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En campo hostil

Sánchez, con su estreno en el Senado, y Soraya Sáenz de Santamaría, en la búsqueda de la presidencia del PP, se la juegan en casa del enemigo

Juan Mari Gastaca - Martes, 19 de Junio de 2018 - Actualizado a las 20:13h

columnista juan mari gastaca

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Apenas había abierto la boca Pedro Sánchez para explicar cómo quiere alargar la legislatura hasta 2020 cuando un sonoro estruendo de pitos y voceríos varios tomaron el Senado desde la bancada mayoritaria del PP.

Una andanada descortés que mereció varios llamamientos sin éxito a la buena educación y que rezumaban una desconsolada mezcla de rabia, displicencia y revanchismo. La viva demostración de que el Gobierno de la moción de censura lo tendrá muy difícil en el juego parlamentario, pero en la Cámara Alta le resultará imposible de digerir. Le espera un campo demasiado hostil que no le dará un sorbo de agua.

A Soraya Sáenz de Santamaría le va a ocurrir lo mismo cuando quiera adentrarse pertrechada con casco en el territorio de los favores de Dolores de Cospedal para pelear por el relevo de su protector Mariano Rajoy. La primavera augura un verano de alto voltaje político. En los pasillos del Congreso, pocos minutos después de que su enemiga diera voz a los presagios de su candidatura, la exvicepresidenta comentaba distendida a un par de diputados que “esto de la política tiene algo que te engancha”. Lo hacía bajo el golpe de adrenalina de las llamadas interminables al móvil, de las peticiones encadenadas de entrevistas y de los deseos diplomáticos de suerte hasta de sus enemigos de siempre. Pero le espera un camino de espinas mientras las encuestas encumbran sus posibilidades sobre todo ante el símbolo del continuismo y del pago en diferido a Luis Bárcenas de su rival. Que no se engañe. Cospedal domina todos los resortes del partido donde se cuentan por decenas los favores pendientes de devolver.

Otra cosa bien distinta es que se los acaben pagando porque crean que así acercarían un poco más a su partido hacia el abismo. En las primeras horas del mazazo que ha supuesto el mutis por el foro de Núñez Feijóo por el miedo aterrador a verse implicado en noticias incómodas, no hay cargo institucional del PP que se moje por las dos candidatas más carismáticas. Diputados y senadores populares lamentan que se ha llegado a la peor situación imaginable y cuando miran alrededor sólo ven meigas. Al PNV se la tienen jurada como lo demostraron en el transcurso de la didáctica reflexión de Jokin Bildarratz pidiendo un Pacto de Estado sobre los refugiados que no excluya ninguna idea. Al Gobierno socialista sencillamente no lo reconocen porque dicen que no ha surgido de las urnas y tampoco les interesa leer las vías que contempla la Constitución para llegar al poder.

Y de Pedro Sánchez desconfían tanto que asocian cada una de sus palabras con un engaño. Las preguntas de la oposición van a ser un potro de torturas para el presidente y sus ministros aunque el Gobierno ya cuenta con ello y anuncia que no piensa arrendarse. Ni siquiera lo hizo el juez Marlaska cuando tuvo que sortear por primera vez que desde el PP se asociara el voto vasco a la moción de censura con la contrapartida del final de la dispersión de los presos de ETA.

El ministro del Interior, tan bien valorado con la toga encima por quienes ahora le censuran, demostró de entrada que la etapa de su antecesor es historia y que el alarmismo no es el mejor camino. Soraya tampoco se va a arrugar. Asistida de la mejor información sobre el quo is quo en el Estado, puede resultar temible con el ventilador en marcha y por ahí la atracción de sus incondicionales que ven en ella a una persona sin mancha en el pecado de la corrupción del PP.

Cospedal cree jugar con el viento a favor en medio de un avispero que asegura, sin duda, el fundado riesgo de una lacerante división por la personalidad antagónica de dos rivales que se odian personalmente y con unas ganas infinitas de saldar cuentas pendientes.

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