Tribuna abierta

Un Galeuscano argentino ignorado

Por Xosé Estévez - Miércoles, 20 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:00h

EL argentino Alfredo Lorenzo Ramón Palacios fue un abogado, legislador, político, profesor de la universidad de Buenos Aires y rector de la de La Plata. Ciertamente ha sido considerado, incluso por sus adversarios, como un personaje extraordinario, singular, atractivo, carismático y de personalidad arrolladora. Es prácticamente desconocido en Europa y fue un amigo ignorado de vascos, gallegos y catalanes emigrados y exiliados en ese país sureño. Junto a Alvear, Perón e Hipólito Yrigoyen, presidentes con los que discrepó abiertamente, fue uno de los políticos de mayor influencia en la Argentina del siglo XX.

Nació este ilustre personaje en Buenos Aires en 1878 y falleció en la misma ciudad porteña en 1965. Su padre, abogado y periodista, lo educó en la fe cristiana, que abandonaría en su juventud. La lectura de Marx y Engels, el ambiente de la época y la percepción de la idiosincrasia argentina serían los fundamentos de su formación y acción políticas.

Terminada la carrera de abogado, inició su tesis titulada La miseria, que se vió obligado a retirar a causa de presiones académicas por otra sobre la quiebra de empresas. Fiel reflejo de sus preferencias sociales fue la placa que colgó a la entrada de su bufete: “Dr. Alfredo Palacios atiende gratis a los pobres”.

Incorporado al Partido Socialista, saldría elegido diputado nacional en 1904, siendo, por tanto, el primer diputado de esta formación en Argentina.

Fundador del Nuevo Derecho, el derecho de los trabajadores, Alfredo Palacios logró arrancar de la oligarquía argentina varias leyes sociales: la del sábado inglés, descanso dominical, aumento de sueldos, pago de sueldos en moneda y no en vales, ley de accidente laboral, ley del trabajo femenino, ley de la silla (obligación de que la empresa colocase sillas para los trabajadores), estatuto del docente y otras muchas. Su tarea como diputado o senador estuvo preferentemente enfocada hacia los más desfavorecidos: trabajadores, mujeres, niños, ancianos y jóvenes, adhiriéndose también al movimiento de la reforma universitaria de 1918. Introdujo en el Congreso el primer proyecto de voto femenino, que se alcanzaría curiosamente en 1947 bajo la presidencia de Perón. En sus tres principales actividades: abogacía, política y profesoral universitaria defendió vehementemente los valores de la igualdad, libertad y solidaridad social. Introdujo, además, en el socialismo el debate nacional, compaginando internacionalismo y nacionalismo y obligando a que en las marchas del partido ondeasen junto a las banderas rojas las argentinas.

Entre sus obras más importantes se encuentran El nuevo derecho, La miseria, la fatiga y sus proyecciones sociales, Los nuevos métodos: del dogma a la ciencia experimental, La universidad nueva, Enseñanza secundaria, universidad y democracia, El delito de opinión y la tradición argentina, América y el imperialismo yanqui, El derecho de asilo, La democratización de la enseñanza, La defensa de la libertad y una enorme cantidad de conferencias y otros escritos.

En varias ocasiones mostró su valentía y coherencia, enfrentándose al poder político. En 1930, al día siguiente del golpe que derrocó al presidente Yrigoyen, Palacios renunció a su cargo de decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, afirmando que era “contrario a la Constitución y al espíritu democrático que le inspira, reconocer una Junta impuesta por el ejército”. A finales de los 50 simpatizó con la revolución cubana hasta el punto de que el lema de la campaña presidencial de 1958 por los socialistas era: “En Cuba los barbudos, en Argentina los bigotudos... vote vote vote vótelo a Bigote”, pues Alfredo Palacios estaba dotado de un imponente mostacho. Más tarde, cuando la Revolución cubana se adhirió al bloque soviético, criticó esta decisión, porque siempre concibió incompatible la realización del socialismo sin libertad.

Alfredo Palacios fue un firme defensor de los derechos de las pequeñas naciones, por eso mantuvo una especial relación con las comunidades de emigrantes y exiliados vascos, gallegos y catalanes

Su vida austera, honesta, consecuente, generosa y filántropica implicó grandes privaciones, falleciendo en la más absoluta pobreza, de tal manera que hubo necesidad de realizar un campaña de suscripción popular para costear los gastos de las exequias.

Fue un firme defensor de los derechos de las pequeñas naciones, por eso mantuvo una relación especial con las comunidades de emigrantes y exiliados gallegos, vascos y catalanes, radicados en Argentina, principalmente en Buenos Aires.

En 1928 ocurrió un importante acontecimiento, que ligaría a Alfredo Palacios con el contencioso nacional catalán y por extensión con el vasco y el gallego. En 1926, durante la dictadura de Primo de Rivera, Francesc Macià, al mando de un grupo armado de catalanes y antisfascistas italianos, había intentado invadir el territorio catalán por Prats de Molló desde el exilio francés. Fue apresado por la gendarmería gala, juzgado y condenado, siendo posteriormente deportado a Bélgica, que le concedió pasaporte legal. En 1928, invitado Macià en compañía de Ventura Gassol por los catalanes de Montevideo y Buenos Aires, se trasladó a la capital uruguaya. Dada la tardanza en concederles el visado para entrar en Argentina, bajo la presidencia de Alvear, lo hicieron clandestinamente. Fueron inmediatamente apresados. Enterado Alfredo Palacios, los acogió en su propio domicilio, realizó enseguida intensas gestiones y presentó recursos, que fructificaron en la liberación de los detenidos y la obtención del visado de estancia, que originaría el derecho de asilo. Macià no olvidaría nunca esta acción humanitaria y desinteresada.

Desde los años 1920 mantuvo vínculos estrechos con la Federación de Sociedades Galegas, estableciendo íntima amistad con Ramón Suárez Picallo, posteriormente diputado del Partido Galleguista, quien realizaría en numerosas ocasiones grandes elogios de este personaje en los periódicos gallegos de Bueos Aires. Fruto de estas relaciones en 1929 sería designado socio de honra del Centro Gallego de Buenos Aires.

Con el triunfo de la República española en 1931 y la proclamación de Macià como president de la Generalitat, Alfredo Palacios sería invitado de honra en 1933, siendo recibido con honores de jefe de Estado en Barcelona y nombrado Ciudadano Honorario de Catalunya. En esa ocasión desembarcó el 22 de marzo en Vigo y, después de visitar Santiago de Compostela, sería elegido Hijo adoptivo de Ferrol por el alcalde, el socialista galleguista, Xaime Quintanilla. Este nombramiento, si no os estoy equivocado, no sería revocado sorpresivamente durante el franquismo.

Esta relación galeuzcana de Alfredo Palacios es constatable por su presencia en numerosos actos de las comunidades vasca, gallega y catalana de la diáspora bonaerense. Así, en octubre de 1941 reaparecía en Uruguay el lehendakari Aguirre tras su periplo por las fauces de león nazi y el 15 del mismo mes se traladaba a Buenos Aires, donde sería objeto de abundantes homenajes. La recepción más multitudinaria tuvo lugar en un magno banquete en el salón Príncipe Jorge. En la cabecera de la Mesa presidencial se encontraban el bigotudo Alfredo Palacios y el gallego Castelao. Aguirre pronunció un largo discurso, dirigiendo un saludo especial a los catalanes y gallegos, reproducido íntegramente porEuzko Deya y parcialmente por el prestigioso diario de Buenos Aires La Nación. El periódico Euzko Deya(25-10-1941, p. 5) afirmaba: “Por no tener el texto de la brillantísima oración pronunciada por el senador y Rector de la Universidad de la Plata, doctor Alfredo L. Palacios, tenemos el disgusto de no poder transcribir su magnífica improvisación”.

Una nutrida representación de la Asamblea Independentista de la Joventut Catalana de Buenos Aires le tributaría un emotivo homenaje en abril de 1959 a Alfredo Palacios en su domicilio particular, donde fueron frugalmente acogidos, mientras tomaba el mate “servido por su anciana criada gallega”.

Con motivo de su fallecimento, organizado por el Consello de Galiza y la delegación de la Generalitat en Buenos Aires, se celebró el 6 de agosto de 1965 en el Casal Catalá un acto de homanaje a este extraordinario personaje, Pronunciaron solemnes discursos los catalanes Joan Cuatrecasas y Joan Rocamora, el gallego Xosé Núñez Búa y los españoles Claudio Sánchez Albornoz, ilustre historiador, y Luis Jiménez de Asúa, reconocido jurista y socialista, y uno de los principales autores de la Constitución republicana de 1931. Estos dos últimos también fervientes centralistas y el segundo uno de los responsables de que la Constitución republicana no fuese federal. Todas las intervenciones gozaron de amplio eco en el periódico La Opinión Gallega.

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