pedro Bueno Basori, quien fuera cofrade de Aránzazu, pero falleció antes de empezar la obra, por lo que la construcción quedó en manos de arquitecto José Miguel de Rivera Saravia.

El Colegio de San Ignacio de Loyola Vizcaínas cumple 250 años, ¿cuál es el secreto del éxito?

-Trabando muy duro y con patronos muy buenos.

¿Cómo fueron los inicios?

-Los vascos estaban unidos en la Cofradía de Aránzazu y la capilla de Aránzazu estaba pegada al Convento de San Francisco en la calle más importante de México. Los vascos siempre fueron muy trabajadores, tenían mucha agricultura, mucha minería y la cofradía les daba auxilio espiritual y auxilio económico, les daba hipotecas a quienes las solicitaban. Tres cofrades vieron a la orilla del lago de México unas niñas jugando ahí en el lodo, entonces decidieron hacer un colegio para niñas. En 10.000 metros cuadrados hicieron un colegio de 25.000 metros cuadrados, que es este.

Un edificio muy importante, ubicado en el Centro Histórico de la ciudad.

-Después del Palacio Nacional es uno de los más importantes. Y lo hicieron todo con donativos, desde medio centavo al mes, y así se juntaron un millón de pesos oro. Con eso hicieron el colegio.

A pesar del nombre, es un colegio laico. ¿Fue así desde sus orígenes?

-Al principio, el colegio tuvo muchas dificultades para que lo abrieran, porque los vascos querían que no dependiera de la Iglesia y eso les costó mucho. Hasta se tuvo que morir el obispo de México para que pudieran abrir el colegio, cuando era un edificio fantástico. Siempre ha sido un colegio laico, aunque tiene una capilla preciosa de San Ignacio de Loyola y el Colegio se llama San Ignacio de Loyola.

¿Qué relación ha tenido con la Iglesia durante su historia?

-Ninguna, nunca ha dependido de ella para nada y gracias a eso, cuando hubo la amortización con Benito Juárez, no fue a parar a manos del gobierno. Es el único colegio que desde hace 250 años ha trabajado ininterrumpidamente.

No es un colegio dependiente del Gobierno ni de la Iglesia, funciona a través de un patronato, ¿no?

-Sí, funciona como un patronato, normalmente de vascos. Ha habido patronos muy buenos, como el maestro Manuel Madrazo Garamendi, que tiene parientes en Bilbao. Fue director de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y también profesor del Colegio Alemán, él fue muy buen patrono. Otro patrono fue José María Basagoiti, de los Basagoiti de aquí de Getxo. Allá tenían la tabacalera, pero como los precios de los cigarros estaban controlados y los socios de aquí le pendían más dividendos y más dividendos, tuvo que venderla, pero se la vendió al ingeniero Slim que le pagó con acciones de sus compañías, entonces le fue muy bien. Mi padre también fue patrono y yo, durante 40 años. Ahora soy el presidente de los jubilados.

¿Eran todas las alumnas descendientes de vascos?

-Antiguamente el colegio funcionaba como un claustro, las chicas entraban al colegio y se quedaban toda su vida o salían para casarse o para irse al convento. El colegio las proveía de las dotes necesarias para casarse o para entrar al convento. No todas eran descendientes de vascos, pero sí la mayoría. El colegio tenía 2.000 alumnas, pero tuvimos el temblor del 85 y el 60% del colegio se nos vino abajo. Entonces, de 2.000 alumnas que teníamos se redujo a 400 y, además, mucha de la gente de la Ciudad de México se salió del Centro Histórico, entonces el colegio ha tenido problemas de alumnos.

¿Qué requisitos eran necesarios para estudiar allí?

-Que fueran personas de pocos recursos.

¿Y cómo se financiaban sus estudios?

-El colegio tienen 60 apartamentos que se llaman de taza y plato, abajo tenían los talleres y arriba vivían y con eso se sostenía el colegio.

A lo largo de sus 250 años habrán pasado por el colegio mujeres que luego han tenido un papel destaco en la sociedad. ¿Quiénes son sus alumnas más ilustres?

-Hemos tenidos alumnas muy importantes. Doña Josefa Ortiz de Domínguez fue muy importante en la guerra de independencia en Querétaro. También han pasado por el colegio artistas de cine como ‘La abuelita de México’ (Sara García Hidalgo) y Frida Kahlo.

¿Cuántos alumnos tiene hoy en día y cómo funciona?

-Ahora tiene 600 alumnos, es un colegio mixto. Tiene kinder (preescolar), seis años de primaria, tres de secundaria y tres de preparatoria. Antes, las alumnas eran internas, ahora los alumnos son todos externos, funciona como un colegio normal.

¿Cuándo se dio el cambio? ¿Cuándo pasó de un colegio para niñas a uno mixto?

-Fue cambiando poco a poco, por ejemplo, en 1800 fue la amortización del resto de las escuelas, entonces al Colegio las Vizcaínas le llevaron muchos archivos y cosas muy valiosas de escuelas que pasaban a manos del gobierno o se cerraban. Tiene biblioteca muy extensa y muy buena, el Gobierno Vasco nos ha ayudado para digitalizar toda la biblioteca, mucha gente va ahora a estudiar allí. Tenemos también un museo, tiene un peso cultural muy importante.

¿Qué relación mantiene el colegio con la comunidad vasca de México?

-Bastante, cada vez que va un lehendakari hace un evento en el colegio.

¿Se imparten estudios vascos?

- Se está en eso, todavía no.

¿Qué peso ha tenido el colegio en la historia de la ciudad?

-Hubo épocas en las que tuvo mucho peso, en la época de Don Porfirio, los 36 años que estuvo de presidente, tuvo mucho peso. Después, en la Revolución hubo muchos problemas, con el temblor también fue terrible, pero abrimos el colegio y ahora hacemos eventos. Las bodas más importantes y los eventos importantes se hacen en el colegio. Y eso nos da ingresos suficientes, porque casi la mitad de los alumnos están becados.

¿Qué tipo de problemas tuvo durante la Revolución mexicana?

-Dificultades económicas.

“Al principio el colegio tuvo muchas dificultades para que lo abrieran porque los vascos querían que no dependiera de la Iglesia”

“Funcionaba como un claustro, las chicas entraban al colegio y se quedaban toda su vida o salían para casarse”

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