El crecimiento de Boise desde la perspectiva vasca

Por Imanol Galdos - Viernes, 8 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Boise no es un caso aislado. Al igual que muchas de las ciudades del mundo, el debate sobre los beneficios y perjuicios que trae el crecimiento ocupa la agenda política y social de la ciudad. El fenómeno está suscitando asimismo el interés nacional y en este contexto hay que situar los incontables artículos y análisis que está mereciendo una ciudad que de no ser excesivamente considerada hoy lidera todas las clasificaciones. Para el lector que no conoce de cerca lo que hoy significa Boise, valga como dato que desde el año 1970 pasó de tener una población de 74.990 a 144.665 en 1990 y de ahí a los 218.677 de 2016. Donostia contaba en 1970 con 165.829. En 1990 pasó a tener 183.944. Desde entonces hasta 2016, el crecimiento ha sido modesto, 186.377 en 2016. Si tenemos en cuenta el periodo que transcurre entre 1990 y 2016 supone un incremento de un 35%, un 10% superior a la media nacional. Como ocurre en otros asuntos, sin embargo, en ocasiones la percepción no concuerda siempre con los datos objetivos de la realidad. En este sentido, los datos hablan de un crecimiento superior en la década de los noventa que en la actualidad y, segundo elemento, el crecimiento es sensiblemente superior en Ada County y en Canyon que en la propia ciudad. Pero más allá de los matices no cabe duda que nos encontramos ante un fenómeno incuestionable. No es ningún secreto que Boise hoy es de las ciudades estadounidenses que más está creciendo. Desde la perspectiva de la presencia vasca en el exterior, no cabe duda que representa una de las referencias más relevantes. Cuenta, además, con el añadido de que la ciudad está liderada por Dave Bieter, quien se ha convertido en una de las señas de identidad más notables del universo político vasco y que cuenta con la estima, el respeto y el entusiasmo de aquellos y aquellas que desde Euskadi se muestran orgullosos de contar con un embajador tan relevante. Precisamente, es el alcalde quien sin titubeos defiende el crecimiento de la ciudad que lidera desde hace más de catorce años. En una reciente reunión pública celebrada en el barrio de Ustick y tras las intervenciones de más de una veintena de vecinos y vecinas, que mostraron su crítica y preocupación con la dimensión que ha tomado el crecimiento, con contundencia defendió las virtudes y las ventajas que ha traído el crecimiento de la ciudad. Recordaba los años en los que se comparaba el downtown de Boise con el downtown de Beirut y aquella camiseta en la que se leía “Boise at night” debajo de un gran rectángulo negro. Nadie en Boise añora aquellos tiempos. Hoy, el crecimiento, y la lista sería interminable, ha posibilitado que cuente con un downtown vibrante, con una apuesta decidida por las terrazas, ha posibilitado que atraiga y siga atrayendo a tantas personas en busca de un proyecto de vida nuevo, ha posibilitado que en la línea de las ciudades más cosmopolitas del mundo la diversidad sea parte de su atractivo. Sin el crecimiento seguiría siendo una ciudad anodina e insignificante. La ciudad apostó por superar la zona de confort y el resultado es evidente. Evidentemente, tampoco el alcalde es ajeno a las consecuencias negativas que todo proceso de crecimiento trae consigo. Se ha disparado el precio de la vivienda, el tráfico empieza a ser un problema en la línea de las grandes ciudades, el transporte público sigue siendo una asignatura pendiente y, también un fenómeno universal, la crispación o el malestar empieza a tomar cuerpo en algunos sectores de la ciudad. En coincidencia con lo que está pasando en muchas ciudades y países del mundo, la oposición al cambio, a las nuevas propuestas (estadio de béisbol en Boise o al metro en Donostia) está al unísono protagonizada por los milenios y los baby-boomers, pero ello requeriría otro análisis que por razones de espacio no se incluirá en este artículo.

La fotografía actual de Boise nos sirve para reflexionar sobre el momento que vive Euskadi en la actualidad. Euskadi hoy es un modelo de éxito en el mundo. El nivel de sus empresas, sus infraestructuras, el modelo de normalización lingüística, tantos hitos que nos debería llenar de orgullo. Todavía con muchos retos por delante, pero explicar a la comunidad bosnia de Boise, o en Copenhage, en Bitola, en Leewardeen o La Valetta que nuestras hijas e hijos estudian Derecho o Biología en euskera suscita la admiración general. Euskadi, al igual que Boise, hace más de cincuenta años apostó por crecer, por superar la zona de confort, por superar las dificultades del momento. Hoy, al contrario que Boise, Euskadi vive un momento de transición, a la búsqueda de una nueva narrativa que sirva para encarar las siguientes cinco décadas. Diríase que predomina el cansancio, lógico tras la dureza de los años vividos, de fuerte fractura social. Pero incluso en un clima difícil hemos sido capaces de levantar un país y situarlo en posiciones de vanguardia.

En este contexto, la dirección que adoptemos va a ser determinante y nos vamos a jugar el futuro en los próximos años. Boise, con una población con una media de edad de 35 años está garantizando los cimientos del futuro. Euskadi, con una de las tasas de natalidad más bajas de Europa, tiene en Boise un modelo sugerente. Se hace difícil explicar en Boise la oposición que existe en Donostia a la instalación de las terrazas, a la llegada de turistas. Boise está a la búsqueda de turistas. Boise ha integrado a californianos, argentinos, congoleños, bosnios y ucranianos en un proyecto común que configura un elemento esencial de su atractivo y de su crecimiento. Euskadi, país acogedor, por circunstancias diversas queda lejos de la diversidad de Boise. Posiblemente, el futuro de Euskadi pasa por acercarse a ese modelo.

En Euskadi se ha alabado el coraje y la determinación que ha mostrado Dave Bieter en su compromiso con Euskadi. En este contexto, creo que también es justo y necesario conocer el modelo que está liderando y que ha llevado a su ciudad a los niveles actuales. Partiendo del respeto a cada una de las visiones, en ocasiones opuestas en sí, el alcalde de Boise insiste reiteradamente que la alternativa al crecimiento es la desaparición lenta. Sin su ambición y liderazgo Boise no hubiese dado el salto que ha dado. Con equivocaciones y errores, sin duda, pero con su liderazgo Bieter ha demostrado que el modelo de crecimiento de Boise muestra muchísimos más aspectos positivos que negativos. La peor cara que pueda mostrar la política es aquella que como resultado de la búsqueda de equilibrios imposibles deje de tomar decisiones.

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