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Mundial de rusia 2018, el Personaje

¿Quién es Mandzukic?

Ragnar Sigurdsson, central de Islandia, se ha convertido en un ídolo en su país por su juego aguerrido, su aplastante simplicidad y por despreciar sin tapujos todo el espectáculo mediático que envuelve al mundo del fútbol

Un reportaje de Jon Larrauri - Martes, 26 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Ragnar Sigurdsson

Ragnar Sigurdsson (Foto: AFP)

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Ragnar Sigurdsson

Si su portentosa actuación en los octavos de final de la pasada Eurocopa, con un gol y un desempeño defensivo que llevó por la calle de la amargura a Harry Kane y Jamie Vardy, siendo elegido además mejor jugador del partido más importante de la historia de Islandia, le valió para que su compatriota y actor Bjorn Bragi Arnason le elogiara diciendo de él que “es el material más duro del mundo”, Ragnar Sigurdsson (Reykjavik, 19-VI-1986) sigue siendo dos años después el mismo tipo granítico e indomable.

Como muestra, el segundo partido de la fase de grupos del Mundial ante Nigeria. En el primero de los dos goles de Musa, Sigurdsson sufrió un rodillazo fortuito en la cabeza, lo que le provocó una aparatosa brecha. Siguió jugando con un vendaje y en primera instancia se resistió a ser cambiado, pero tuvo que dejar el césped minutos después. Tal y como reconoció el sábado su seleccionador, Heimir Hallgrimsson, el jugador estaba totalmente ido, desnortado. “Durmió bien esa noche, pero no se acuerda de nada. Tras el partido no sabía ni lo que decía. Le dije que era Pelé y que el próximo partido iba a marcar tres goles”, bromeó el técnico.

No le gusta intercambiar camisetas y argumenta: “Si no me las voy a poner ni las voy a colgar de una pared, ¿qué hago con ellas?”

Se da por supuesto que Sigurdsson sabrá quién es O Rei, pero es bastante probable que no conozca profundamente sus andanzas y que no haya visto demasiadas imágenes suyas. Y es que el central del Rostov es uno de esos espíritus libres y peculiares que cada vez escasean más en el ultraprofesionalizado mundo del fútbol. A Sigurdsson le gusta ser profesional de este deporte, batirse el cobre contra los mejores y, sobre todo, ganar, pero desprecia todo el circo mediático que lo rodea y ni siquiera le gusta ver los partidos por televisión. Su personalidad le ha llevado a protagonizar episodios hilarantes, como cuando en 2013, en la previa de la repesca para el Mundial que debía jugar ante Croacia, reconoció sin tapujos no saber quién era Mario Mandzukic, contra el que curiosamente hoy podría volver a medirse sobre el césped: “No estoy bromeando, no creo haberle visto jugar nunca, pero he oído que es un buen jugador. ¿Milita en el Bayern, no? No veo mucho la liga alemana”, dijo de un jugador que se encontraba en la cúspide de su carrera y que había marcado en la última final de la Champions. “La verdad es que últimamente no sigo demasiado el fútbol porque me recuerda todo a un show mediático, con jugadores luciendo sus abdominales y sus peinados e intentando hacer trampas a la mínima tirándose en el área”, criticó acto seguido un jugador que prefiere ver partidos de balonmano y combates de artes marciales mixtas.

Con una sólida trayectoria a sus espaldas (tras formarse en el Fylkir de su país, ha militado en el Goteborg, Copenhague, Krasnodar, Fulham y Rubin Kazan antes de recalar en enero en el Rostov), Sigurdsson es, por su sinceridad y simplicidad, uno de los ídolos de su país. Cuando en 2007 se convirtió en pieza clave en el primer título liguero del Goteborg en once años, tuvo problemas para entrar al restaurante donde se celebraba el éxito porque los miembros de seguridad no le reconocieron. Ese mismo año, se le vio estampar contra una pared la medalla de plata tras perder la final de Copa en los penaltis. “Tuve que luchar tanto para ser futbolista que odio perder. El fútbol es lo único que tengo, no tengo nada más, ni siquiera estudios. Cuando todos los chicos de mi edad se iban de fiesta en vacaciones, yo me quedaba en casa para cuidarme”, dijo tras su gran actuación en la última Eurocopa.

A contracorriente Fan del Liverpool desde su infancia, Sigurdsson ni siquiera tiene ese punto de mitomanía que se da en el mundo del deporte. Por ejemplo, no le gusta intercambiar camisetas al acabar los partidos. “Nunca lo hago, para mí no tiene ningún sentido. Siempre pienso lo mismo: ¿y qué hago yo con esa camiseta?No la voy a usar, tampoco la voy a colgar en una pared. No sabría qué hacer con ellas. Sé que hay otros jugadores a los que les gusta tener recuerdos de los grandes partidos, pero no es mi caso. Entiendo que haya gente que pueda querer las camisetas de Cristiano Ronaldo o Messi, pero eso no es para mí”, argumenta un tipo que incluso va a contracorriente en temas meteorológicos, asegurando que cuando está en Rusia echa de menos los inviernos de Islandia: “Yo salgo a la calle cuando para muchos hace mal tiempo, con lluvia, nieve y fuertes vientos;en verano suele hacer demasiado calor para mí y me quedo que casa”. Genio y figura.

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