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El meta de sangre infiel

Vladimir Stojkovic estuvo a punto de ser prendido por una turba de ultras con antorchas al recalar en el Partizan de Belgrado tras haber sido formado en el Estrella Roja

Un reportaje de Igor G. Vico - Domingo, 17 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Vladimir Stojkovic, guardameta titular de la selección de Serbia, descansa tras un entrenamiento en Samara.

Vladimir Stojkovic, guardameta titular de la selección de Serbia, descansa tras un entrenamiento en Samara. (Foto: Afp)

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Vladimir Stojkovic, guardameta titular de la selección de Serbia, descansa tras un entrenamiento en Samara.

aVladimir Stojkovic (Loznica, 1983) se le pasó la vida por delante de sus ojos en un autobús en Génova, Italia. Pudo masticar sus palabras y el poco raciocinio que muchas veces envuelve el fútbol, donde el balón es dueño del destino en el cruce de caminos entre la pasión, la inconsciencia y el espectáculo. Porque la historia del guardameta serbio se mueve entre flashbacks e idas y venidas. Aquel día de 2010, en mitad de la preparación de Serbia para la clasificación para la Eurocopa de 2012, a Stojkovic le salvó la testiculina de Dejan Stankovic y Nikola Zigic, que se pusieron delante de una turba que quería acabar con él con piedras, antorchas y bengalas.

En el retrovisor de la vida del portero serbio, una frase: “No jugaría en el Partizan ni por todo el dinero del mundo. Cuando odias algo, es así de simple. Mi sangre es roja y blanca”. Lo dijo Stojkovic cuando era muy joven, mientras masticaba una carrera en el Estrella Roja de Belgrado. Recaló en el bloque con diez años y se formó en la pródiga cantera del conjunto capitalino. Permaneció en sus filas hasta 2006, trece campañas. Las venas le latían rojiblancas a pesar de haberse fajado en el Leotar Trebinje bosnio y el Zemun serbio para coger experiencia en la élite. El gran salto en el Estrella Roja fue en 2005. Ganó la Liga y la Copa ese curso. Dio un gran nivel. El corazón le bombeaba con éxito en un matrimonio bien avenido, que sabía a gloria. En el verano de 2006 le llamaron desde Francia. El Nantes se hizo con sus servicios. Además, en medio del vino y las rosas, Javier Clemente, seleccionador nacional de Serbia, se fijó en él y le dio las llaves de la meta del equipo tras haber sido el capitán de la sub’21 en la Eurocopa de Portugal. Debutó de la mano del técnico barakaldarra ante la República Checa en agosto.

“No jugaría en el Partizan ni por todo el dinero del mundo. Mi sangre es rojiblanca”, dijo Vladimir Stojkovic en el Estrella Roja

Y el idilio de Stojkovic se fue resquebrajando a raíz de acudir a la llamada gala. No cuajó en Nantes y fue cedido al Vitesse holandés. Fichó por el Sporting de Portugal y tampoco encontró hueco. Una lesión le arrebató la titularidad y dejó el paso libre a Rui Patrício, cuya esposa, sexóloga de profesión, aconseja la masturbación a la selección portuguesa.

El serbio fue prestado a Getafe y Wigan sin demasiado brillo, pero en 2010 le vino la vuelta y se le transformó el sistema circulatorio del technicolor al blanco y negro. En otra cesión, Stojkovic regresó a casa, a Belgrado, pero se confundió de puerta y tocó el timbre a unos cientos de metros del Estadio Rajko Mitic. Y donde dije digo… Acabó en el Partizan y se removieron los cimientos de los vecinos. La infidelidad se tradujo en cataratas de críticas y un odio cerval al traidor por parte de la afición organizada del Estrella Roja, la Celije -héroes, en serbio-, más acostumbrada al palo que a la zanahoria. El portero se erigió protagonista en medio del Derbi Eterno entre los vecinos y echó más leña al fuego del infierno de Belgrado, que ellos mismos califican como Hellgrade -unión de hell, infierno en inglés, y Belgrade-.

“estaban buscándome”Y llegó el incendio en poco tiempo. En Italia, en un partido para aspirar a entrar en la Eurocopa de 2012, los aficionados del Estrella Roja, que no se andan con chiquitas, destrozaron el autobús por las dos partes y entraron con bengalas y teas ardiendo. “Mis compañeros de equipo me dijeron que aguantara en el centro del autobús, pero de algún modo fueron capaces de romper la puerta para entrar. Estaban buscándome con antorchas en sus manos en medio de un muro de humo. Entonces, mis compañeros me salvaron. Dejan Stankovic saltó delante de mí y Nikola Zigic, detrás de él. La cuestión es que los hinchas les respetan. Son leyendas del Estrella Roja. Y así acabó todo. Pero uno de ellos estuvo a unos centímetros de llegar a mí”, cuenta Stojkovic. La intención de la Celije era que no volviera con Serbia. Los aficionados balcánicos sembraron el terror en el Estadio Luigi Ferraris y el árbitro Craig Thompson tuvo que suspender el partido. Hubo 16 heridos y 17 hinchas fueron detenidos. Entre ellos, Ivan Bogdanov, jefe de la facción ultra Tigres de Arkan. “Ellos pensaban que no volvería a jugar nunca, pero después de aquello estaba más decidido que nunca a demostrar que estaban equivocados. Fue entonces cuando la camiseta me vino a la cabeza”, dice el meta. Dos semanas después, en el derbi de Belgrado, caliente la grada, acabó el encuentro mostrando un lema en el pecho: “Por favor, disculpad mi asqueroso pasado”. Fue algo que dolió aún más al Estrella Roja. Stojkovic reconoció que no quería “provocar”. Así, estuvo tres campañas más en casa del vecino y en 2013 fue votado como el jugador del año del equipo.

En enero de 2014 emigró al Ergópolis griego. Ese mismo verano firmó tres años por el Maccabi Haifa y en 2016 acabó en el Nottingham Forest. El curso pasado volvió a casa, al Partizan, y acabó siendo el mejor futbolista serbio del año. El meta con más capitanías en la historia de Serbia debuta hoy ante Costa Rica. Lo tiene claro: “El portero juega contra los otros veinte jugadores. Los palos son sus únicos amigos. Nadie protege tu espalda. Nadie salvo los postes”. A los 34 años está vacunado contra cualquier cosa.

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