Alfredo Irusta Irusta | Exciclista y Campeón de España de ciclocross

Alfredo Irusta: Un pura sangre del ciclismo épico

I. Gorriti - Miércoles, 27 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Alfredo Irusta, con su bici al hombro en plena carrera.

Alfredo Irusta, con su bici al hombro en plena carrera.

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Alfredo Irusta, con su bici al hombro en plena carrera.Alfredo Irusta entra en la línea de meta tras una dura carrera de ciclocross. Fotos: DEIA

Bilbao- “Si me hice adulto con una frase en mi mente fue: mi padre plantó cara a Anquetil, a Bahamontes y Sagarduy en Arrate”, habla con orgullo, cariño y reconocimiento Alfredo Irusta Sampedro, hijo de Alfredo Irusta Irusta, histórico exciclista fallecido el domingo a los 83 años de edad.

Bizkaia y Cantabria -nació en Ampuero- han perdido a un mítico profesional de la bicicleta que lo fue todo en el periodo 1960-72 en ruta, y tres veces campeón de España de ciclocross, modalidad en la que fue pionero en el Estado en 1966, 1969 y 1971. La vieja guardia así lo recuerda, pero también la savia actual que le evoca como “como referente del ciclocross, para mí siempre lo ha sido”, apunta Iban Mayo y, cómo no, David Seco: “Siempre le he estado y estaré agradecido porque fue mi primer maestro en cadetes gracias a que era amigo de mi padre. Cuando fallece ese tipo de personas te queda el cariño”, subraya.

Su vida, sobre todo, su infancia no fue nada fácil. La guerra de 1936 cogió a su familia en Ampuero cuando las tropas republicanas se replegaban hacia Santander. El padre de Irusta era socialista y fue detenido y enviado primero a la cárcel de Santoña y, a continuación, a Larrinaga, en Bilbao. Fue fusilado en las sacas de diciembre de 1937. “Mi abuela -rememora Alfredo hijo- tenía mucho carácter y se enfrentó a la autoridad y acabó siendo detenida. De hecho, mi tía nació en prisión”. El niño, que entonces tenía 3 años, con 11 primaveras perdió también a su madre por una tuberculosis.

Llegó el servicio militar e Irusta lo cumplió en Torrejón de Ardoz. A su término, combina la bicicleta, con su trabajo y la huerta. Para entonces, vivía ya primero en Gallarta. “Mi padre trabajaba en la forestación, en la construcción... Competía en bici al más alto nivel después de trabajar cortando pinos en el monte. Algo inimaginable hoy. Yo he sido ciclista profesional y sé lo qué es. No nos podemos ni comparar con ellos”, enfatiza.

Quienes le conocieron coinciden en dos impresiones sobre él: que era un libro abierto y que era de carácter fuerte y generoso corazón. “Ahora me arrepiento de no haberle grabado con vídeo todo lo que contaba”, admite su hijo. Seco va más allá: “Era de mucho genio en los entrenamientos, pero muy generoso. Se volcó siempre conmigo, quizás me vio con cualidades o ilusión, y tenía ese carácter ambicioso, exigía, por ello le guardo ese cariño”.

“Fue un referente vasco del ciclocross y no solo en Euskadi, también a nivel estatal. Si conocí el ciclocross fue por él y también conocí a su hijo, profesional como yo. Es una pena que en poco tiempo tanto él como otro histórico, Andrés Gandarias, a quien conocía más, hayan fallecido”, aporta Iban Mayo.

Un recordado cronista como Joserra Epelde define a aquel que “tuvo también una tienda de reparación de bicicletas” como “un corredor superduro” y analiza las características de los corredores de la época: sin métodos ni médicos ni técnicos. “Actuaban por intuición e Irusta era así, superduro, de los antiguos”.

Hoy -27 de junio- se cumple un mes del fallecimiento de otro ciclista histórico, de los de entonces: el durangarra Andrés Gandarias. “En un mes hemos tenido dos bajas muy importantes. La de nuestro aita y ahora Irusta”, lamenta Ander Gandarias, quien junto a la viuda de Andrés le recordarán siempre como “una persona todo corazón y todo voluntad”, subraya Miren Zuazua.

La familia de Irusta agradece todas y cada una de estas palabras y reacciones que han ido recibiendo desde el domingo. Entre ellas, la de Iñaki Llamas, amigo. “Yo destacaría lo pendiente que estuvo Alfredo padre con su hijo para que en el ciclismo profesional no se topara con los muros que él se pegó. Le asesoró siempre”.

El nombre de aquél queda ya para la historia. “Aita -concluye Alfredo hijo- fue un hombre de fortaleza y pundonor que tenían los ciclistas épicos. Con eso me quedo, fue un purasangre de los ciclistas de antes”.

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