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Rusia 3, Egipto 1

Rusia se lo ha creído y ya está en octavos

La anfitriona, con un fútbol intenso y efectivo, no dio opción alguna a Egipto, que resistió un tiempo y tuvo que conformarse con el gol de Salah

José L. Artetxe - Miércoles, 20 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Mohamed Salah trata de escaparse del marcaje de Zobnin.

Mohamed Salah trata de escaparse del marcaje de Zobnin. (AFP)

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Mohamed Salah trata de escaparse del marcaje de Zobnin.

RUSIA: Akinféev;Mario Fernandes, Ignashévich, Kutepov, Zhirkov (Min. 86), Kudriasov);Zobnin, Gazinski;Samédov, Golovin, Cheryshev (Min. 74, Kuziaev);y Dyuba (Min. 79, Smólov).

EGIPTO: El Shenawy;Fathy, Gabr, Hegazy, Abdelshafy;Elneny, Hamed;Salah, Elsaid (Min. 63, Amr Warda), Trezeguet (Min. 67, Ramadan Sobhy);y Marwan (Min. 81, Kahraba).

Goles: Rusia 3, Egipto 1. 1-0: Min. 47;Ahmed Fathy, en propia meta. 2-0: Min. 59;Cheryshev. 3-0: Min. 62;Dzyuba. 3-1: Min. 73;Salah, de penalti.

Árbitro: Enrique Cáceres (Paraguay). Amonestó a Trezeguet (min. 56) y Smolov (min. 84).

Incidencias: Partido de la segunda jornada del Grupo A del Mundial 2018 disputado en el Saint Petersburg Stadium de San Petersburgo ante 64.468 espectadores.

bilbao- Rusia avanza con paso firme en su Mundial. Dos partidos, dos triunfos concluyentes y el billete para la siguiente ronda en la mano. Se jugará la primera plaza del Grupo A con Uruguay el próximo lunes. Cierto que aún no se ha medido a rivales de entidad, pero ello no quita para reconocer que enseguida se ha desprendido de la etiqueta de selección enchufada o de relleno que en alguna edición anterior ha correspondido a la anfitriona. Por su parte, Egipto está definitivamente fuera. Sendas derrotas en sus dos actuaciones le mandan para casa. A Mohamed Salah apenas le queda el consuelo de haber inaugurado su cuenta gracias a un penalti que él mismo provocó. Visto y no visto para el escogido mejor futbolista de la Premier, escaso argumento para frenar el entusiasmo, laboriosidad y pegada de los rusos.

Stanislav Cherchesov ha obrado un pequeño milagro del que ahora disfruta una afición que estaba de uñas. El nivel de Rusia en los amistosos previos a la gran cita no fomentaba la ilusión precisamente, pero el hombre ha acertado a introducir una serie de retoques para desmarcarse de la decadente dinámica en que estaba sumida. A última hora, para borrar decepciones y subsanar bajas de piezas relevantes, ha variado el dibujo y reclutado para la causa a hombres que no figuraban en su plan original. Medidas de urgencia que le han permitido cantar bingo. Ocho goles, solo uno encajado y, sobre todo, una sensación de poderío inimaginable solo unos días atrás. Las serias dudas que planeaban sobre un combinado desaparecido de la primera escena durante demasiados años han sido despejadas en 180 minutos de ensueño.

Ayer Cherchesov repitió alineación, incluyendo a Cheryshev, que entró por lesión de un compañero en la jornada inaugural, salvo en punta, donde colocó a Dzyuba, un gigante imparable que debía ser el destinatario final del fútbol ágil y elaborado que practican sus compañeros. Dzyuba era el encargado de saltar los candados que Héctor Cúper dispone en torno a su área y ejecutó su función de manera sobresaliente. Provocó el primer gol y firmó el tercero, el de la sentencia para Egipto, que resistió con dignidad hasta el descanso y fue arrollado en el primer cuarto de hora de la reanudación.

El ariete local contó con un suministro constante, propiciado por un centro del campo poderosísimo formado por dos peones que barrieron sin desmayo y tres estiletes muy móviles, que cambiaban posiciones para desconcertar a los africanos, superados por un ritmo trepidante. El tercer factor que propulsó la ofensiva de Rusia fueron los laterales, más Fernández que Zhirkov, siempre prestos para profundizar.

ambiciónCrecida por la goleada que abrió el torneo, Rusia salió ambiciosa, quería certificar por la vía rápida su acceso a los octavos, meta pendiente desde México 86, nada más y nada menos. No tuvo enfrente una perita en dulce del estilo de la cándida Arabia Saudí, sin embargo invirtió tal tesón que acabó regodeándose en su propuesta. El temor a que Salah se saltase el guión se desvaneció pronto. Un mes en la enfermería constituye un peaje excesivo y aunque tuvo un par de remates, nunca pudo desequilibrar. Uno contra once es desproporcionado siempre. Si encima los once muerden, dan sentido a sus maniobras y corren persuadidos de que están ante la oportunidad de sus vidas…

El correcto quehacer de Egipto, que reúne a un puñado de jugadores interesantes, se reveló insuficiente ante el ardor de una Rusia que se lo ha creído y no va a parar mientras pueda desplegar su generosidad. Por momentos, bordó el fútbol, generó llegadas por cualquier zona del terreno, combinó el oficio de los más curtidos, léase Samedov, Zhirkov o Gazinsky, con la alegría imparable de Zobnin y Golovin, para desembocar todo el caudal en la humanidad de un Dzyuba con el que nadie contaba en su país y que, como hiciera en los minutos que le otorgaron ante Arabia, aprovechó cada durísima disputa con dos centrales tan grandes como él para facilitar el despliegue y crear enormes dificultades en una zaga que no halló respiro en los noventa minutos.

Liquidado el duelo a falta de media hora, Cúper echó el resto en ataque. En vano. El tanto de Salah no alteró a Rusia, que eligió contemporizar y lanzar contras, el plan lógico que también supo desarrollar a costa de incrementar la impotencia egipcia. Nada que reprocharle a Egipto, simplemente esta Rusia es un enemigo fuera de su alcance. Todo le sale bien, hasta brilla Cheryshev, el último en sumarse al proyecto, que ya acumula tres goles.

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