Le mans

Alonso puede soñar con la triple corona

EL ASTURIANO, FORMANDO EQUIPO CON Buemi y Nakajima al volante del monoplaza toyota, se proclama campeón de las 24 horas de Le Mans

E. Oyarzabal - Lunes, 18 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Kazuki Nakajima, Fernando Alonso y Sebastian Buemi celebran su victoria en Le Mans.Foto: Afp

Kazuki Nakajima, Fernando Alonso y Sebastian Buemi celebran su victoria en Le Mans.Foto: Afp

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Kazuki Nakajima, Fernando Alonso y Sebastian Buemi celebran su victoria en Le Mans.Foto: Afp

bilbao- Fernando Alonso expuso abiertamente sus ideales de futuro en 2017, cuando confirmó su concurso en las 500 Millas de Indianápolis. Entonces eran cábalas, sueños de alcoba, sin fundamento aún más que la expresión verbal: “Si quieres ser el mejor piloto del mundo, tienes dos opciones: ganar ocho mundiales de Fórmula 1 -uno más que Michael Schumacher-, algo improbable a mi edad, o compites al más alto nivel en todas las disciplinas del automovilismo”. Quien no sueña, no triunfa. El paso previo al éxito es la visualización del mismo. Si algo bueno posee el asturiano a sus 36 plomizos años es que piensa como lo hace un bisoño. Es su filosofía para que sobreviva su ilusión, su pasión por las carreras, y sujeta así su competitividad.

“Hace 4 o 5 años empecé a pensar en cómo crecer como piloto y ser más completo. Para ello, debes ganar las mejores carreras del mundo, las más prestigiosas: F-1, Indy, Le Mans, la prestigiosa Triple Corona. Es un reto muy ambicioso porque solo un piloto ha tenido ese éxito”, prosiguió, como soñando despierto, pero ante los micrófonos del mundo.

La Triple Corona del automovilismo no existe oficialmente, pero el término se acuña para dar nombre a la gesta de Graham Hill (1929-1975), el único piloto que ha ganado el Gran Premio de Mónaco de F-1 -hoy en día este logro es reemplazable por el Campeonato del Mundo de F-1 para configurar la Triple Corona-, las 500 Millas de Indianápolis y las 24 Horas de Le Mans, las tres carreras más afamadas del automovilismo. El británico se distinguió en 1972.

Fernando Alonso, con dos grandes premios de Mónaco y dos títulos mundiales de F-1 en su haber, está a falta de conquistar las 500 Millas de Indianápolis para emular a Hill, puesto que este fin de semana ha dado otro de los pasos que contempló en ese proceso de persecución del engrandecimiento como piloto. Ha ganado las 24 Horas de Le Mans. Un logro que compartió con sus compañeros de monoplaza, un Toyota TS050 Hybrid de la categoría LMP1: el japonés Kazuki Nakajima y el suizo Sebastian Buemi.

Competía frente a otros siete bólidos LMP1, la máxima división de la prueba francesa. Pero el rival más notable era el otro Toyota en pista. Juntos conformaban el único equipo de fábrica;el resto de participantes eran equipos privados. Así, los dos Toyota, uno con el dorsal 8 (Alonso, Nakajima y Buemi) y el otro con el 7 (el británico Mike Conway, el argentino Pechito López y el japonés Kamui Kobayashi), se alternaron en la cabeza de la carrera.

Superadas las nueve horas, de pronto el coche número 7, con Conway a los mandos, comenzó a marcar diferencias. Endosó más de medio minuto a su directo rival. Además, para ahondar la brecha Buemi recibía una sanción para el coche 8 por rebasar los límites de velocidad en una zona lenta. La pena, un minuto detenido en el box, lo que sumado al tiempo perdido al realizar el pit-stop hizo que el reloj ascendiera a los 2:20, el mayor margen de ventaja para uno de los dos bólidos Toyota, el que pilotaban el sólido trío Conway-Kobayashi-López. Un abismo por superar para el equipo de Alonso.

alonso marca la diferenciaA eso de las 1:30 horas, el asturiano era el protagonista del siguiente relevo, un stint nocturno de 43 vueltas a la pista de La Sarthe, con 13.626 metros de recorrido. En este espacio de tiempo y distancia, Alonso recuperó a Conway y Pechito López, a ambos como equipo, el total de 96 segundos (2,2 por vuelta). Cuando decaían las opciones del coche 8, Alonso, que apenas rodó unos minutos en las jornadas previas en condiciones nocturnas, estableció cronos de entre 3:19 y 3:21 por vuelta que desangraron la ventaja de su oposición al triunfo. El ritmo de Alonso fue superior al que firmaron en el amanecer los demás pilotos que montaron el Toyota LMP1. Al excelente trabajo de Alonso se sumó el de Nakajima, que redujo la diferencia y se cobró la primera plaza en Le Mans, la que retuvo el coche 8 hasta el desenlace para ganar con 2 vueltas de margen, decaído su rival. El japonés tenía una deuda pendiente con la carrera, que en 2016 vio cómo su coche se detenía a una vuelta del final cuando lideraba con Toyota, marca que también se sacudió la desgracia, quizá la más sonada de la historia del certamen.

De este modo, un coche de fabricación no alemana volvió a reinar en Le Mans, lo que no sucedía desde 2009, precisamente cuando ganó Marc Gené, el único piloto español campeón hasta el alzamiento de Alonso, quien solapó esta victoria, segunda en el Mundial de Resistencia, a la conseguida en la cita inaugural, las 6 Horas de Spa. “La Triple Corona sigue siendo un objetivo atractivo”, dijo Alonso, que participó en la Indy pero abandonó por un fallo mecánico. Tiene margen.

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